Recuerdo de Iturralde y Suit en el centenario de su muerte


JUAN de Iturralde y Suit nació en Pamplona el día 23 de octubre de 1840 y murió en Barcelona el 17 de agosto de 1909.

No es digna mi pluma para glosar siquiera unos instantes de la vida de este navarro, amigo de Campión y de Olóriz, mas me obliga a ello mi compromiso conmigo mismo, la gratitud que siento al participar de ese amor que él sintió por Navarra y que supo plasmar en pinceladas inigualables, tintando las almas con su mismo sentimiento.

Para conocer, aunque someramente, la personalidad de este hombre, bastaría conocer, como botón de muestra, la siguiente anécdota. Un día, la Comisión de Propaganda de la Biblioteca Católica le escribió para decirle que quería publicar en La Avalancha su retrato y biografía. Iturralde contestará al Pbro. don Ángel Ciriano de esta manera: «Cuando recuerdo el homenaje de admiración que nuestra tierra debe a tantos varones insignes de pasados tiempos, ¿cómo puedo yo autorizar que en cambio se ensalce públicamente mi pobre personalidad? Si así lo hiciera, no sería digno ni honrado».

Éste era el talante de Juan Iturralde, el periodista que escribió este artículo, el poeta que soñó aquella leyenda, el erudito que descubrió un arcano, el humorista que clavó su flecha de oro sobre una tendencia mala o una actitud ridícula. Que todo lo hizo y lo hizo bien.

Su amigo Arturo Campión, de quien extracto estas líneas, diría de él que «la concordancia entre el talento, el carácter y la vida pública y privada de Juan fue tan íntima, que sus actos merecen el nombre de espejos donde se pinta la imagen cabal suya: armonioso y envidiable conjunto de inteligencia, sensibilidad vibrante, imaginación constructiva, fantasía soñadora y pintoresca, corazón vehemente, ingenio festivo, espíritu observador, sagaz y paciente».

Es posible que su larga residencia en París abriera un surco luminoso en su espíritu. Allí desplegó su buen gusto, allí recibió el beso del romanticismo y fue romántico hasta la muerte.

Batallador diario que, sin pelos en la lengua ni miramientos a debilitantes convencionalismos, gastaba en defensa de Dios y Fueros una combatividad enorme. Fija la memoria en la campaña inicua de El Imparcial y en su bárbara Delenda est Carthago contra el régimen foral (1875-1876), experimentando tal indignación que escribió su famoso artículo titulado Las santas misiones de El Imparcial, que vio la luz pública en las columnas de Eco de Navarra y fue inmediatamente reproducido por el Diario de Barcelona (8.11.1878). A juicio de Mañé y Flaquer, este artículo confería a Iturralde el derecho de codearse con los primeros periodistas del Estado.

Llamó a la lengua vasca, por la que tanto luchó, «princesa cenicienta, víctima de incohonestable desvío, a la misteriosa y bella y vetustísima lengua, reliquia viva y monumento insigne de las edades prehistóricas».

A finales de 1877 reunió en su casa a unas cuantas personas entre las que se encontraban Arturo Campión, Esteban Obanos, Nicasio de Landa, Aniceto Lagarde, Florencio Ansoleaga, Antero Irazoqui, Fermín Iñarra, Salvador Echaide, Estanislao de Aranzadi y Hermilio de Olóriz. De aquel racimo de personalidades nacería el 6 de enero de 1878 la asociación Euskara.

Escribió Iturralde numerosos cuentos y leyendas, entre otros El Organillero loco , que lo sitúa en las ruinas del monasterio de Iranzu, en el que llora la desidia de Navarra ante sus monumentos semiderruidos; El Espíritu de Navarra , que lo hace vivir en lo alto de una montaña entre ciclópeas rocas y nieves perpetuas. O La batalla de los muertos , en la que evoca la victoria de los vascones en Roncesvalles. Todos ellos llenos de ternura, volcando su alma, haciendo una llamada a la conciencia de los navarros.

Uno de sus sueños más queridos fue comprar las ruinas del castillo de Amaiur para convertirlo en museo de la lealtad navarra en homenaje a los Jaime Vélaz de Medrano, Juan de Jaso (padre de San Francisco Javier) y otros que supieron mantener enhiesta la gloriosa enseña de Navarra.

Fue descubridor en las montañas de Navarra de trece dólmenes y un menhir con inscripción ógmica -al parecer-, de los que realizó dibujos a pluma y excelentes acuarelas.

Fue académico correspondiente de San Fernando el 29 de enero de 1866 y de la Historia el 22 de febrero de 1884. Formó parte de la comisión de Monumentos de Navarra desde el 21 de abril de 1866.

Formó parte del reducido escuadrón de artistas e intelectuales que no corrompen ni envilecen a su pueblo. Y como dice Arturo Campión, «escribió como maestro, vivió como caballero y murió como cristiano».

Dejó escrita una máxima que a mí me gusta reproducir siempre que puedo: Pueblo que a sí mismo se ignora, casi es cual no existiera .

Publicado por Nabarraldek argitaratua