Sinceramente, no me veo capaz de trazar un análisis con conclusiones claras de la situación en que se ha metido la representación institucional del independentismo. Quizás por deformación profesional, tengo más preguntas que respuestas. No pensaba que se llegaría a esta situación de desempate imposible. Quizás habrá una fórmula mágica que deshaga el lío, pero cuesta mucho adivinar cuál puede ser. ¿Me permiten que piense en voz alta?
-Juntos por el Sí no puede obligar a la CUP a votar la investidura de Mas. Y la CUP no puede obligar a Juntos por el Sí a retirar su candidato. La poderosa razón de la CUP para no investir a Mas -aseguró en campaña que no lo haría- es igual de poderosa para Juntos por el Sí -aseguró en campaña que el presidente sería Mas. La diferencia es tan sólo de 1.290.920 votos.
-Si no hay acuerdo, habrá nuevas elecciones en marzo. Una vez agotado el tiempo previsto para formar gobierno, la convocatoria electoral es obligada. Soy de la opinión de que hay mucho que perder y muy poco que ganar en unas nuevas elecciones. No sé cuál será el baile de escaños ni quién será el más castigado. Tan sólo estoy convencido de que el independentismo perderá en votos, en credibilidad y en confianza.
-Si se hacen nuevas elecciones y el reparto de los diputados produce una situación como la actual, ¿quién asegura que no habrá que hacer una tercera convocatoria de elecciones al poco? ¿La CUP ya no hará la promesa electoral de no investir a Mas? ¿Juntos por el Sí ya no dirá quién es su candidato? ¿Se repetirán las listas tal como se hicieron el 27-S? ¿Irá alguien a los actos de la campaña?
-En medio de todo este follón lamentable, hay unas elecciones españolas. La CUP no va. CDC y ERC se presentan separadas. La tentación de los nacionalistas españoles de convertirlas en una segunda vuelta será muy grande. La ANC y Òmnium no se pronuncian sobre lo que habrá que hacer. Ya hay mucha gente que ha hecho la desconexión mental con España. Sería bueno que los independentistas que presentan candidatura explicaran bien qué se irá a hacer en Madrid.
-La jugada de aprobar la declaración propuesta por Juntos por el Sí y la CUP antes de la investidura iba destinada teóricamente a facilitar el entendimiento sobre esta segunda cuestión. Si fuera así, no habría ningún problema. Sin embargo, la declaración puede precipitar muchos pasos que se tenían que hacer en esta legislatura. Si se aprueba sin haber creado un gobierno fuerte y nítidamente independentista, no veo claro que tenga las de ganar. Quien piense que el proceso se puede precipitar sin un gobierno fuerte que se haga cargo del mandato democrático del 27-S, se ha vuelto loco. La política catalana entrará a partir del lunes en un periodo de mucha dureza. ¿Se podrá encarar el embate de España con un gobierno en funciones sin mandato democrático?
-He escuchado trescientas mil veces que el ‘quién’ no es lo importante, sino el ‘qué’. Pero no hay nada más falso. El qué, el cómo, el cuándo y el porqué son muy importantes, pero el quién puede ser decisivo. Porque la política no es una actividad mecánica ni alejada de los mecanismos psicológicos más elementales. La confianza en un político con cara, ojos, nombre y apellidos puede ser decisiva a la hora de construir una mayoría favorable a un determinado proyecto. Quién encabece el proceso desde la figura institucional de la presidencia del país no es un debate menor ni secundario. Y me cuesta entender que haya alguien que defienda que la presidencia se tiene que negociar a puerta cerrada y sin tener en cuenta el concurso de la ciudadanía. ¿De verdad que alguien quiere que la presidencia se decida en una sala de reuniones y no según lo que han expresado las urnas? No me cuadra nada.
-una vez más constato que el peor adversario de los independentistas son los mismos independentistas. ¿Por qué se debe hacer fácil si se puede hacer difícil? Este debería ser el lema del Once de Septiembre del año próximo. Me había hecho ilusiones de pensar que en la fiesta del año que viene ya no habría que hacer ningún show, pero…
Hasta ahora he repetido a todo el que me lo preguntaba que, una vez más, se encontraría una solución innovadora para salir del agujero. Ya no estoy seguro. Quizás haya que resignarse a unas nuevas elecciones. Quizás haya que hacer ver que no pasa nada y que ya saldremos adelante. Pero sería bueno no tentar siempre la suerte porque algún día dirá que ya basta. O, dicho de otro modo: quien juega con fuego se puede quemar.
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