“Quien bien te quiere, te hará llorar”… Es éste latiguillo de la vieja pedagogía, que oímos con mucha frecuencia quienes nos educamos en el nacional-catolicismo. Pretendía la justificación de una educación represiva, siempre dispuesta al castigo. En la actualidad los dueños de la Economía han hallado su equivalente en la necesidad de crear empleo mediante la imperiosa reforma laboral. Reforma laboral no puede significar –de acuerdo con sus planteamientos- sino facilidades del empresario para disminuir sus costes laborales, mediante despidos baratos e incremento de las medidas de precariedad en el empleo.
Si no bastasen las más evidentes que presumibles razones de Rajoy, se ha visto llegar a cualificados personajes hasta quien en unas horas será presidente del Gobierno español; de la Casa Blanca de Washington, F.M.I., por no decir nada de la representación empresarial española. Todos pidiendo la rapidez en una toma de decisiones, reafirmando de esta manera la convicción del nuevo gestor de la administración. Quizás no deba concluirse que España sea vista como banco de pruebas que extrapolar a Europa. Las condiciones de desbarajuste en que se ha desarrollado el proceso de modernización español, hacen de este territorio un lugar fácil para intervenir en la dirección que interesa al Sistema económico vigente en el Mundo actual. La industrialización no deja de ser un hecho todavía reciente en España, del que han sido testigos generaciones actuales. La manera atropellada en que se realizó durante el gobierno de Franco, de la mano de un sistema político obtuso, con sus raíces hundidas en el autoritarismo histórico más negro y representativo de la idiosincrasia española, dio paso a una economía de relativas grandes dimensiones, pero que no superó las desajustadas estructuras previas.
El periodo que siguió a la industrialización, además de ocultar en lo político el carácter del viejo régimen franquista, también conservó las estructuras en el orden económico. Se explican los tiempos que le acompañaron de especulación y enriquecimiento fácil, el despilfarro y corrupción a todos los niveles. Si hay alguien responsable del desbarajuste español –económico y de otra índole- son los dirigentes económicos y políticos de la llamada transición democrática. Han primado el negocio y beneficio de grupo en perjuicio de la inversión productiva y racional. La insensatez se paga siempre y en el caso español la crisis actual ha evidenciado el malhacer. No obstante, una vez más los responsables intentan hacer recaer sobre los débiles los efectos de su inadecuada gestión.
El P.S.O.E de Rodríguez Zapatero ha disgustado al electorado al aceptar la retracción económica que reclaman los medios financieros internacionales y españoles en la línea de la tradición social-demócrata. Rajoy ha querido jugar al gallego que no se sabe si viene o se va. Ha preferido el silencio en el momento en que la claridad es más insoslayable. Su cautela ha sido inútil, porque los silencios son sobradamente expresivos en la actual situación y más en el contexto de sus escasas palabras. No podrá exorcizar los demonios con esa cautela. Está claro que la reforma laboral se concretará en despidos más baratos, contención de salarios y contratos de miseria. Es cierto que se impone una actuación de fuerte cirugía en materia de economía. Para que esta cirugía sea efectiva debe atacar las partes del cuerpo enfermas, las que han funcionado mal. No ha sido el trabajo el causante de la crisis. Ha sido la especulación de los manipuladores de Capital mediante los bancos y demás instituciones financieras. Ha sido el consumo despilfarrador de los especuladores y sus inadecuadas inversiones, no el consumo de los asalariados, ni el gasto público en atenciones sociales. En un marco social, en el que la corrupción de los fondos públicos y el manejo irresponsable de los depósitos de asalariados son un hecho generalizado y responsabilidad de los dirigentes de instituciones económicas y de la administración, se elige a las víctimas como paganos de los delitos de otros. Si hay dinero –y es incuestionable su abundancia- es obligado que lo saquen quienes lo poseen. Nadie puede atribuirse mejores títulos para su posesión en una economía en la que el trabajo constituye el principal factor de creación de riqueza. El mismo Adam Smith lo reconoce. Los responsables político-económicos españoles, no obstante, van a incidir sobre el instrumento productivo. La previsible evolución de la economía será el aumento del paro -a menos trabajo menor producción,- sin perder de vista la recesión que alargará la crisis y sus secuelas. Es cierto que esta es la dirección que marcan quienes disponen de mayor capacidad de decisión internacionalmente. En todo caso, los responsables españoles en este terreno no necesitan de consejos.
En el momento presente se dejan sentir los efectos de la crisis en la situación precaria a la que han vuelto importantes sectores de la sociedad española. Se describen ya realidades de auténtica hambre y carencia de lo más elemental. Nunca hubiéramos imaginado la posibilidad de volver a situaciones pereclitadas de épocas que se ven como históricas y consideradas irreversibles. A nuestro pesar constatamos nuestra equivocada opinión.
Avanzando por este camino, somos conscientes de lo difícil que resulta hacer previsiones. Con todo, es posible pensar en un escenario de situación límite que de paso a auténticas convulsiones. Hasta el momento la paz social ha sido resultado de la disposición de los económicamente poderosos a satisfacer las aspiraciones materiales de los sectores sociales bajos. Se corren graves riesgos de llegar a momentos álgidos y producirse protestas protagonizadas por quienes sufren las cargas de la recesión económica. Por el momento hemos asistido a la virulencia de las protestas en el sur del Mediterráneo. También se ha comprobado la disposición al enfrentamiento –hasta la pérdida de la vida- de parte de los protagonistas de las protestas. El deterioro de la economía hace más por las revoluciones políticas que las convicciones ideológicas ¿Cuál sería la reacción en los medios sociales españoles de alcanzar ese deterioro los niveles norteafricanos? España no deja de ser un Estado llegado muy recientemente al desarrollo. En la conciencia colectiva se mantienen todavía las imágenes de la conflictividad que ha caracterizado el devenir histórico hasta tiempos recientes. No se puede rechazar categóricamente la posibilidad de que reaparezca esa conflictividad, caso de reproducirse situaciones similares que condicionaron tal conflictividad.
Llegados a este punto los soberanistas navarros tenemos derecho a cuestionar que se nos quiera obligar a pagar el malhacer de los españoles. Dejando a un lado las razones que pueden explicar la crisis como resultado de las condiciones económicas internacionales, es obligado afirmar que las peculiaridades españolas condicionan el aspecto concreto que presenta la crisis en España. los desajustes de la economía española se encuentran profundamente condicionados y marcados por los vicios históricos que siguen impregnando el sistema político y cultura españoles. Autoritarismo tercermundista, carencia de seriedad colectiva en el trabajo, hija de la prepotencia y desprecio con el que han contemplado el trabajo en general aristócratas y poderosos. Esta actitud se ha hecho extensiva como un valor peculiar al conjunto de la sociedad española: la picaresca no es sino el reflejo de la corrupción de los fuertes en el sistema de valores de los débiles. Uno de los valores primordiales de la cultura española sigue siendo el parasitismo, vicio histórico con el que España gestionó sus imperios y que hoy sigue ejerciendo sobre las ayudas que ha recibido del Exterior y la espoliación de las naciones que conforman ese mismo imperio, basado en Navarra y Cataluña primordialmente.
Los soberanistas navarros somos conscientes de los fuertes condicionantes internacionales que ejercerán su influencia sobre un Estado navarro soberano. A pesar de todo, no deja de ser un hecho generalmente reconocido –incluso dentro de las fronteras del Imperio español- que la organización económica y administrativa de los territorios navarros es la más productiva y eficiente. La vinculación al Imperio español constituye una carga que convierte en inútiles nuestros esfuerzos, en la medida en que los dirigentes españoles no abrigan ningún propósito de modificar su cultura política y de trabajo. Buscan compensar sus deficiencias con nuestro esfuerzo y amenazan con destruir lo que en nuestra actual situación sigue haciéndonos mejores que los españoles, en la medida en que son serios nuestros planteamientos de gestión administrativa y productivos.









