Que no se esconda nadie

La clave es la acción. El itinerario de emancipación nacional de este país no puede llamarse proceso si, al final, no hay una culminación en forma de declaración unilateral. En caso contrario, la cuestión catalana, simplemente, se cronifica como una deformidad molesta -pero asumible- del sistema político español. Este es el escenario deseado por Madrid. El actual régimen político español es totalmente incapaz de solucionar el problema porque la alternativa implicaría un cambio radical de las estructuras económicas, administrativas e incluso simbólicas del Estado. Por eso prefiere que el catalanismo político quede atrapado dando vueltas sobre sí mismo, incapaz de romper el círculo. De ahí que impulsen Ciudadanos, un partido pensado para remendar mayorías y que el sistema continúe perpetuándose, con Podemos como punto de fuga tolerada. La España política ya funciona sin la Cataluña política.

Con este escenario, la sociedad catalana necesita interrogarse a sí misma. Sí o no. Artur Mas y Convergencia deben ser explícitos y eliminar definitivamente todo lo que es y representa Duran Lleida, sin ambigüedades ni matices posibles. Y, desde la izquierda, los candidatos que surjan de la órbita de Ada Colau deben dejar muy claro cuál será su actitud cuando se plantee la insumisión a las leyes de España. Antes de votarles habrá que saber si se añadirán a la declaración o la combatirán. Es inmoral intentar esconderse detrás de utopías internacionales o temores nacionales. Sí o no. Sobre el resto no hay debate porque ERC, PP, PSC, Ciudadanos y la CUP saben perfectamente qué quieren y qué harán.

El 27 de septiembre los ciudadanos afrontaremos una decisión que afectará las vidas de generaciones que aún no han nacido, tanto si el resultado es en un sentido como en otro. O sea que las urnas deben ser más transparentes que nunca. Sí o no.

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