¿Qué clase de explotadores queremos?

Estimulado por la investidura de Ada Colau como alcaldesa de Barcelona, el discurso de la subordinación del proceso catalán a la evolución de la política española vuelve a emprender el vuelo; como se sabe, y a raíz del 15-M, introducir el tema de la autodeterminación en los debates, costó Dios y ayuda. En los discursos de Teresa Forcades o de Albano Dante-Fachín, permanece latente la creencia de que las clases populares catalanas no tienen capacidad por sí solas para llevar adelante un proceso de liberación social y nacional.

Nos dicen que, como serán «manipuladas» por la burguesía -o la «derecha»- catalana para tapar sus intereses de clase, lo que tienen que hacer es «unirse» a las clases populares del Estado para cambiar la situación, para poder decidirlo todo. En una palabra: se les pide que ignoren el país -los países- donde viven -y las condiciones concretas de relaciones de clase y nacionales- para «solidarizarse» con una gente con la que sólo coinciden por ser súbditos del mismo Estado.

¿O es que deberemos ayudar a mejorar las condiciones de reproducción de la burguesía española, sea cual sea su color o mensaje, mientras debemos creer que la catalana es la más perversa, explotadora y corrupta del mundo? ¿Tendremos quizá de ayudar a mejorar las condiciones de vida de las clases populares castellanas mientras nos subordinamos una vez más a la asfixia económica del Estado español? ¿Quién asegura alguna justicia en el reparto de las cargas fiscales por territorios, cuando la mayor parte de la población española seguirá dependiendo de las transferencias del Estado, conseguidas mediante el expolio fiscal? ¿Por qué deberíamos creer que la formación de una nueva clase dirigente española cambiará la naturaleza de fondo de la relación con los Países Catalanes?

Las mentalidades no se cambian de la noche a la mañana; y la mentalidad española en relación con la lengua y la cultura catalanas contiene un trasfondo de exterminio secular. Debilitando, pues, nuestra posición haciendo creer que las clases populares catalanas son incapaces de encabezar la lucha por la independencia, se favorece la posibilidad de que se formen coaliciones españolas entre PP y Ciudadanos, entre PSOE y Ciudadanos, o entre PSOE y Podemos, que serían, en cuanto a la cuestión nacional, más jarabe de estopa. De hecho, las especulaciones sobre referéndums, reformas constitucionales, y derechos a decidirlo todo, son maneras de hacer pasar gato por liebre; y con el pretexto de debatir in eternum la cuestión, mientras esperamos lo que ocurre en España, existe la intención nada oculta de boicotear el proceso bajo la capa de defender los intereses populares contra la burguesía propia… mientras se defiende bajo manga el dominio de un Estado que, con una u otra clase de burguesías, nunca ha dejado de saquearnos.

EL SINGULAR DIGITAL