Por un museo militar de Cataluña

Soy independentista, y creo que la supresión del Museo Militar del castillo de Montjuïc fue un grave error que habría que rectificar lo antes posible. Al margen de catalanismo o españolismo, es una cuestión de historia y de cultura. E incluso de deseo de paz: un pacifista que no quiere saber nada de guerras es como un médico que no quisiera saber nada de enfermedades.

Joan Sales y Raimon Galí, en unas conferencias a un grupo de jóvenes, en casa de Joan Reventós, en la calle de Anglí, nos dieron una visión muy novedosa de nuestra historia contemporánea, que marcó profundamente a todos los que asistimos. Uno de los temas recurrentes era prevenirnos contra el antimilitarismo infantil que había dominado el catalanismo de antes de la guerra. Ellos habían pasado por la Escuela de Guerra de la Generalitat, para convertirse en oficiales de un ejército de Cataluña a las órdenes de Companys, que restableciera el orden en casa y derrotara a los insurrectos. No fue posible este ejército catalán, pero lucharon contra los fascistas en el Ejército Popular de la República. Desde su experiencia, nos decían: «No haga bromita con el ejército español. Respétenlos y les respetarán. «Hay que tener presente el gran cambio que ha experimentado el ejército español, que ahora tiene nivel universitario y, lo más importante, está sometido a la autoridad civil.

Una cierta burguesía catalana ha despreciado a los militares, con la reserva de llamarlos para hacer el trabajo sucio de la represión de los desórdenes. El ejemplo más contundente es el de Cambó. En una ocasión tan crucial como la Asamblea de Parlamentarios del 1917, Cambó, que decía defender la bandera de la regeneración política de España y la autonomía de Cataluña, buscó la alianza con los militares cuarteleros de las Juntas de Defensa y particularmente con aquel personaje de zarzuela que era Benito Márquez, y en cambio rechazó el entendimiento con Macià y lo trató de orate, tal como Cambó mismo confiesa en una de las páginas más lamentables de sus Memorias. Un segundo caso es cuando, para poner fin a los atentados, exigió a Dato que designara gobernador militar de Barcelona el general Severiano Martínez Anido, el hombre de la «ley de fugas». El tercer momento es el apoyo inicial al golpe de estado de Primo de Rivera, también con el propósito de garantizar el orden público. Que luego él y su partido se desmarcaran no quita la responsabilidad de la adhesión primera. La cuarta y suprema opción militar en defensa del orden será con la revuelta de julio de 1936. La opción de Cambó por el bando de los militares es total. En esto, pensaba como Franco: la paz sólo podía venir de la victoria absoluta de quienes se habían sublevado.

Joan Sales y Raimon Galí nos explicaban que, a lo largo de los siglos, la visión que los extranjeros tienen de los catalanes es que somos un pueblo belicoso. Ejemplos históricos lo confirman. Pero aquellos catalanistas pensaban que no servimos para la guerra. Salvadas las diferencias, recordaré que durante cerca de dos mil años los judíos han sido considerados, y se han considerado ellos mismos, como un pueblo muy hábil para los negocios, pero negado para la guerra, y en una sola generación han forjado el mejor ejército del mundo.

Una Cataluña independiente necesitará un ejército, aunque tenga que hacer como el catalán Josep Figueras, que al llegar a presidente de Costa Rica (¡tras ganar una guerra civil!) dijo que suprimía el ejército, pero mantuvo una organización armada con el nombre de Guardia Nacional. No pienso en un ejército para hacer la guerra contra España, ni contra nadie, pero ‘si vis pacem, para bellum’. Era el lema del general francés Liautey para pacificar Marruecos: mostrar la fuerza para no tener que emplearla. Aparte de un ejército propiamente dicho, Cataluña necesitará siempre cuerpos con estructura militar, disciplina y espíritu de servicio, como ‘mossos d’esquadra’, guardias municipales, Cruz Roja, bomberos y agentes forestales.

A finales de los años cuarenta asistí a un macrojuicio contra una cuarentena de miembros de un llamado Ejército Republicano de Liberación. El fiscal sostenía que era una organización armada, penalmente mucho más grave. El defensor decía que no lo era. El fiscal le preguntó si conocía algún ejército que no estuviera armado. El defensor respondió: «Sí. Hay dos: la Cruz Roja y la Compañía de Jesús».

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