Cierto, en momentos convulsos, nos aferramos al terruño, a nuestra Euskalherria engendrada entre ensueños de verdes valles y ariscas montañas.
Malditos románticos, vociferarán, los estructuradores de insurgencias de bufete y otros cenáculos políticos… Olvidadizos, sin duda, de que las ilusiones, en la historia de la humanidad, se han transformado en trances dinámicos y desencadenadores.
Pero que se me entienda, tampoco me transciendo de iluso. No es mi intento en estos tiempos con fisonomía apocalíptica.
Lo que pinta es que los proletarios del mundo pueden ser devorados o engullidos por las siniestras agencias de rating neoyorkinas – siempre el rito bestial del pistolero yanqui- Moody´s, Standard and poor´s, Fitch. para quienes la cultura y el humanismo no pasan de estúpidas filigranas.
EEUU, hoy es, un vertedero “democrático” que inficiona todo cuanto toca. No llamemos democracia a semejante buitrerío.
Porque el gringo, si en algún momento representó a Midas, hoy es directo transmisor de peste y destrucción.
Están los grandes bancos, financieras y la despótica oligarquía, empeñada en reconducir a los pueblos a la esclavitud.
Y en la palestra social, los políticos –exceptuando el grito anatematizado de algunas dignas minorías-, conchabados o sumisos con los inmisericordes tribunos de trilaterales y otros siniestros grupos como el Bilderberg.
¡Y que la mayoría, sorprendentemente, a pesar de su trayectoria social tan anti-ciudadana, permanezcan en el candelero!
Es por lo que uno no se explica, que tipo de síndrome o aborregamiento infecta a los pueblos.
Un cuadro calamitoso y mundial, que perfectamente pudiera estar presidido por la efigie de la justicia. Una efigie, que por fin abre una pupila, brindando un mefistofélico guiño a tan funestos contertulios.
Evidentemente, toda la eficiencia de este contubernio sería pura filfa si no dispusieran de sus fieles mercenarios o si se quiere verdugos. Para que ni una brizna de hierba se agite sin su consentimiento.
Mercenarios: fuerzas armadas, las llaman de seguridad –de la suya-, policías, ertzainas, mossos d´escuadra y otras mil manifestaciones de organismos represivos por todas las latitudes del ancho mundo.
Organismos, pagados con el trabajo del ciudadano, que por su forma de actuar nos sugieren un tipo de espécimen humano, ajeno a todo lo que pueda significar, honestidad, respeto mutuo, buenos sentimientos, etc.
Y es que dan la sensación de que para completar sus curriculums profesionales, el ser un desalmado o quizás un pervertido, o tal vez un rufián perdonavidas, acreciente sus méritos.
Muertes, torturas, robos y confiscaciones, destrucción y humillación de la persona, secuestros de ciudadanos honestos… ¡Vaya profesión!
¿Será que obedecen órdenes contra su voluntad o que el hecho de encontrarse con un arma en sus manos les enloquece? Será… Aunque uno ya debiera saber a que se expone cuando se cuela en semejantes berenjenales…
No va a ser fácil para los pueblos, reclamar cotas de justicia con tamaño monstruo.
Efectivamente, todas estas reflexiones, pueden aburrir de puro manidas. Se que no dejan de ser un mínimo, aunque incompleto reflejo de una realidad, que de alguna forma nos està amargando la supuestamente placidez, del dorado jubileo que tan minuciosamente diseñamos…
Porque uno llegó a creer, y este es el asunto que motiva mis consideraciones, que tras haber conseguido unas elementales cuotas de bonanza, la sociedad del bienestar habría de consolidarse.
Pues no. Nos la están desmontando a marchas forzadas.
Y ya no es el problema de unos pensionistas que de alguna manera, al menos por ahora, unos mejor que otros, procuramos adaptarnos o conformarnos a nuestros estipendios.
Nuestra preocupación al menos la de un servidor, es sentirse responsable de no haber sabido o intentado atar bien los cabos de la “res publica”. Era nuestra obligación, para haber aportado a nuestra descendencia un mundo más justo y habitable.
Ahora, unos rencos, otros adictos al sintrom, o a cualquier otra jodida botica y mas lasos que la chaqueta de un caminero… Como que ya nos sobran las movidas. Pura rémora… Y con esa mala leche que te avinagra el querer ante el no poder hacer… Hartos de maldecir contra este mundo de truhanes…
Hace bien pocos días, sentado en una terraza de Palermo comentaba con un camarero, “ochocientoseurista”, la cruda situación. “Il popolo sta dormito”, me decía no sin una gran dosis de impotencia.
Uno no sabe si de una vez por todas, este inmenso globo de ira explosionará como un vendaval transformador. Si la indignación se quedará en agua de borrajas o si en el peor de los casos, el jinete apocalíptico nos empujará a un nuevo conflicto mundial…
Personalmente tengo más fe en las pequeñas revoluciones o insurgencias, generadas en el ámbito restringido de cada pueblo –ahí está Islandia-, que sin duda incidirán, ejemplarizadoras en contestos similares, más que en las grandes movidas globalizadoras.
No solamente porque –y no tapo el plumero-, porque el hábito movilizador de nuestra Euskalherría, me ofrece bastante más garantías, sino porque creo que la lucha por los recursos y el bienestar en tu terruño, por más concreta y comprometida, implica más profundamente a los seres humanos.
Es el método. Pero que conste que las revoluciones parciales, solo serán eficaces en la medida en que interfieren y se comparten solidariamente con el resto de los pueblos.







