Cuando pasé, el dinosaurio todavía estaba allí. Pero yo no me di cuenta. No lo vi. O sí que lo vi, porque iba caminando mirando hacia delante, pero no me fijé en él. De hecho tropecé con él. Le pedí perdón sin prestarle atención. Me extrañó que no me contestara, ya que creía que la culpa del encontronazo había sido tan mía como suya, por lo que le miré a los ojos con gesto de reprobación. Su torva mirada me recordó a la que Pandiani dedicó a Cristiano Ronaldo. Al ampliar el foco de mi atención de los ojos a toda la cara fue cuando me percaté de que enfrente no tenía a otro viandante normal, ni siquiera a Pandiani, sino a un dinosaurio. Sorprendentemente no me sorprendí. No me sobresalté. Por alguna razón, aquel dinosaurio encajaba perfectamente en aquel punto de la avenida Carlos III, entre los cruces con la calle San Fermín y la calle Tafalla, como si fuese un vecino del Ensanche de toda la vida, como si siempre hubiese estado allí. Creo que precisamente por eso choqué con él. Iba con prisa y pensando en mis cosas, y en esos casos el cerebro repara en lo excepcional y no hace caso de los elementos que juzga más comunes. Pero, ¿cómo era posible que tanto a mi inconsciente como a mi consciente un estegosaurio de ocho metros de largo en pleno Carlos III les pareciera algo normal? En busca de una respuesta, examiné con detenimiento el dinosaurio. No di con la clave hasta fijarme en lo que había tras él. Al lado de la cabeza del animal, se veía la enorme cúpula de el Monumento a Los Caídos o, según la denominación que permanece cincelada en la imponente piedra de su frontispicio cubierta por una endeble placa, el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada. Dentro, en la cripta, disfrutan del descanso eterno con total tranquilidad los sanguinarios golpistas Mola y Sanjurjo. Todo ello en plena plaza del Condado de Rodezno, que continúa denominándose así en mal disimulado homenaje al primer ministro de Justicia franquista y en contra de la voluntad de la mayoría del Pleno del Ayuntamiento y de los 4.300 pamploneses que han firmado el manifiesto del Autobús de la Memoria a favor de la denominación alternativa plaza de la Fuga del Fuerte de Ezkaba-Ezkabako ihesaldia plaza. Navarra prehistórica pura y dura. En ese marco, el estegosaurio colocado por Refena como reclamo de su exposición sobre dinosaurios no desentona lo más mínimo. Cuando pasé, la plaza de Conde de Rodezno todavía estaba allí.








