Leo en la prensa de hoy que algún desnortado afirma que «las víctimas del terrorismo son un referente cívico y un símbolo de la democracia».
Ya se ha repetido demasiadas veces, aunque nunca sean suficientes, que el respeto a la vida y a todos los DDHHCCPP debe estar garantizado para todo el mundo sin ninguna excepción y que son absolutamente rechazables y condenables todas las vulneraciones de los mismos, y con más fuerza las más graves. Pero precisamente por eso tampoco cabe posicionar como símbolo de la democracia, linealmente, a todos cuantos han sufrido o sufren la violencia y el terrorismo, pues en algunos casos se puede o se pudo dar y se dio justamente la antítesis de lo que se proclama, o así era interpretado por quienes de cerca los conocían.
Y es precisamente por el respeto que se les debe a muchas otras víctimas que por sus méritos sí pudieran catalogarse así, hayan sufrido o no el ataque terrorista, que no puede mezclarse ni ensuciarse un colectivo tan honorable con esas, supongo, que involuntarias imprecisiones.
Del mismo modo que tampoco todos los que cayeron de parte de la legal, democrática y desmandada república fueron héroes como ahora lógicamente pretenden algunos para intentar compensar la balanza de lo que de igual modo y en sentido contrario se repitió durante 40 años en iglesias, catedrales y en la historia oficial del sanguinario dictador, refiriéndose a los sublevados golpistas, por muchos gravísimos motivos que se documenten o se pudieran dar para ello.
Nadie puede convertir a un torturador como Melitón Manzanas en símbolo de la democracia por mucho que fuera víctima del terrorismo o porque se reivindique el derecho de todos a la vida y a todos los DHHCCPP y por más que se condene la violencia y el terrorismo, o justa y precisamente por eso mismo.









