Parecen destacables, la insistencia y la frecuencia con la que exigencias de soberanía brotan en múltiples puntos de la escena geopolítica. Quizás los problemas, cada vez más complejos, que debemos tratar desarrollen reflejos de centralización, mundial y/o local, manejables para el gobernante ajeno a aspiraciones democráticas presentadas a menudo, en medio de la indiferencia de la mayoría silenciosa; frente a ellas una creciente «masa» de individuos prefiere que políticas de seguridad, de nervio y músculo, poco pensadas, resuelvan sus problemas, evitando el somnífero habitual. Partidaria de una moral pret a porter, sin perspectivas, y de prácticas religiosas, limitadas a vistosos signos exteriores, esa mayoría es capaz de defender las posiciones más abyectas, como el odio y la venganza contrarios a la deontología religiosa que creen defender. Tal colectivo sobrevive gracias a cómplices de opinión de oficio, poco informadores, que les jalean y les invitan a encapotar el panorama político.
La clase media no movilizable se hace inquisidora y, a menudo, delatora, obteniendo su recompensa cuando la justicia designa un infractor sin pruebas de culpabilidad, si necesario. Así se confirma que los demás, los no declarados culpables son virtuosos. La escritora M. L. Susini desmonta el mecanismo yerro-templanza, con una precisión de relojero suizo, en su muy reciente publicación Elogio de la corrupción ¿Qué pensar de la corruptela que se apoya en la intoxicación por medio de pérfidos dispositivos de comunicación que grupos poderosos intentan concentrar de manera a controlar el aparato político? ¿Qué pensar de la sociedad política, antes dedicada a la defensa de ideologías destinadas a concebir lo mejor para sus representados y que hoy juzga el vocablo ideología con desdén?
La clase de alto poder adquisitivo pasa de eso. Para ella esas especulaciones intelectuales están alojadas en los pisos de abajo donde algunos de sus inquilinos cubren, los insensatos, los mayores defectos; entre ellos se encuentran gente capaz de odio, de empeño de venganza, de egoísmo afirmando «yo soy practicante», ¿Son conscientes que desprecian a su(s) Dios(es) y a su(s) Obra(s)…?
Puestos a odiar religiosamente a sus adversarios aquí y ahora, la pataleta de algunos políticos, debida al último fracaso electoral en territorio vasco autónomo ha generado una alianza objetiva más, no natural. Si conocían y conocemos el pacto a dos bandas, brotan amiguetes embozados a tres bandas. Todo vale en período electoral, pensarán digo yo. Se trata de desacreditar al impostor que ha osado cultivar el jardín político, reservado «a los de siempre», con sus propias flores cuidadas por sus jardineros personales. Aquí no hay ni Dios ni viejas leyes, ni aspiraciones populares, ni laboristas. Nacionalista, o no, el intruso tiene que ser invalidado, sea como sea, por supuesta incapacidad pero en realidad, por ocasionar un riesgo político de fin de hegemonía, tratándose de su declaración de fe soberanista, «porque el artículo 33… y bla, bla, bla».
Para los acusadores ¿cómo se puede perturbar el orden establecido y conservador, alimentado por tradiciones políticas, aunque algunas de ellas estén trasnochadas, apelando a la novedad de la «corriente helenística»? Salta a la palestra, arrebatado, el viejo Catón, senador inquisidor de servicio, que no sabe acabar ninguna intervención sin afirmar «Bildu delenda est».
Las fechas de elecciones exacerban los ánimos, las licitaciones crecen. Uno de los tres vértices de la alianza se siente con una vocación soberanista irresistible que, como en cada cita electoral, alcanza su fecha de caducidad a las cero horas del día siguiente a la fecha del escrutinio. Otro de los vértices denuncia al precedente recordando a los electores que irá a Madrid con menos ínfulas. El tercer vértice parece el más desorientado, no sabiendo a qué santo dirigirse. ¿San Isidro, San Ignacio, San Fermín? Madrid le recordará el catecismo que parece olvidado.
Dos temas contribuyen a la consolidación de los tres vértices. ¿Qué pasa con Pasajes? El ministerio socialista de Fomento dejó comprender que el proyecto del Puerto Exterior de Pasaia le parecía de rentabilidad dudosa y de agresión medio ambiental clara. El PP había expresado las mismas dudas meses antes y parecía únicamente inspirado por la regeneración interna, pero sin Puerto Exterior. El tercer vértice se empeñó en seguir con la idea de Puerto Exterior sin responder a las preguntas que les plantearon sobre los aspectos críticos del proyecto. ¿Quién se ha dado la pena de estudiar las previsiones de necesidades presentes y futuras en materia de transporte transfronterizo para un período por lo menos equivalente a las previsiones de amortización de la mega inversión necesaria? Se trataría de un estudio sistémico que integre las zonas de actividad entre Dax y Bilbo ¿Las contestaciones llegarán al peatón?
Puerto exterior y TAV. Hay que hacerlos «porque lo dijimos antes». Juicio aristotélico donde los hay. Se sabe que por razones de deuda estructural, en varios países se deja de lado el transporte ferroviario a «alta velocidad» para contentarse de la utilización de la red actual adaptada a la «gran velocidad», solución más barata aunque como aquí, la red tenga que adaptarse al ancho europeo.
Saliendo de los ejemplos casi emblemáticos citados, esperemos que Bildu sepa definir claramente sus prioridades en materia de actividad generadora de empleo, y que, por fin, sus políticos hagan sus previsiones de rentabilidad, consultables por los electores, antes de anunciar proyectos por ahora aplazables.
No estamos para cohetes. Primero reducir los déficit previsibles de grandes inversiones de dudosa rentabilidad y al mismo tiempo revigorizar, las cuentas de lo que tenemos en casa, es decir, de las empresas de menos de 200 empleados abandonadas por bancos y cajas demasiado sensibles a los cantos de las sirenas especulativas. Para los otros proyectos, ya veremos cuando los creadores de empresas locales y sus empleados vayan mejor. Un buen gestor determina sus urgencias y asume su decisión.
Si Bildu no llega a adaptarse a esta difícil situación pensaremos que el viejo Catón tenía en parte razón.
En estas situaciones críticas deseamos que las nuevas minorías trabajen junto a las nuevas mayorías con un espíritu solidario, respetando las convicciones de las «ideologías» de cada uno. Los electores juzgarán, a los actores que demuestren haber sabido digerir las recientes mermas de preeminencia y solo se desvelen por el bien de esta parte de Euskal Herria.
Los viejos reflejos politiqueros deben ser destruidos.
Esto ya no es jauja.
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2011/10/23/opinion/colaboracion/mas-civismo-ilustrado-39porfa39









