Hace 25 años cayó el muro de Berlín, en un gesto protagonizado por el pueblo, y a partir de ese momento se derrumbó el régimen y el sistema imperante en el otro lado, tras los ladrillos y los adoquines. Nadie lo había previsto y parecía imposible. Pero cayó. Este 9 de noviembre, también en la misma fecha, el pueblo ha hecho caer otro muro: el del miedo. A pesar de la propaganda vomitiva, la manipulación informativa y la mentira permanente, el pueblo ha derribado el muro que pretendía asustar, neutralizar y disuadir a los catalanes de acudir a las urnas. A pesar de jugar con todas las radios, todas las cadenas de televisión y toda la prensa de quiosco a favor de que Cataluña siga dependiendo de España, el españolismo (da igual de derechas como de izquierdas porque, a efectos prácticos, es lo mismo) ha fracasado estrepitosamente, se ha despeñado acantilado abajo, ha naufragado contra las rocas.
Poco antes de las 9h, en mi lugar de votación, en el centro de Tarragona, ya había colas en la calle y todo el mundo ha estallado en un aplauso generalizado cuando se han abierto las puertas. Mucha gente madrugadora y, a esa hora, más bien gente de mediana edad para arriba y ancianos, como si temieran que, más tarde, la partida se enredara y ya no pudieran participar. Gente que te decía que toda la vida lo había esperado y que ahora no desperdiciaría la oportunidad. Vecinos de buenos días y buenas noches, de quien nunca lo habrías dicho, con una sonrisa amplísima y papeletas con dos SÍ como dos casas de campo. Emoción contenida o liberada, ojos chispeantes, mordida en los labios, brillo en la mirada, ilusión en la cara, apretones de mano, golpes de complicidad en la espalda, abrazos sin palabras, miradas que hablan… Hoy sí ha sido, de verdad, la gran fiesta de la democracia. Y del pueblo. De la democracia contra todo el aparato jurídico, administrativo, mediático, constitucional de un Estado hostil y de un partido en el gobierno podrido de corrupción hasta el tuétano. Un Estado decadente, con un gobierno mentiroso, caradura, manipulador, que se atreve a decir que «impedir la consulta es una victoria de la democracia». De la democracia orgánica, quizás sí. De la de verdad, no. Que dice que hoy los catalanes han alzado un muro cuando, en realidad, lo que hemos hecho es hundir el suyo, el que nos impide ser catalanes y ciudadanos libres del mundo. Para muros, lo que se dice muros, ya basta con el que ellos tienen en Melilla.
Ha sido espectacular la movilización de los catalanes del exterior, mayoritariamente jóvenes, exponente de la nueva emigración económica a que los ha forzado una crisis contra la que tan pocos instrumentos tenemos para combatir. Gente que está forjando su futuro profesional a miles de kilómetros de distancia, pero con el país en el corazón y en la cabeza. Catalanes que han hecho miles de kilómetros para estar en Cataluña para votar, o bien para desplazarse a otros lugares donde esto era posible, gracias a la red de delegaciones en el exterior, tan criticada y ridiculizada en su momento. Catalanes de todos los orígenes y todas las lenguas, votantes, como voluntarios en las mesas, haciendo cola civilizadamente, contra la lluvia, el frío y la manipulación española. Este domingo hemos derrumbado un muro y hemos aparecido como lo que somos: un pueblo en marcha. Pero, lo de hoy, no ha sido un referéndum, ni una consulta, ni un proceso participativo, sino un levantamiento. Aquí hay un pueblo que ha dicho «basta» y que ha decidido alzarse con dignidad, mientras España sigue desfigurando la realidad y negándose a ver lo que de verdad ocurre. Con España sólo hay una sola cosa que hacer: irse. El pueblo ha estado a la altura de la historia. Ahora es necesario que lo estén también las instituciones y los partidos. Un pueblo en marcha no da marcha atrás. Esperamos que sus representantes tampoco. Porque, como cantaba Ovidi, “ja no ens alimenten molles, ja volem el pa sencer” («ya no nos alimentan las migas, ya queremos el pan entero»). ¿Para cuándo unas elecciones para elegir el Parlamento constituyente que debe proclamar, solemnemente, la independencia de Cataluña?
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