La creación de un nuevo estado se debe preparar internacionalmente
La manifestación, la voluntad de soberanía y el estado de ánimo efervescente de la sociedad catalana puede dar a entender que el acceso a la estatalidad será cosa de días. Ayuda la alegría y la frivolidad con que algunos se refieren, sin rigor ni realismo, como si un día, de repente, nos levantásemos de la cama independientes. Nada más lejos de la realidad y, si no queremos llevar al país a una nueva frustración colectiva, debemos pensar en el procedimiento, el ritmo y las dificultades. Y tener, ya ahora, especialistas trabajando discretamente en cada ámbito para que todo esté previsto para el momento de la verdad.
1. Catalunya sólo llegará a la independencia si lo quiere la mayoría, democrática y pacíficamente. Creer en el pueblo catalán como fuente básica de legitimidad democrática significa aceptar su voluntad y la nueva legalidad que se desprenda. La discrepancia institucional con la legalidad de España obligará a negociar los términos y ritmo de la secesión, con supervisión internacional en caso de desacuerdo.
2. El objetivo de la independencia no debe ser contra España, sino atractivo para los que se sienten también españoles y tienen vínculos familiares, de origen, económicos o culturales. Todo lo que nos aleja de la mayoría nos aleja de la soberanía. Sin Barcelona, el Baix Llobregat y el área metropolitana, no habrá independencia.
3. La independencia no debe asustar sino interesar, por motivos democráticos, de bienestar material y culturales. Queremos ser independientes para vivir mejor en todos los ámbitos y ésto afecta a empresarios y trabajadores, a la capital, a las ciudades y a los pueblos, a todas las clases sociales. El empresariado tiene que ver que le salen los números, que no puede perder el mercado español, pero que no tiene sentido depender de un solo mercado, porque nuestro mercado ya es todo el mundo.
4. La creación de un nuevo estado debe prepararse internacionalmente, debe ir precedida de una red de complicidades trabajada a lo largo de años, con una política exterior y de cooperación adecuada : comunidades catalanas, catalanes influyentes en el exterior, diplomacia pública, amigos de Cataluña, mundo de la cultura y los derechos humanos y estados soberanos interesados, por motivos muy diversos, en la aparición de un nuevo estado democrático en el Mediterráneo. No nos reconocerán nunca como nuevo estado si antes no nos conocen como viejo país. Necesitamos, pues, simpatía, interés y prestigio en el exterior.
5. Actuar con decisión el primer momento no quiere decir con precipitación. La incorporación a los organismos internacionales (ONU, OCDE, etc. ), así como a la UE, con la lógica alteración de fronteras, requerirá una estrategia de complicidad exterior. Que el nuevo estado acepte el grueso de los compromisos legales firmados por España generará confianza y estabilidad en la opinión internacional.
6. La Generalitat, sus instituciones y competencias son el embrión del estado futuro. No podemos despreciar esto. Sobre esta legalidad, identificado el nombre del territorio y de sus ciudadanos, se construirá el nuevo estado, que deberá regirse por el corpus legislativo catalán vigente hasta ese momento, mientras no se apruebe la Constitución catalana.
7. El reconocimiento internacional será más fácil si existen garantías jurídicas y políticas de protección y reconocimiento de los derechos de las minorías. El nacimiento de una nacionalidad catalana jurídica, de una ciudadanía estatal nueva, deberá garantizar la ausencia de cualquier déficit democrático, en cuanto a derechos y libertades, incluido el apartado lingüístico.
8. La separación legal entre Catalunya y España deberá comportar, como en toda separación, un reparto de bienes, activos, propiedades, patrimonio y tesoro acumulados a lo largo del tiempo ( edificios públicos, delegaciones ministeriales, paradores nacionales, correos y telégrafos, red ferroviaria, puertos, aeropuertos, instalaciones de RTVE, parques nacionales, empresas estatales, etc. ).
9. Habrà que llegar a un acuerdo en el reparto de los bienes y propiedades en el exterior, como sedes diplomáticas, embajadas, consulados, residencias de embajadores, sedes del Cervantes, escuelas, centros culturales, etc.
10. Finalmente, será imprescindible prever una mínima estructura profesional de defensa nacional provista, en parte, por lo que le haya correspondido en el reparto debido a la separación, tanto en equipamientos militares como en material, ya sea procedente de los diferentes ejércitos, como del servicios de inteligencia, la Guardia Civil o la Policía Nacional, para garantizar la defensa y la seguridad del nuevo estado, de acuerdo con los parámetros de los países democráticos.








