No me veo capaz ni me apetece comenzar esta columna sin expresar la pena, la rabia y la tristeza que siento por el ataque de ayer contra el semanario satírico Charlie Hebdo y sus trabajadores en París. No hay ninguna causa en el mundo que pueda justificar el asesinato de nadie ni el ataque contra la libertad de expresión. He aquí un fragmento muy corto de la Declaración de los Derechos Humanos: «El desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad; y se ha proclamado como la aspiración más elevada del hombre el advenimiento de un mundo donde los seres humanos, liberados del temor y la miseria, disfruten de la libertad de expresión y de creencia’.
Llegados al punto actual, visto que la negociación del presidente Mas con ERC parece más un frontón que una partida de ajedrez (en la que todo el mundo hace movimientos), quizás es momento de empezar a dibujar las opciones que quedan. El presidente tomará pronto la decisión sobre cómo encarar la nueva fase del proceso de independencia. Una vez desaprovechada la oportunidad histórica de atar definitivamente CDC a la independencia, obligó a Unió a mojarse (y probablemente a liquidar políticamente a Duran), y de dar el paso definitivo hacia la independencia con una base electoral sólida… una vez desaprovechada esta oportunidad que ofrecía la propuesta del presidente Mas del 25 de noviembre, ahora hay que escoger, de entre las salidas que queden, la menos mala.
Me parece que es bueno recordar que lo que propuso el presidente ya no era la mejor opción de todas (el referéndum autorizado por el Estado español). Y es bueno recordar que no hacemos este proceso en las condiciones democráticas más deseables. Quiero decir que es bueno recordar que no dejarán de poner obstáculos aquellos que quieren impedir la democracia en Cataluña. Y que, por tanto, sería bueno también recordar que es completamente innecesario que seamos nosotros mismos los que los pongamos más dificultades. Todos sabemos que los partidos tienen intereses: hacer ver que no los tienen no sirve de nada y es engañarse. Sí, los partidos están diseñados para competir electoralmente con el objetivo de conseguir más votos que el contrincante. Pero ahora la cosa no iba de eso y el independentismo cívico -es decir, la gente normal y corriente- se había ganado el derecho de hacer algo diferente pensando única y exclusivamente en el futuro de los hijos y nietos y de aquellos catalanes que aún no lo son porque están por llegar a nuestro país.
Con todo esto en la memoria, ahora es el momento de avanzar y dejar atrás este periodo desgraciado que nos ha alejado tan rápidamente del estallido de alegría del 9-N. Todo el mundo tendrá tiempo y derecho de juzgar qué ha pasado cuando toda la información de estas negociaciones vaya saliendo a la luz. Ahora dediquemos el tiempo a salir y marcar nuevos horizontes en el calendario. ¿Qué opciones tiene el presidente Mas? ¿Por dónde puede pasar la nueva hoja de ruta? Veamos estas cuatro opciones de trazo grueso:
1. Decepcionado por la falta de coincidencia con los socios naturales del proceso hacia la independencia, Mas anuncia que convoca elecciones adelantadas y que CiU presentará un nuevo candidato. No detalla nada más y no puede aventurar una nueva hoja de ruta, que dependerá de la persona que la federación considere que debe tomar el relevo. Mas dijo que llevaría el país hasta el final de este proceso, pero no ha sido posible y es necesario que alguien con nuevas ideas lo pruebe. Sin embargo, nadie asegura que el nuevo liderazgo tenga el compromiso que ha demostrado el presidente con la libertad de Cataluña.
2. Mas convoca elecciones adelantadas. Él ya avisó que este tramo del proceso (el más delicado y duro de todos) había que hacerlo con una mayoría incontestable de la lista del presidente que deberá ir por el mundo a negociar y conseguir el reconocimiento del nuevo Estado. ERC no ha aceptado esta idea y por eso él pide un apoyo extraordinario en las elecciones para poder hacerlo. Pero advierte que si no puede contar con este apoyo, deberá abandonar. Mas sabe que no puede negociar nada si el interlocutor duda de su autoridad y capacidad de hacer cumplir los acuerdos alcanzados. Por ello, el presidente hace un llamamiento a la sociedad civil y a profesionales de prestigio para construir una lista por la independencia. Si la respuesta es buena y los resultados son incontestables, Mas va hasta el final.
3. No ha habido acuerdo con ERC para hacer una lista independentista ganadora. Mas no está dispuesto a hacer elecciones ordinarias que no sirvan para legitimar el avance unilateral hacia la independencia en un máximo de dieciocho meses. Por tanto, el presidente anuncia que agotará una legislatura que, como todas las ordinarias, es de cuatro años. La vía hacia la independencia tomará ahora otro ritmo y habrá que readaptar los nuevos pasos a las nuevas realidades en España y en Europa. Mas puede readaptar el gobierno a esta nueva etapa. Por ejemplo, activar la recaudación de tributos o desplegar la estrategia diplomática con una consejería creada expresamente para ello. Las dificultades de este camino son evidentes y palpables, pero puede ser una manera de evitar un mal peor.
4. Mas anuncia un plan hacia la independencia por la vía rápida. Esto gusta a algunos, pero asusta un poco a los no tan convencidos. Informar a todos los navegantes de que la aventura tiene un riesgo inmenso, pero que él no tiene nada que perder y está dispuesto a ello. Invita a ERC y a la CUP a un gobierno de concentración con un calendario y unas acciones claras para construir el nuevo Estado. Al final de este plan de unos ocho o nueve meses se hará un referéndum de ratificación (¿el Once de Septiembre?). Si el resultado es positivo, gloria. Si la ciudadanía no sigue, todos a casa. La idea hace ilusión, pero la falta de legitimación democrática (lo del mandato concreto para la independencia) añade muchas dificultades a los pasos unilaterales de construcción del Estado. La aventura es la aventura.
Evidentemente, tengo mis preferencias sobre estas opciones. Las hay que no me gustan nada y las hay que me gustan muy poco. Pero no me sé imaginar que ahora nos vayamos todos a casa y aceptemos fatalmente la mala suerte histórica que parecía que nos habíamos quitado de encima. El pueblo se ha puesto a andar y no creo que quiera parar ahora, después de haber hecho la Vía Catalana, la ‘V’ de 2014 y la consulta del 9-N. Dejadme decir que me sorprende infinitamente que, una vez en la historia que tenemos un presidente de Cataluña que señala el camino de la independencia con un plan de dieciocho meses y jugándose todo su futuro político, la respuesta sea muy diferente de la actual por parte de políticos ‘independentistas de toda la vida’ y de una sociedad civil que demasiado a menudo se encuentra obligada (y presionada) a hacer equilibrios.
Me parece oportuno terminar esta reflexión o este ejercicio con la frase más o menos conocida -que aquí pondremos entera- de Joan Sales, escrita en una carta a Mercè Rodoreda: ‘Son grandes patriotas porque se rasgan siempre las vestiduras; se las rasgan a cada momento, en eso consiste su patriotismo. Desde hace quinientos años, los catalanes han sido unos imbéciles. ¿Se trata, pues, de dejar de ser catalanes? No, sino de dejar de ser imbéciles’.
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