La Constitución, antídoto contra la soberanía

La calidad política de los presidentes del postfranquismo nunca fue para echar cohetes. Pero el espíritu perverso del tardofranquismo siempre se supera a sí mismo. Va a resultar muy difícil crear un presidente -gabinete incluido-, tan bruto y mendaz como este pepero de nuestros pecados… Evidentemente nos referimos a temas de sensibilidad, estética y conducta políticas.

Cuando el conflicto de la soberanía de los pueblos del Estado español está al pil-pil, no se les ocurre una receta más descabezada que proponer una Constitución que refuerce el centralismo… Uno no sabe, si este gallego, va, viene, se va, se esfuma o si delira…

Un análisis imparcial de la Historia de España evidencia la violenta gestación de ésta. España es el resultado de un derecho de conquista, que tras el advenimiento de los derechos humanos ya debiera estar periclitado.

España es el resultado del avasallamiento de instituciones, lenguas y patrimonios culturales.

¡Ay, si la mayoría de los navarros conocieran como -sobre todo a partir de 1512- España desmontó el Estado navarro…!

11 constituciones ha promulgado el Estado español. ¿Qué iba a resolver otra más, mientras no varíen los parámetros?

Ninguna ha sido capaz de respetar o al menos contemplar la voluntad soberana de los pueblos del Estado. Todas se han engendrado imponiendo por encima de cualquier derecho o atributo, la sagrada unidad de la patria. Y así nos ha ido. De tal forma que España siempre ha sido un Estado convulso, inmaduro, inconcluso, fallido…

Y siempre lo será. Al menos, mientras no se resuelva el conflicto básico de su conformación. Es decir, mientras los pueblos -naciones- del Estado: vasco, catalán etcétera, de igual a igual, no opten por una fórmula o statu quo, que contente a todos. Aunque esto pueda suponer la libre exclusión de cualquiera de ellos…

Si entramos en muchas de las actas de cortes de estos últimos 500 años, al primer contacto, nos apercibiremos del permanente estado de confrontación entre Navarra y la corona.

Tal enfrentamiento de Navarra con la corte ya resultaba endémico. Tan solo cesó con el franquismo y postfranquismo contemporáneo, debido a la constante cesión del navarrismo español a Madrid, de nuestros derechos y prerrogativas forales. Ni los beamonteses -que al final se arrepintieron de su connivencia con Castilla-, se echaron en brazos hispanos con tanta euforia. Tengamos la certeza que de seguir estos navarristas en el poder, Navarra hubiera perdido todas sus señas de identidad.

Resulta ilusionante y esperanzador -jo ta ke!- que nuestro actual gobierno hable de pase foral, de soberanía de nuestros recursos, territorios, instituciones, etcétera.

Los unionistas del UPSN no van a aportar una micra a la soberanía navarra. Ya lo hemos visto en esta larga noche de la nefasta transición.

Tampoco podemos fiarnos de un PSOE, que cuando habla de constitución federalista, está tramando subterfugios para un centralismo de rostro almibarado. El PSOE y epígonos no suelen respetar la soberanía de los pueblos del Estado.

¡Alerta Vasconia!, que cuando hablan de Constitución, nos la quieren jugar de nuevo.

¡Qué razón tenía cuando hace unos pocos años, la gran Mari Puy Huici, me decía: “De Madrid, nunca ha venido nada bueno para Navarra”.

Si alguien no está de acuerdo que lo demuestre… Lo va a tener difícil.

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