Siempre me ha hecho mucho daño en los oídos oír en los medios de comunicación nacionales -¿debo añadir que nacionales catalanes? – Que se calificara de «nacionalistas» a CiU o el PNV. Y no porque no sean, ya que en la medida en que se declaran defensores de los derechos nacionales de los catalanes, según el diccionario, lo son.
No: lo que duele en los oídos es que se les califique de esta manera para contraponerlos, en el marco de la política española, a partidos como el PP o el PSOE, y por supuesto al resto de partidos nacionales españoles. La cuestión no es ociosa. En realidad, en un Estado como el español en el que hay conflictos nacionales, donde la nación española es, de momento y todavía, una obra en construcción -no me atrevo a decir «en ruinas» -, los partidos nacionales españoles son objetivamente «nacionalistas». Luchan cada día con orgullo -y aquí lo notamos en la propia piel- para conseguir su plenitud, que ellos mismos ven incompleta y en peligro. El nacionalismo de los partidos nacionales catalanes es de risa junto al nacionalismo de los partidos nacionales españoles. Ellos sí han entendido lo que es el interés nacional, y se ponen de acuerdo PP y PSOE tanto si tienen que gobernar el País Vasco para hacer frente a los otros nacionalistas, como si han de reformar una constitución con el objetivo principal de recortar capacidad de autogobierno a los nacionalistas catalanes.
Por lo tanto, cada vez que -pongamos por caso- Pellicer, para referirse a CiU, dice «los nacionalistas» y no califica de esta manera a PP y PSOE, lo que hace es someterse a unas categorías de clasificación de la realidad política que favorecen a los nacionalistas españoles, en la medida en que enmascara -queriendo o sin querer- la misma condición.
Esta lógica clasificatoria construye una percepción de la realidad política -la hace «natural» – en la que parece que hay unos que siempre están reivindicando, que son una carcoma, unos insatisfechos, mientras los demás tienen que aguantar el ñec-ñec de los nacionalistas. De hecho, lo cierto es objetivamente lo contrario. ¿Quién tiene que aguantar ñecs-ñecs nacionalistas, día sí, día también, son los catalanes. Y nuestro nacionalismo, en la medida que no va acompañado de una capacidad de poder similar, es exactamente de poca monta. No entiendo, pues, como algo tan claro como ésto, no es recogido como norma de estilo obligatoria para todos los profesionales de TV3 y, claro, por todos los medios públicos o privados que «viven y trabajan» en Cataluña. En un informativo, tratar de nacionalistas a CiU y no al PP o al PSOE, en definitiva, es como tener que escuchar la retransmisión de un Barça-Madrid con locución de Intereconomía.









