¿Qué estáis jodiendo?

En el artículo anterior este cronista se permitía alertar sobre la deriva causada en el estado de opinión de la ciudadanía por el poco edificante espectáculo del desacuerdo de Mas y Junqueras. He discutido el caso con unos y otros. Ciertamente, los convencidos y los entusiastas no se descolgarán del proceso, pero entre los votantes hay un sector de acabados de llegar al soberanismo -viendo la evolución de las encuestas en los últimos cuatro años, es incontrovertible-, y la consistencia de sus convicciones no es la misma que la de otros, y hay un sector importante de indecisos -a las encuestas me vuelvo a remitir-. En los votantes de estas franjas la consulta, referéndum o como se quiera o se pueda decir, se ganará o se perderá, y la falta de inteligencia emocional colectiva con que llevan el caso Mas y Junqueras parece diseñada para destemplarlos.

A estas alturas ya no vale la idea de que el proceso es complicado, que ponerse de acuerdo es muy difícil, que hay muchos factores en juego. Esto concuerda con muchas otras cosas en este mundo, por no decir con la mayoría. Es difícil llegar a ninguna parte cuando los que te deben llevar exhiben día a día como se pelean por quién va a delante y, sea cierto o no -lo recalco, que es como lo de la virtud de la mujer del César-, en la ciudadanía genera desconfianza y rechazo contemplar cómo el interés político personal y contingente cuenta más que la altura de miras ante una oportunidad histórica única en trescientos años.

El otro día, tres asesinos asaltaron la sede de la revista Charlie Hebdo. Los muertos son doce cuando escribo estas líneas; permítanme honrarlos con los nombres de algunos autores que yo seguía y apreciaba: Wolinski, Charb, Cabut, Tignous. En más de una ocasión he discurrido sobre el humor. Hay el acomodaticio y el auténtico, el digestivo y el revulsivo. ¿Cómo distinguirlos? Por muchas maneras intrínsecas, por una inequívoca: cómo lo trata el poder establecido; cuando le hace gracia y se añade -y el humorista lo permite- no es humor, es la retranca para ayudar a hacer tragar a la población chapuzas y mocos intragables. En cambio, cuando le molesta y hace lo posible por silenciarlo, es noble, imprescindible actividad crítica, denunciadora, evidenciadora de disparates, absurdos y ridículos. El humor de Charlie Hebdo era de ellos, y ha quedado claro para siempre, si no lo estaba, con una acción de poder tan inequívocamente criminal que no deja lugar a dudas ni a ponderaciones intelectuales.

¿Cómo reaccionará Francia -y Europa- ante un ataque a su esencia? ¿A la americana, con una venganza primaria, propia de valores de trogloditas, sin pensar en las consecuencias? ¿O a la europea versión 2.0, charlando mucho y no haciendo nada? Cualquiera de las dos será nefasta, y cuesta imaginarse otra. El reconocimiento -en todos los sentidos de la palabra- de los propios valores parece un ejercicio sospechoso en las sociedades evolucionadas -hay quien ve la europea en fase terminal-, se mezclan falsos pudores pseudoprogresistas y regresiones fanáticas, y augura difícil una respuesta consistente, digna y efectiva.

Volvamos al proceso soberanista. Consistencia, dignidad y efectividad hay que esperar los pasos inmediatos, y los subsiguientes. Sin embargo no hay muchos elementos para hacerlo. Nada me gustaría más que tener que comerme lo que digo, pero cada vez veo más difícil que lo consigamos, y no por dificultades externas, que son muchas y durísimas, sino por la propia incapacidad. Si una nación se caracteriza por el éxito en articular en términos prácticos un conjunto de rasgos históricos, culturales y caracterológicos, cada vez es más dudoso que Cataluña lo sea, y no lo digo en tono dramático, sino como constatación de un hecho objetivo, como diría «Hay niebla en la Plana de Vic».

Confundir el crítico con el derrotista atizador del desánimo no parece una buena estrategia, el margen de la posibilidad de que el crítico, como el criticado, se pueda equivocar. La incógnita se agudiza. Mas y Junqueras no son anécdota sino síntoma. ¿Se ha puesto la carreta delante de los bueyes? ¿Está preparado el país para el gran reto planteado? Pronto se verá.

EL PUNT – AVUI