Inmigrantes para siempre


Inmigrantes para siempre

No obliguen a un andaluz a estudiar en una lengua distinta a la suya, porque Arenas será beligerante

Quim Monzó

La Vanguardia

 

El domingo, en el congreso nacional del PP, Javier Arenas, presidente del PP andaluz y vicesecretario de política regional, lanzó una amenaza. Para apoyar en algo sólido su retórica, de entrada echó mano del pobre Blas Infante, andalucista, republicano y federalista al que se le pondrían los pelos de punta si viese qué personajes manipulan hoy su figura en beneficio de ideas contra las que él luchaba y por las quemurió: fusilado en la carretera de Sevilla a Carmona por los seguidores de Franco, ese mismo Franco que los políticos del PP –del que Arenas es figura señera– veneran hasta el punto de preservar los monumentos y las placas que en las vías públicas glosan aún su victoria gloriosa. Cuando consideró que ya había manoseado lo suficiente a Infante, Arenas explicó qué harán cuando gobiernen en Andalucía: “No miraremos para otro lado, seremos beligerantes si a un niño andaluz se le intenta obligar a estudiar en otra lengua distinta a la suya, o si algún andaluz no puede acceder a un empleo por estar formado en castellano; o sea, en español. Seremos beligerantes, sin duda ninguna”.

O sea, que serán beligerantes. Cómo, no lo explicó. Descartada una invasión por tierra, mar y aire, queda el recurso a los sobres de polvos picapica. Yo haría que los bombardeos de picapica los comandase Sergio Ramos, el prodigioso ideólogo que, en rueda de prensa junto a Gerard Piqué, se ofendió porque este y un periodista hablaron en catalán. Le dijo Ramos a Piqué: “¡En andaluz, díselo en andaluz que está muy bien! Se ve que le cuesta entender el castellano”.

Arenas y los suyos –y la mayor parte del PSOE también– desean una Catalunya en la que los inmigrantes, vengan de donde vengan, lo sean a perpetuidad. Si son andaluces los que llegaron aquí en el sevillano, con su famosa maleta, pues que lo sean ellos y todos sus descendientes. Les encanta que, generación tras generación, sigan sintiéndose extraños en la tierra en la que nacen. Y que sean ellos los que integren a los indígenas a su cultura, para, así, diluirse todos en un país de inmigrantes eternos, culturalmente teledirigidos por las cadenas de telebasura: ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos. De esa forma –calculan Arenas y los suyos, y los otros, y los de más allá– dispondrán por los siglos de los siglos de una suculenta bolsa de votantes amargados, fruto del recelo que les inculcan hacia el repugnante país en el que viven. Según lo que dice Arenas, si mi madre –andaluza de Granada– hubiese llegado ahora a Catalunya y a mí no me hubiesen obligado a estudiar “en castellano; o sea, en español”, él hubiese sido beligerante hasta lograrlo. Le agradezco la buena voluntad, señor Arenas, pero para su tranquilidad le diré que en la época en la que estudié mandaba el antes mencionado Franco, que tenía sobre los idiomas unas ideas igualitas a las suyas. Hubiese estado usted orgulloso de él.

 

Interpretando a Arenas

Salvador Cardús

Tribuna Catalana

 

Me ha dejado muy intrigado la frase de Javier Arenas, candidato del PP a la Comunidad Autónoma de Andalucía, en su discurso de este fin de semana en Sevilla. Arenas afirmó que»seremos beligerantes si a un niño andaluz se le obliga a estudiar en una lengua distinta a la suya «, es decir, el español.

A ver si lo entiendo. La frase tendría algún sentido si hubiera la amenaza que en las escuelas andaluzas intentara obligar a estudiar en lenguas extranjeras como el francés o el inglés, o en lenguas -de momento- estatales como el gallego, el vasco o el catalán, pongamos por caso.Desconozco el caso del francés y el inglés, en el sentido que se quiera obligar, pero dudo que en Andalucía esto pueda pasar con el vasco, el gallego o el catalán. Francamente, no debe ir por ahí.

Si no es este caso, entonces es de suponer que habla de imposición escolar de lenguas no españolas a niños andaluces de escuelas fuera de Andalucía. Si habla de escuelas francesas, británicas, alemanas o norteamericanas, entonces el señor Arenas ya se puede proteger, porque en esos países esto suele ir así: las escuelas son en la lengua del país. Y además, él no tiene competencias como para ser «beligerante». Pero como el señor Arenas debe ser un hombre viajado, tampoco puedo creer que hable de este caso.

Por eliminación, visto que la elección de escuela según la lengua ya es posible en el País Vasco y me temo que ningún niño andaluz tuviera problemas para encontrar un escuela que enseñara en español en Galicia, el País Valenciano o las Islas Baleares o en la Franja de Ponent, esto debe ir por las escuelas catalanas. Sí: en Cataluña no sólo «imponemos» el catalán, sino las matemáticas, las sociales y las naturales, y todo de otras obligaciones como la gimnasia, la plástica y ser bien educados y decir «bon día». Los catalanes, ya se sabe, tenemos una tendencia natural a la coacción …

Sin embargo, si el caso es éste, si ya sabemos a qué escuelas se refiere, aún me queda un último interrogante para interpretar bien a Arenas. ¿De qué niños-y niñas-andaluces nos habla? ¿Es que hay prevista una nueva oleada migratoria de niños andaluces hacia aquí? Como no parece que haya previsiones en este sentido, finalmente, sólo queda una posibilidad de suficiente dimensión y gravedad social como para reclamar la atención del más que probable futuro presidente andaluz: que el señor Arenas se refiriera a niñas y niños nietas y nietos de catalanes nacidos andaluces. Y quizás de algún bisnieto, también, como yo mismo por parte de madre. Esto querría decir que estas niñas y niños nacidos catalanes los considera niños y niñas andaluces. Y significaría que el señor Arenas tiene una concepción étnica de la andalucidad que hace que se transmita por herencia, por sangre. Y si él cree que tiene competencia en la lengua en la que se educan y que puede ser beligerante, además, quiere decir que Arenas cree que allí donde hay un descendiente de andaluz, allí hay un trozo de Andalucía.

¿Voy bien, en mi interpretación?