Huir del fuego para caer en las brasas

Hay una expresión que hace días que me ronda en todo momento. Me la repiten por todas partes amigos, lectores, gente que me detiene en la calle; el otro día, el comentario de una persona en un tren, a raíz de este editorial (1). La argumentación es siempre la misma: «Ya sé que el PSOE es un desastre y que son unos ladrones y todo esto, pero si cae, vendrá el PP con Vox y será peor». Huir del fuego para caer en las brasas…

Entiendo perfectamente la preocupación. No es en absoluto irracional ni puede despacharse como si fuera una cuestión menor. Pero en este razonamiento hay una trampa intelectual que creo que vale la pena examinar con cierta frialdad, si es posible.

Entendámonos: el PSOE no es un mal menor accidental. Es, estructuralmente, el principal garante del régimen del 78. Lo ha sido siempre. Cuando había que defender la unidad de España, el PSOE estaba allí. Cuando era necesario criminalizar la independencia de Cataluña, el PSOE estaba allí. Cuando el Tribunal Supremo encarcelaba a dirigentes políticos, el PSOE estaba allí. Cuando ha sido necesario mantener políticos en el exilio, el PSOE estaba allí. Cuando ha sido necesario movilizar al aparato del Estado español contra la disidencia –y hablo de un aparato que incluye medios, fiscalías, servicios de inteligencia, espionaje tecnológico o amenazas de todo tipo–, el PSOE nunca se equivocaba de bando. No porque no tuviera otra posibilidad, sino porque sabe perfectamente cuáles son los principios fundamentales del sistema que gestiona.

Y todos sabemos que no es sólo la cuestión nacional. Cada vez que ha sido necesario tomar una decisión trascendental para el régimen –de entrar en la OTAN a cambiar la constitución a las órdenes de Bruselas, utilizar el terrorismo de estado o aplicar políticas de austeridad– el PSOE ha estado allí. Siempre, sin fallar ni una sola vez.

El PP hace las mismas cosas, pero sin gracia. De forma salvaje, como vemos en el País Valenciano, la Franja y las Islas. El PSOE las hace con un discurso de apariencia progresista –no siempre, pero en general– que las hace digeribles para sectores que de lo contrario las rechazarían. El resultado es que el PSOE es más eficaz en la defensa del ‘status quo’ que el PP. Y por eso resulta tan cómodo y tan útil para el régimen.

Ahora: todo esto es política y se puede debatir con datos y razones. Lo he dicho al principio: la preocupación es perfectamente comprensible. Pero yo quiero hablar de otra cosa. Quiero hablar de qué ocurre cuando una colectividad permanece atrapada en la lógica del mal menor como forma permanente de vida política.

Hay un nombre, que yo sepa, en filosofía política para describir ese mal. Pero está la historia. El caso más conocido –y, lo reconozco: el más radical y exagerado– es el de aquellos judíos alemanes que en 1932 votaron a Hindenburg para detener a Hitler. Incluso le financiaron. Al final Hindenburg ganó y, seis meses después, nombró a Hitler canciller. Racionalmente, Hindenburg era el mal menor frente a Hitler, pero resulta que la dinámica del sistema los había puesto a ambos en una posición en la que cualquier elección les conducía al mismo lugar.

Pondré un ejemplo menos extremo y más cercano. Durante décadas, los votantes de la izquierda francesa han votado a socialistas tan sólo para detener la derecha. Los propios socialistas que desmantelaron las protecciones laborales, que impulsaron guerras coloniales, que gestionaron la austeridad. Cuando Hollande terminó el mandato, la credibilidad de la izquierda institucional estaba tan erosionada que Marine Le Pen llegó a la segunda vuelta por primera vez en la historia. ¿El remedio había contribuido a la enfermedad?

Y ésta es precisamente la trampa del mal menor como estrategia permanente: aferrarse al mal menor no detiene el deterioro, simplemente lo frena y lo hace menos visible. Y al ser menos visible también es más difícil de combatir.

El miedo, en política, es un instrumento de dominación extraordinariamente eficaz. Cuando votas por miedo y no por convicción, lo único que haces, en realidad, es transferir el poder de decisión a quien te da miedo. Quien controla la amenaza controla tu voto. Esto es válido para la derecha que agitaba el fantasma del comunismo, pero también para la izquierda que agita al fantasma del fascismo. En ambos casos, el resultado es el mismo: el votante pierde su decisión.

Y la cuestión que a menudo no se formula es: ¿y si el miedo es correcto pero la respuesta es equivocada? Es decir: ¿y si, efectivamente, el PP con Vox sería peor –que es así–, pero la solución no es votar PSOE, sino construir una alternativa real? O simplemente mantenerla, porque el caso es que los catalanes ya construimos esta alternativa la pasada década. Porque si la respuesta a cada crisis es siempre la misma –aguantar y votar al mal menor– nunca se creará el espacio para nada distinto.

Para los catalanes, todo esto tiene una dimensión añadida. No es que el PSOE sea el mal menor frente al PP. Es que ambos son expresiones del propio proyecto nacional español. Elegir entre uno y otro es simplemente elegir qué funcionario gestionará tu subordinación. Hago una caricatura, de acuerdo, pero distinguir entre PSOE y PP no es sino lo del policía bueno o el policía malo, lo que tampoco es una elección en el sentido profundo del término.

Todo esto, tiempo atrás, Václav Havel lo explicó con una claridad que no he visto aún superada: el problema del poder totalitario –dijo– no es que haga imposible la libertad, sino que hace que la gente se acostumbre a no desearla. Cuando la gente ha vivido tiempo suficiente bajo la lógica del mal menor, deja de poder imaginar nada diferente. Y la pregunta «¿cuál de los dos es peor?» sustituye definitivamente a la pregunta «¿cómo podría ir todo esto de otro modo?»

Éste es, creo, el verdadero envite del momento actual. Para mí, no es cosa de decidir si el PSOE es más o menos malo que el PP, sino de recobrar la capacidad de formular preguntas que no se encuentran contenidas en el marco que el sistema ha construido para mantenernos dominados. Para mantenernos dominados como catalanes. Y para mantenernos dominados como ciudadanos.

(1) https://www.vilaweb.cat/noticies/bettino-sanchez/

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