Hondarribia 1524, epílogo de la resistencia armada navarra a la conquista española

Hace 500 años, los legitimistas navarros y sus aliados franceses rendían Hondarribia ante los ejércitos españoles. La entrega iba acompañada de un ‘perdón’ de Carlos V al que se acogieron destacados partidarios de Enrique II, lo que supuso el epílogo de la resistencia armada a la conquista de 1512.

Recreación de época de una batalla del siglo XVI. Recreación de época de una batalla del siglo XVI. (WIKIPEDIA)

El 27 de febrero de 1524, hace 500 años, las tropas franco-navarras abandonaban Hondarribia tras más de dos años controlando la villa y con muchos de los legitimistas que la habían defendido de los españoles dispuestos a acogerse al ‘perdón’ de Carlos V, en lo que supuso el epílogo de la resistencia armada navarra a la conquista iniciada más de una década antes, en 1512.

Hondarribia había quedado en manos de los legitimistas navarros y sus aliados franceses el 18 de octubre de 1521, dentro de la ofensiva que había permitido a los partidarios de Enrique II de Nafarroa recuperar Nafarroa Beherea, el valle de Baztan y buena parte de Bortziriak, con el castillo de Amaiur como principal referente.

Estos últimos territorios se habían perdido al año siguiente, cuando las tropas de Carlos V lanzaron un ataque en el que cayó con épica la fortaleza rojiza tras un duro asedio en el mes de julio. Para ese momento ya se había producido la batalla de San Marcial, que se saldó con una derrota franco-navarra que hoy en día se sigue conmemorando en el Alarde de Irun.

Desde entonces, los legitimistas tan solo conservaban como fruto de la ofensiva Hondarribia, donde se habían acuartelado en septiembre de 1523 Pedro de Navarra, nuevo mariscal del reino tras la muerte de su padre en su celda de Simancas, y sus tres centenares y medio de soldados.

Mientras, el soberano español, obsesionado por reconquistar la villa y atacar a su gran rival, el monarca francés Francisco I, estaba organizando una potente ofensiva. El 12 de octubre, Carlos V se presentó en Iruñea para preparar el ataque, en el que lanzó 30.000 efectivos de infantería y 3.000 jinetes acorazados y ligeros, según cifras del historiador Peio Monteano.

Esas tropas se pusieron en marcha hacia el norte a principios de noviembre y ocuparon Nafarroa Beherea sin que Enrique II lograra impedirlo. A continuación, los españoles se hicieron con Maule e incluso se adentraron en el Bearne, ocupando Sauveterre el 16 de diciembre.

Pero seguir avanzando hacia Francia, supuesto gran objetivo del ataque, se estaba complicando, hasta el punto de que ese poderoso ejército español, integrado también por mercenarios alemanes, se había quedado «empantanado en medio de un crudo invierno, con grandes problemas de abastecimiento y habiendo tomado plazas de segundo orden», señala Monteano.

Así que tocaba retirada, aunque Carlos V no renunciaba a Hondarribia, por lo que pensó en dirigir sus tropas hacia Baiona para tomarla y de esa manera, facilitar la caída de la codiciada villa. A su paso, españoles y alemanes dejaron un rastro de sangre y destrucción, lo que no palió su crítica situación.

Con un tiempo infernal y muertos de hambre, terminaron renunciando a Baiona e incendiaron Donibane Lohizune antes de cruzar el Bidasoa el 10 de enero para unirse a las tropas que llevaban tiempo sitiando Hondarribia. La ofensiva había sido un auténtico desastre.

Tras el fracaso, el emperador español decidió centrarse en reconquistar la ciudad en poder de los legitimistas y reforzar a las tropas que la cercaban, formando un ejército de 5.000 soldados recurriendo a las milicias de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, y a los beaumonteses navarros.

A estas tropas tenía que hacer frente la guarnición franco-navarra, integrada por unos 300 jinetes y 1.500 infantes, entre los que figuraban unos 400 navarros a las órdenes de Pedro de Navarra. La villa estaba bien fortificada y contaba con buena artillería, pero llevaba meses de cerco y ya no podía recibir ayuda ni por mar ni por tierra, así que la situación era complicada para la plaza gobernada en ese momento por el capitán François Franget.

Hondarribia sigue contando con tramos amurallados. (Juan Carlos RUIZ/FOKU)

Negociaciones con Pedro de Navarra

Sin embargo, tanto tomarla al asalto como rendirla por hambre no iba a ser tarea fácil y por ese motivo, el condestable de Castilla buscó su entrega contactando con Pedro de Navarra, prometiendo a los navarros legitimistas el ‘perdón’ del soberano español, la devolución de sus bienes y la posibilidad de regresar a la Alta Nafarroa. La oferta fue rechazada, aunque el mariscal propuso mantener abierto un canal de negociaciones.

Al no lograr la rendición, los españoles empezaron a bombardear Hondarribia el 2 de febrero con 60 piezas de artillería, drenaron los fosos, excavaron minas y abrieron trincheras, pero sus asaltos fracasaban.

Los defensores se iban haciendo a la idea de que las tropas de Carlos V terminarían tomando la plaza, ya que no recibirían ayuda y los españoles eran conscientes de que conquistarla les supondría un alto coste en vidas, así que a mediados de febrero los contendientes retomaron las conversaciones. Lo hicieron a través de Pedro de Navarra y el condestable de Castilla, aprovechando las buenas relaciones de este último con los agramonteses y que el capitán general de Gipuzkoa, Beltrán de la Cueva, era primo carnal del mariscal.

Los españoles ofrecieron a los franceses abandonar la plaza con honor y llevándose armas y bagaje. Y a los navarros, además de eso, volver a Nafarroa y rehabilitar a todo el partido agramontés, muchos de cuyos miembros habían sido excluidos del ‘perdón’ dado a varios legitimistas por el emperador en 1523. Tras las correspondientes negociaciones, el acuerdo de rendición terminó siendo rubricado.

A las 6 de la mañana del 27 de febrero de 1524 se abrían las puertas de Hondarribia. Los primeros en salir fueron los casi 400 infantes navarros, encabezados por Pedro de Navarra, junto a los capitanes Xabier, Azpilicueta, Mauleón y Sanz. Les seguían las tropas francesas, con el gobernador Franget y el capitán Estillac al frente.

Una hora más tarde, los soldados españoles entraban en la plaza que habían perdido hacía dos años y cuatro meses. El interior de la villa estaba prácticamente arrasado y apenas se sostenían en pie una cuarta parte de las casas.

También en virtud del acuerdo alcanzado, en abril, los legitimistas que querían acogerse a la amnistía de Carlos V juraron fidelidad al emperador. Pero no todos lo hicieron. Como recuerda Monteano, algunos de los que rechazaron esa posibilidad fueron «los señores de Olloki y Altzate, el obispo de Couserans o el tesorero Sancho de Yesa», quienes, durante las décadas siguientes, «alimentarán la llama independentista y los ocultos anhelos de muchos de los amnistiados».

Sin embargo, la rendición de Hondarribia y el sometimiento de muchos de los más destacados legitimistas hicieron que en esa villa se produjera el epílogo de la resistencia armada de los navarros a la conquista española iniciada doce años antes, en 1512.

Pese a ese nuevo fracaso, Enrique II terminó recuperando Nafarroa Beherea y consolidó la Nafarroa independiente que había sobrevivido al norte de los Pirineos a la invasión y ocupación española, y que gobernaron también sus herederos, Juana III y Enrique III de Nafarroa y IV de Francia.

Fueron monarcas que nunca renunciaron a recuperar la parte de su reino perdida por la fuerza de las armas a manos de los españoles y en vista de que militarmente era muy difícil, recurrieron a la diplomacia, pero sin resultados.

De hecho, tras morir Enrique III de Nafarroa y IV de Francia acuchillado por un ultra católico, su sucesor, Luis XIII, impuso en 1620 la incorporación de la Nafarroa independiente a la Corona gala, lo que suponía el reparto definitivo del reino entre sus poderosos vecinos. Así se ponía punto final a una entidad política soberana con una trayectoria de ocho siglos de historia.

Naiz