Homo bonus

Mulier bona, en su caso…  Hay que atribuir a Catón el Censor lo del “homo bonus, dicendi peritus”.  De modo y manera que solo cabría esperar integridad en un orador, si en la base de sus discursos,  se presupone a un hombre –por supuesto a una mujer- íntegro, virtuoso, prudente…

Al hablar de “homo/mulier bonus/a”, nos atenemos con todas sus consecuencias, al concepto del célebre Censor. Se trataría pues una persona virtuosa, juiciosa, humana, recta etc… Y evidentemente,  nos parece muy interesante,  referirlo a políticos, banqueros, bomberos, policías, torneros, jueces, curas…ellas y ellos…

Diríamos que una sociedad correctamente estructurada, exigiría como condición “sine qua non” para dirigir cualquiera de sus instituciones, un homo/mulier bonus/a… Sería este el primer requisito, previo al adiestramiento inherente y específico del puesto.

Cualquier cargo político de cualquier estamento que represente a la ciudadanía, conllevaría la instantánea dimisión ante la menor sospecha de dolo, cohecho, prevaricación…etc.

El problema es que nuestra sociedad ha tragado demasiada bazofia política y se ha habituado peligrosamente al crimen, al cohecho, a la arbitrariedad, al autoritarismo… Es como si hubiéramos admitido que la esclavitud es connatural con nuestra naturaleza humana…

Y es que quizás existan seres humanos para quienes el derecho irrenunciable a la libertad, sigue siendo una utopía…

Si el homo/mulier bonus/a fuera obligatorio por ejemplo para un político, la Thatcher jamás hubiera cabido en un sistema justo.

¿Qué habrá que decir de una mujer, dizque “de alma de hierro” , que transfirió casi toda la propiedad pública a manos privadas?, ella, compulsiva oponente a las conquistas del proletariado. Destructora de avances sociales y otros crímenes ejecutados -¿cómo no?-, gracias a una descomunal violencia policial.

Líder de un neoliberalismo feroz,  que derogó el control de los mercados por parte del estado… Ya sabemos sus consecuencias.

Margaret Thatcher,  convirtió al estado, de árbitro de los agentes de producción, en promotor de negocios particulares… Allí, tanto el escandaloso nepotismo, como el salvaje desmadre financiero, para unas pocas familias oligárquicas…

“Mulier pérfida”,  la inglesa… finada como  sus compinches  Reagan o Pinochet, pero que han dejado numerosos sucesores como Merkel, Camerón, Sebastián Piñera, Rajoy…

Que no se me olvide,  su insigne  admiradora , “Esperancita de Alfarache…(todavía no conversa de sus picardías…)”.

Eh ahí sus escalofriantes secuelas, las que a día de hoy nos crucifican y penen al borde del caos la estabilidad social y la soberanía de los pueblos…

Tras todo hombre -o mujer- déspota y malvado sin duda ha de existir un ideólogo descerebrado. Ellos adoraban a economistas, como Friedmaan y Hayek. Científicos los tales, que en la nomenclatura de la maldad humana, bien podrían ser considerados como “homo perversus”, al menos si nos atenemos a su aportación a la sociedad. Que también los científicos debieran ser virtuosos y solidarios…

Y es que resulta difícil –y mira que es necesartio-, poder contar en las actuales circunstancias con políticos que se adapten a la conducta del “homo bonus”. Sobre todo, mientras la tarea de la gobernanza este encomendada a los partidos políticos.

Partidos cuya brújula es lo útil, según su concepto de utilidad. Y bien lejos de la filosofía ciceroniana para quien lo útil, no estaba por encima de lo honesto. “No hay nada más útil que lo honesto” proclamaba el ilustre orador… Sin duda, por eso le acabaron… “o tempora, o mores!

A nadie se le oculta, que dentro de las intrigas de los aparatos de los partidos, la atmósfera se hace corrompida e irrespirable… Y eso de la disciplina del voto… y de otras muchas mandangas que ponen en telas de juicio la honestidad de las asociaciones políticas… Para un servidor de todas…es decir, de todas.

¡Eso de someter tu conciencia, a las exigencias de una maquinaria de intereses muchas veces inconfesables y con harta frecuencia opuesto a los intereses del ciudadano…! Pues eso, lo útil, por encima de lo honesto. Nos cargamos el “homo bonus…”

Esto lo puede escribir uno, con la clara conciencia de que su forma de pensar, no alcanzará demasiada cobertura…, ni siquiera las supuestamente progres…

Y con cierta clarividencia de que por supuesto, más que el contenido de las ideas, vale quien las dice. Es decir, la firma, que no el firmante…

También y por supuestísimo, el concepto de homo mulier bonus/a, tanto –o más- que a los políticos, cabría aplicarlo a los jueces.

Juez: homo bonus peritus iudicandi.

Hasta la pura saciedad, se ha “chafardeado”, sobre la complicidad de los jueces en el actual orden de cosas.  Y efectivamente, nadie duda de su relevancia en el actual statu quo.

Si algo tenían claro los romanos, era,  el compromiso que imprimía carácter en el jurista –y por supuesto el togado oficial-. Y no era otro tal compromiso, que el de la búsqueda y proclamación insobornable de la justicia.

Evidentemente, no se debe despreciar, la enorme dificultad que supone para un magistrado, mantener la ecuanimidad, la virtud, la prudencia ect… Y en los tiempos que corren… Porque sin duda ha de resultar terriblemente difícil, juzgar con entereza, prudencia e imparcialidad, los crímenes  y delitos de monarquías, políticos y clase privilegiadas… Porque oponerse en determinados casos a las opiniones y pronósticos de la jauría mediática, tiene que resultar comprometido y hasta peligroso…

¿Y por qué pasa esto? Entre otras razones, un servidor cree modestamente, que son demasiadas décadas en las que la magistratura se ha visto enredada o comprometida con las estructuras políticas.

El sometimiento al poder político, ha supuesto demasiados procesos espurios, donde la prepotencia, la chapuza en la instrucción, e incluso la prevaricación ha estado –los vascos lo tenemos bien claro-  a la orden del día…

Son demasiados lustros en los que la rectitud de los jueces, se ha visto depravada ante la amenaza de los políticos de moverles del sillón e incluso del empleo…

Porque frecuentemente, resulta épico mantener los rasgos de honestidad –que sin duda siempre los hubo- por parte de algunos togados…

Y es que, en la misma línea de nuestro discurso, el primer requisito que la sociedad debiera exigir a un juez/a, no podría ser otro, que el del “Homo bonus”.

Otra cosa es cuando pensamos en un financiero. Se nos puede ocurrir cualquier cualidad, pero nunca o difícilmente, nos figuraremos en su diseño, la virtud, esa benignidad del “homo bonus”.

Hoy, nadie en su sano juicio, duda de que si no enjaulamos a esta banda de cuatreros denominados financieros, la sociedad, y el planeta entero se desmorona. ¿Qué otra cosa si no significa la actual quiebra de los estados?

El financiero –es decir, las mafias: Reserva federal, FMI, OMC, BM… que juegan y organizan criminalmente  el vil metal- es el “homo perversus”.

No voy a hablar de él, porque a nadie se le oculta que su control, vamos a decir de su domesticación hasta convertirlo en “homo bonus”, puede depender la pervivencia de la especie humana.

Analicemos otro aspecto. El del odio que generamos los seres humanos. Y que nos deja un mundo insoportable. El “homo homini lupus”, de día en día deviene más estremecedor.

Cierto día, me irritaba hasta el paroxismo contemplando una de esas bestiales arremetidas  con las que graciosamente –basta con exigir cualquier derecho- nos  regalan los ojos, las diferentes policías. Todas, sean del signo que sean… Y me dije a mí mismo, ¡que románticos -o que ciegos- debieron ser algunos románticos!. Recuerdan a Schiller…: “Recibid este abrazo, este beso, hermanos, por encima del cielo estrellado…” Justamente, ni más ni menos, el abrazo que estos energúmenos acostumbran a repartir, sobre todo cuando no se usa otra arma que la palabra…

¿Se imaginan el concepto de “homo bonus”, aplicado a esos demonios fantasmagóricos, enfundados de semejante parafernalia tan negra como agresiva?

Mal asunto y malas perspectivas para la sociedad, mientras el dinero y el “orden”,  o la violencia, permanezcan en manos de  estos financieros y de esta tenebrosa pasma… porque si a esto sumamos la desvergüenza de los políticos tan desalmado que con ellos se conchaban…

Siempre se habló de la deontologías de los agentes de la información: comunicadores, periodistas etc…

El periodista podría ser un buen prototipo de “homo /mulier bonus/a. Yo nunca he dudado que los hay. Eso sí, cada día más racionados. Es evidente. El puesto de trabajo está caro y si has de mantenerte en él, no tienes más gónadas que achantar la muy ante el baranda del medio en cuestión…

Y los medios hoy día, son obscenos, torticeros, mentirosos, manipuladores, engañadores etc…etc… Al servicio del político de turno, del financiero que más unte, de la trola que más cunda…

Así es que o dices lo que digo o no lo dices.

Por eso y a pesar de tantas marañas, que todavía pueda fluir cierto aire, como que parece un milagro… Claro, que gracias a estos milagros, seguimos confiando  en ese polícromo “si, se puede…”

Máxime, después de que por fin, un buen número, no se si de ingenuos o  descabezados se han caído del guindo y ya ni siquiera en la institución monárquica -¡vaya decepción- encuentra al homo/mulier bonus/a…

Y ni siquiera en la iglesia… Y fíjese que si a alguien compete eso de la virtud, y de la bondad, debiera ser a ella… Pero claro entre pederastias, tanto afanar –que ya se les puede llamar chorizos-, tanto meterse en camisa de once varas para domeñar conciencias y sobre todo con ese anclaje tan rancio en el medievo… y con esos dirigentes que poco más se les puede pedir que aislarse en los campos de Criptana a “desfacer entuertos”, pues eso que hoy por hoy, lo del “vir bonus, dicendi peritus” y todas sus aplicaciones, se nos queda ahí, como una hermosa aspiración que pueda encandilar nuestros pasos.

Mientras tanto, nos servirá al menos, para proponerlo como lema para esculpirlo en el frontispicio de nuestras instituciones…

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua