Historia y conciencia nacional

Mikel_Sorauren

La conciencia nacional como elemento de cohesión de una colectividad política constituye una exigencia fundamental para los teóricos del Estado-Nación. De hecho estos teóricos afirman que es un elemento que no puede darse sino en la Edad Contemporánea. Con tal argumento los partidarios de esta corriente consiguen hacer del hecho nacional una realidad actual y relativizar el alcance que pueda tener la realidad de la Historia en la configuración de la Nación. El planteamiento no deja de ser interesado y parece contradictorio, al contemplar la actitud de tantas colectividades humanas que a lo largo de la Historia han luchado por la libertad o por el predominio frente a naciones rivales.

Se entiende que no se haga de la Nación una característica inamovible del individuo, pero resulta innegable la solidaridad que une a las colectividades históricas a lo largo del tiempo. Esta solidaridad que se basa en la consecución y mantenimiento de un proyecto socio-político concreto, con exclusión de otras alternativas, es lo que permite hablar de Nación y conciencia nacional. La Historia en realidad no es sino el instrumento intelectual que permite explicar la manera en la que ha tenido lugar el proceso de construcción de la nación y su desarrollo. Como producto de la razón humana supone una selección de los hechos históricos que permiten una más adecuada explicación del desarrollo del proceso histórico que ha llevado a la Nación a alcanzar el estado en que se encuentra, valorando los aspectos que contribuyen a su afirmación o negación nacional, al objeto de plantear el futuro nacional.

Quien se resiste a aceptar este planteamiento, suele ocultar sus intereses nacionales imperialistas frente a otras naciones a las que intenta someter. También esta postura puede ser resultado de cierto acomplejamiento con respecto a ideologías nacionalistas más fuertes que se utilizan con fines de imposición nacional.

Conviene tener en cuenta esta reflexión cuando desde el soberanismo navarro analizamos la cuestión nacional propia. Es cierto que con cierta frecuencia determinados sectores de nuestra tendencia incurren en una idealización de nuestra Historia en este terreno. Tendremos que reconocer que la sociedad navarra no ha sentido siempre de la misma forma la solidaridad nacional, como la sentimos nosotros. Hoy contamos con un aparato histórico amplio y complejo, que nos permite analizar con instrumentos muy precisos el desarrollo de nuestra Historia. Nos es posible –de acuerdo con ellos- afirmar que la mayoría de nuestra colectividad se ha identificado con una serie de rasgos que han permitido caracterizarla como Pueblo vasco. El idioma –Euskara- y el sistema organizativo social y político –Fueros- se han conservado a pesar de la pérdida de la soberanía.

La conciencia de constituir una colectividad nacional peculiar se conservó, aunque en muchos casos fuera de manera vaga. Es cierto que se impusieron poderes nacionales extraños –español y francés-. Nunca no obstante desapareció hacia el interior de la colectividad y en el exterior la percepción de tal identidad. En cualquier caso, el factor de dilución de nuestra identidad nacional fue exterior –el poder extranjero que persiguió nuestra asimilación-. El hecho es que resultó fácil la reconstitución de la conciencia nacional en los momentos de mayor gravedad, cuando se atacó al Euskara y a los Fueros. De no haber existido esa fuerte conciencia en el conjunto de la sociedad –y desde luego en los sectores intelectuales- no hubiera sido posible que se manifestase esa conciencia nacional, como sin duda lo hizo en el momento clave en que España y Francia plantearon nuestra desaparición. Es este un hecho universalmente reconocido.

Quienes defienden los planteamientos de los teóricos del Estado-Nación no parecen conscientes de los fuertes condicionantes que subyacen en su ideología. Afirmar que la Nación no existe hasta tiempos actuales, no deja de ser un despropósito a la vista de las colectividades que han defendido su proyecto socio-político con la misma intensidad que se hace en la actualidad. Como siempre, la referencia a la Historia entra en contradicción con su argumentación. Se cuestiona el valor de este instrumento intelectual, para terminar recurriendo al mismo.  Los actuales defensores del Estado-Nación pretenden que en este tipo de formación política se produce la identificación universal de la colectividad que la integra con el Estado concreto que se establece. Sostienen además que la voluntad nacional precede como causa a la configuración del mismo Estado. Es esta la exigencia que hacen a la existencia de una Nación, argumento que les lleva a negar la realidad nacional a otras naciones históricas. En realidad este planteamiento es resultado de las imposiciones de las revoluciones burguesas contemporáneas. Será el francés Sieyes quien caracterice a la Nación como aquel sector de la sociedad productivo, frente a la aristocracia y clero feudales y parásitos. Posteriormente asumirán esta perspectiva los proletarios mediante la interpretación socialista de la Historia. Hay, en definitiva, un hilo conductor que une a la Nación monárquica de la Edad Media con los actuales Estados-Nación europeos. Bajo el modelo de éstos pretenden organizase la mayoría de los Estados en otros continentes.

Este planteamiento puede ser objetado en su pretensión de basarse en la voluntad previa de la pretendida colectividad nacional. De hecho, la conciencia nacional de las sociedades integradas en los actuales Estados-Nación ha sido generada e impuesta por el poder político, con independencia de que el mismo tenga un origen aristocrático, burgués o proletario. He citado más arriba el caso francés que resulta paradigmático. La actual historiografía francesa, desde Braudel a Noiriel, acepta que la conciencia nacional francesa ha sido resultado de la imposición en la escuela y el ejército, a partir de la Tercera república. Es esta una realidad extrapolable al conjunto de los actuales Estados.

Pretendo con todo esto relativizar el alcance racional de ciertas perspectivas que tienden a arremeter con una interpretación de la historia de Navarra que insiste en la existencia de una profunda conciencia colectiva, remontable hasta la Alta Edad Media. La documentación histórica de Navarra recoge infinidad de circunstancias en la que aparece el sujeto político colectivo que reclama la libertad frente al poder real propio o que intenta imponerse desde el exterior. De hecho, la aparición histórica del Pueblo vasco pone de relieve la fuerte personalidad de la sociedad de este territorio como factor decisivo en la configuración del Estado navarro que terminará por asentarse en este espacio. Constituye una prueba definitiva al respecto la capacidad de esa colectividad para marcar con trazo fuerte un sistema jurídico político tan peculiar como el Fuero. El Fuero será el eje sobre el que girará desde la Edad Media hasta la actualidad la existencia de este Pueblo, al que universalmente se le reconoce como vasco y que fue capaz de constituir un Estado como Navarra, que si perdió la soberanía fue como resultado de la actuación  agresiva que ha caracterizado a los Imperios español y francés hasta la actualidad.

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua