Tras la pantomima de las elecciones, o si se quiere farsa y comedia, sin duda –al tiempo-, tendremos que asistir al drama.
Es algo que a muchos –ignoro si por más cuerdos o por más ilusos-, nos sugiere, esta abrumadora respuesta de los electores españoles, a las huestes derechistas. Esas que algunos mal pensados tachan de fascistas, o franquistas…
Repulsión y náusea es lo que nos produce esta sociedad de la banalidad, de la hipocresía, de la ramplonería, impregnada de conservadurismo y autoritarismo.
Porque a ver quien es el guapo que, por poner un ejemplo, explica que allí donde el PP –digamos Valencia-, se halla corrompido hasta las cachas, tal partido, haya arrasado…
¿Estupidez, ignorancia, aprobación de tal conducta por parte de las masas…? Pues me resulta inaudible, inaceptable, increíble.
Y que una sociedad que transige con la corrupción de sus políticos con semejante displicencia es bien preocupante. Sin duda el camino más inequívoco hacia su destrucción moral.
¿No es para producir náusea tal modelo de sociedad?
Pues sí. En estos días de campaña, muchos entre los que me incluyo, hemos debido soportar un estado permanente de náusea.
La actuación rastrera de los partidos en su propaganda electoral, recorriendo a sus acostumbradas triquiñuelas, insultos, despropósitos, mentiras… marca descaradamente la calaña de quienes han de “¿gobernarnos…?”.
Por ética, decoro, ¿no cabría exigirles otros modales? Porque más bien se comportan como comadres y compadres a la greña en patio de vecindad, que como personas conscientes y educadas que han de servir a la ciudadanía.
Sin duda que la calidad de tales políticos responde a la de quienes les votan.
Es por todo esto, por lo que como vasco, en esta ocasión con absoluto orgullo, me siento satisfecho, no sólo por el resultado, sino por la propia campaña.
Salvo quizás alguna mínima excepción, nuestra gente ha dado la talla, en la forma, en el mensaje y en la palabra.
Guste o no guste, los de allende el Ebro, deberán reconocer, que lo que aquí está en juego es otra filosofía de la vida, si se quiere otra política y otros intereses… Unos intereses, cada día más claros y apremiantes. Porque evidentemente, hoy día va a resultar tremendamente difícil, no abordar de una vez por todas el escuchar la voz y respetar la voluntad de nuestro pueblo…
Por eso siento una náusea convulsiva, cuando Barcinas, Basagoitis, Lópeces y su concomitante jarca moruna, ignorando y despreciando nuestra identidad, nuestra historia y nuestros anhelos, despotrican, tergiversan o mienten descaradamente sobre las realidades que se están fraguando en nuestros lares.
Sartre, decía que el ser humano está condenado a ser libre. Los vascos estamos aceptando sin duda esa condena. No nos encomendamos como Rajoy a Dios, para que nos saque de la crisis. Creemos en nuestra capacidad, en nuestros recursos y en nuestra solidaridad, para diseñar nuestro proyecto de pueblo…
Como dice Marcos Roitman, el orgullo de ser español, parece ser el factótum del programa de Rajoy. Un factótum resumido en el patriotismo, la fe en Dios y el garrote. Es decir, la quinta esencia del nacionalismo español. La que siempre me causó náusea.
Afortunadamente la mayoría de nuestro pueblo no acepta semejante receta, para salir de la crisis…
Lo que a muchos nos ha quedado bien claro, es que el primer paso que como navarros y vascos hemos de dar para escabullirnos de la crisis, digámoslo sin ambages, es salir de España, que ahí la cosa esta muy chunga.









