La época que me ha tocado vivir me convirtió en un asiduo lector del plumífero autor de la columna ideológica Desde el gallo de San Cernin, y emitida en el periódico que transmitió la única idea política permitida, durante los 40 años del dictador genocida.
Quien se titula como Ollarra (gallo) desde hace tantos años, muchos de ellos además de director del citado periódico, escribe para su gallinero con una prosa hiriente que se remarca entre lo cínico e irónico de la política de sótano. No se puede acusar a otros de hacer política de la historia, escabulléndose a sí mismo como lo hace, y rehuyendo reconocer la ideologización que impregna en sus artículos.
Su último artículo dominguero, “Amayur: historia y política”, sigue la senda de hacer de la política una causa nefasta, a excepción de la que el mismo prodiga: “Sobre Maya o Amayur, se han escrito disparates llevados por el sectarismo y la ignorancia”. En su aportación de nombres de atacantes a la fortaleza, imprime errores de bulto, como señalar a Mauleón con los castellanos, cuando luchó desde el campo independentista.
Decir que “la corona de Castilla concedió a Navarra el statu quo de su carácter de reino propio”, es falsear la historia a favor de la tesis del ocupante y mentir a los navarros. Y tratar como “ridículo que el episodio de una guerra civil a los 500 años se utilice como dardo político … –e- inadmisible que los que atacaron el reino, se cambien de bando por conveniencias circunstanciales”, es desarrollar tantas falsedades como palabras incluye.
La conquista de Navarra no fue una guerra civil, sino una ocupación militar. En cuanto a su utilización política actual, ninguna mayor que la que promueve el gobierno oficial de Navarra con Comisión oficial incluida, con cuatro años de antelación. Quienes atacaron al reino fueron los castellanos, y quienes podrían haber cambiado de bando serían quienes están defendiendo que los hechos consistieron en una unidad voluntaria de Navarra a Castilla, frente a la realidad de más de 12 años de resistencia armada y varios siglos de ocupación militar.
Pero los errores que pretendo reseñar son los del libro que recomienda Ollarra a sus adeptos del gallinero. “El estudio mas serio que no he visto citado por nadie –expone Ollarra- es “Amayur
La realidad es bien distinta. El libro de Gallástegui cita como caballeros a los navarros que obligadamente arrastraron carretas y cabalgaduras, para llevar de reflujo la posición del lector a su campo. Mal trago para los que sufrieron dicha humillación, si hubieran conocido la tergiversación histórica posterior, a favor de quien se aprovechó de ellos de manera tan vil.
Todo el peso de la experiencia periodística de Ollarra durante abundantes décadas se vuelca en alabanza y recomendación para el citado libro, al que no le sopesa intencionalidad política. Hay un refrán que dice que las medias verdades son peor que las mentiras. Y debemos reconocer que, tras la lamentable ocupación de Navarra, hasta quienes lucharon en su defensa acudieron a emplearlas, para regular sus situaciones.
Las consecuencias se pueden apreciar en los relatos existentes. Hubo quien aseguró que podía presentar hasta 400 nombres de guipuzcoanos que combatieron en Belate. La lista no provenía de los presentes, sino de hijos, nietos y demás que, buscando gracias y mercedes de quien les gobernaba, alardearon de que sus ascendientes estuvieron en ella. Una batalla que, como tengo escrito, nunca se produjo.
Por tanto, el trabajo de Gallástegui en Simancas, falto de fechas, constituye un cuerpo de auto-alabanzas presentadas ante los gobernantes, por personajes que aspiraban a mejores puestos, y que para ello, fingieron antecedentes familiares de servicios al sistema.
Sirviéndose de datos, sin un análisis del momento, fechas, intereses y consecuencias, los mencionados forman su relato histórico. Contradiciendo la ley matemática de que no se pueden sumar objetos diferentes, tanto Ollarra como Gallástegui suman nueces y castañas con mandarinas y limones, y en el resultado les salen frutas, quedándose tan frescos sin aproximar el detalle.
Imposible aportar a un artículo de prensa todas la amalgama de tergiversaciones que Gallástegui conforma como medio de que le cuadre su idea de que el agresor fue quien se defendía y el agredido era el ofensor. Las órdenes de militarización dadas por el virrey, con amenazas de multas, embargos y prisiones, no impiden a Gallástegui hablar de la voluntaria adscripción de navarros como fuente principal de combatientes a favor de Castilla, obviando que el peso militar empleado contra Navarra en Amaiur, consistió en cerca de 10.000 soldados profesionales al servicio del emperador.
Hasta las demandas de agravios se convierten en graciosas mercedes, cuando solo fueron vanas promesas o evasivas respuestas. Y la presencia de
En fin, el libro recomendado por Ollarra en calidad de no político, falsea los hechos también, cuando sitúa a 177 sangüesinos preparando el alarde para acudir al mandato del virrey en el castillo de Amaiur el 21 de julio de 1522, fecha en la que sus ocupantes ya se habían rendido.
Y lo hace más claramente además, cuando sitúa al mariscal de Navarra sirviendo al rey católico en 1507 y 1508 y cobrando emolumentos de 100.000 maravedíes anuales. El error, que no me consta sea producto de su pasión ideológica o deseo verdadero de engañar, es que el hecho asignado corresponde a Pedro Navarro, alias Bereterra, roncalés que sirvió al citado rey en Italia los años anteriores.
El problema mayor para Navarra y los navarros es que el citado libro constituye materia de enseñanza en la universidad de Navarra desde el curso de 2005-6, sin que este libro anti-navarro donde los haya, haya sido retirado por el gobierno oficial de Navarra, tal como correspondería, ante semejante libelo.
Es lamentable que quienes niegan el valor político de la historia se aprovechen de ésta para realizar lo que critican en otros. El fin político tanto del artículo como del libro, aparte de la multitud de groseras falsedades, queda así totalmente demostrado.









