Foralidad, leyes y monarquía

Milan Kundera dice que la lucha del hombre contra el poder, es la lucha del hombre contra el olvido.

Esta, para un servidor, incuestionable evidencia, es lo que incesantemente nos impulsa a remover las entrañas de nuestra historia. Es el convencimiento de que retos y respuestas imperiosas a conflictos actuales, encuentran luz propia en nuestro pasado. Nuestro,  por soberano  y propio.

Nuestros fueros, resultado de compromisos y convenios comunitarios, expresaban ya para aquellos tiempos, unas convicciones democráticas bien avanzadas. Todas ellas, fruto sin duda, de nuestro derecho pirenaico.

De ahí, estas reflexiones de Jimeno Jurío: “La extraordinaria semejanza que se da(ba) en las instituciones públicas y privadas de los seis territorios vascos obedece ciertamente a la unidad básica de civilización de todo el ámbito euskaro. El embrión germinal del sistema evolucionó y se consolidó en sus líneas fundamentales, cuando toda Euskalherria –el verdadero Reino de Navarra- estaba unificada bajo el poder de los reyes de Pamplona”.

Era un poder surgido del derecho consuetudinario, esencialmente emanado de la voluntad ciudadana. Vivencias y costumbres, que consolidadas como fuero, le otorgaban un valor y una potestad superior a cualquier ley y a cualquier monarquía.

No, por poner un ejemplo que tanto nos afecta, como la constitución española. Esta, como es bien sabido, fue fabricada por los representantes (según sus específicos intereses) del franquismo y de la oligarquía hispana. Y con la anuencia, cuando no con la imposición, de la iglesia y del ejército. Un trágala para un pueblo amedrentado, ignorante y resignado. Que eso era la sociedad española que emergía del obscurantismo y del terror franquista. ¡Ahora que vengan a hablarme de democracia y estado de derecho, esos impostores, imponentes padres de la patria!

Los navarros tenían bien asumido que muchas leyes nacen o nacían, con el sello de la fragilidad y que están expuestas al capricho del gobernante de turno.

El fuero no. El fuero obedece a la voluntad y a las necesidades de un pueblo. De ahí la claridad y contundencia con la que se denunciaba el contrafuero. El “se obedece pero no se cumple”.

El pueblo tenía meridianamente claro, que por encima de las veleidades del rey o la nobleza, estaba la voluntad y la conveniencia de la ciudadanía navarra.

Y que por supuesto, por encima del predicamento real, fuera el que fuera, estaba el cumplimiento y amejoramiento de nuestras leyes, es decir del fuero. A partir de aquí, la impunidad del rey era la que era.

Podríamos decir que el pueblo podía soportar –por fuerza mayor-, los crímenes y fechorías de la monarquía. Pero esto no significaba que los asumiera. Los denunciaba, porque según nuestras leyes, el rey no era impune…

Así pues nuestra sistema foral no era legalista. Era un régimen consuetudinario en el que se ejercía la primacía de la costumbre sobre la ley. Un sistema, conviene recalcar, en el que “agiornamiento” y concepciones democráticas, se conciliaban ejemplarmente.

Evidentemente, nada que ver con el derecho romano, que permitía y en su caso permite, incorporar o si se quiere destruir a un pueblo o cultura, por “rendición o asalto”.

Así se gestó España y su cacareada unidad. Así se vio, contra su voluntad, engullida toda Vasconia.

Técnicas de gestación, por otra parte perfectamente descritas en “Il príncipe” de Maquiavelo.

Técnicas, al parecer, no tan de tiempos pasados. Latentes en unas latitudes,  y en carne viva en otras. Que nos pregunten a catalanes y vascos…

Este preludio va encaminado a pergeñar unas breves consideraciones.

No tiene sentido elucubrar sobre la situación en que se encontraría el reino de Navarra, de no haber sido conquistado por Castilla.

Pero si caben ciertas estimaciones, teniendo en cuenta la dinámica que, por lo menos hasta el desastre del pacto de Bergara, comportaba el fuero.

Lo más probable es, que viendo el desafecto, cuando no animadversión, del pueblo navarro hacia la tropa monárquica hispánica,  gustosamente los habríamos destinado “ad galeras”.

Ahora nos toca soportar ciertos hábitos orgiásticos de una monarquía con su tan insufrible como ratera descendencia… ¡Que esto nos pasa por dejarnos gobernar por reyes españoles!

Siguiendo el hilo… Son numerosos los testimonios de la época carlista, que reflejan todo el amor de los vascos hacia el tal Carlos María Isidro ese.

De amor “na de na”. Puro egoísmo de los vascos hacia quien juraba y perjuraba devolvernos los fueros…

Difícil pronosticar si la continuidad de nuestro sistema foral, hubiera permitido campar a sus anchas esta babilonia de partidos.

Difícil encajar dentro de aquel sistema de auzolanes y de asambleas comunales en las anteiglesias –puro espíritu foral-,  tanta calaña –entre la cual dicen que hay inocentes como niños- de correveidiles…

Que entre ellos hay gente honesta, se nos dice… ¿Y qué? Una vez sumidos en la maldita maraña de la gobernanza, como que se olvidan hasta de la madre que los engendró..

¿Qué hubiera pasado si nuestro sistema foral con todas sus instituciones hubieran estado vigentes?

Sin duda, algo si que hubiera funcionado con más seriedad, con más justicia y decencia… Me refiero a la cosa del dinero.

Aquello de que para poder sacar del erario público hasta el más mísero ochavo, se necesitaba la aquiescencia y el concierto de tres llaves… Por supuesto, cada llave responsabilidad de una institución… ¿Y el que cada diputado hiciera declaración de bienes antes y después de su ejercicio…?

Ahora vigilarles significaría perseguirles por las islas Caimán, Zurich… Y esto nos cuesta otro bolsón… Y la cosa no está para más dispendios… Ni al parecer los jueces.

Y es que lo de los jueces es otras. Al menos cuando nuestras instituciones forales eran totalmente soberanas, nos conocíamos todos. Sabíamos perfectamente de que pie cojeaba cada toguilla y en su caso si existía el amancebamiento o se compinchaban ilegalmente…

Ahora, uno no sabe, aunque lo sospecha, qué pasa en ese gigantesco patio de Monipodio atiborrado de celestinos de la judicatura, canéforas de garitos jurídicos, culebrillas y otros purgapleitos…

De todas formas, aún reconociendo no tener nada que ver con los chamanes economistas, mi sentido común me dice que tener cerca los centros de decisión, es crucial.

Y es que eso de tener que recurrir a Madrid para cualquier rollo, vista la ralea que pulula por la corte… Y por otra parte, que aún ignorando como en las actuales circunstancias se hubiera comportado nuestro sistema foral, en sus entrañas había otra solidaridad y consideración con el ciudadano…

Podríamos hablar por supuesto, del matrimonio entre fueros y vaticanistas… Pero prefiero omitir mis opiniones. Espero que finalmente algo se prepare con motivo de la fiesta rapiñera que la iglesia católica, apostólica y romana  -en nombre de Jesús de Nazaret, eso sí-, esta haciendo con el patrimonio navarro. Navarra, es cierto que siempre se distinguió por sus afamados chorizos. Pero se presentaban mondos y lirondos, con una simple vitola, no como ahora, con báculo, birrete y pellejo púrpura.

Reconozco que todas estas consideraciones en torno a las posibilidades del fuero no pasan de opiniones. Opiniones, por supuesto, que pueden ser consideradas como meras sospechas…

Pero si algo tengo claro, es que el estado vasco, erigido en torno al reino de Navarra, fue la creación libre, consciente y voluntaria del pueblo navarro…

En cambio ¿España?. Se ha dicho de ella, que es un estado violento, de golpistas y genocidas, de ladrones, pillos y pícaros, de intelectuales cutres y pesebreros, de espíritus absolutistas, de clérigos inquisitoriales y fanáticos, etc…etc…etc…

Difícil precisar que peso de verdad y de exageración hay en todas estas apreciaciones. Lo cierto es, qué un servidor, no ve como evitar entrever  semejanzas entre la génesis del imperio español y los chanchullos de Alibabá y los cuarenta ladrones? Y eso es así.

Y que cada uno habla de la feria según y como…Ya se sabe como somos dependiendo  de la atalaya de cada uno. Y que por ello, que allende el Ebro, se nos tome a la mayoría vasca como terroristas e insolidarios…  Y en el propio contexto, que desde aquí, nos parezca que en las cloacas policiales del estado español, la justicia, la moralidad y el humanismo no tengan cabida. Eso es así y malamente se vislumbra un mínimo cambio…

Se que estas consideraciones, no han de tener venta en los grandes papeles de la corte, probablemente ni en los más cercanos. Bastante tienen con dilapidar tinta en la droga del futbol, en las patrañas del terrorismo aunque ya pierdan gas, en los rollos de la Zarzuela, o en las memeces, disparates y mentiras de estos tragicómicos gobernantes.

Me parece tan  importante el mensaje del escritor de Brno, Milan Kundera, eso de que la lucha contra el poder, es la lucha contra el olvido, que me merece la pena no cejar en el intento.