Felipe VI, el Borbón del adiós

Durante estos días se ha hablado mucho, del discurso del nuevo monarca español, en el acto de proclamación ante las Cortes españolas, tras la abdicación de su padre a toda prisa y por la puerta de servicio. Ha sido un discurso que los medios de comunicación han analizado de arriba abajo con el afán de encontrar aunque fuera la sombra de una insinuación relativa a Cataluña, al Proceso catalán o a nuevos horizontes españoles, pero no han tenido éxito. No han tenido éxito porque era un discurso que no difería en absoluto de los que ya habíamos escuchado infinidad de veces en voz del rey anterior. En este sentido, y hablando desde un ámbito estrictamente personal, confieso que los únicos discursos reales que me interesan son los que encabezan las grandes películas de la Metro-Goldwyn-Mayer, como Cantando bajo la lluvia, Un día a las carreras  o Un americano en París, a cargo del rey de la selva.

De todas formas, creo que es pertinente destacar las contradicciones del discurso de Felipe VI para que sirvan de elemento de reflexión a aquellos catalanes que aún arrastran una dependencia emocional con España:

• Felipe VI: «La monarquía parlamentaria debe estar abierta y comprometida con la sociedad a la que sirve; debe ser fiel y leal intérprete de las aspiraciones y esperanzas de los ciudadanos. […] La Corona ha de buscar la proximidad con los ciudadanos, saber ganarse su estima, su respeto y confianza. […] Deseamos una España en la que todos los ciudadanos recuperen y mantengan su confianza en las instituciones y una sociedad basada en el civismo y la tolerancia». Mientras Felipe VI decía esto, a los ciudadanos de Madrid se les prohibía exhibir banderas republicanas en los balcones.

• Felipe VI: «En esta España unida y diversa, basada en la igualdad de los españoles, en la solidaridad entre sus pueblos y en el respeto la ley cabemos todos. Caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben todas las formas de sentirse español». Mientras Felipe VI decía esto, a los ciudadanos de Madrid se les prohibía manifestarse en favor de la República y la policía practicaba detenciones.

• Felipe VI: «Quiero reafirmar, como rey, mi fe en la unidad de España, de la cual la Corona es símbolo». Mientras Felipe VI decía esto, los catalanes observábamos que era la misma vieja obsesión con la que sus antecesores han aniquilado pueblos, culturas y lenguas para imponer la identidad española, la cultura española y la lengua española.

• Felipe VI: «Junto al castellano, la lengua oficial del Estado, las demás lenguas de España forman un patrimonio común que, como establece la Constitución, deben ser objeto de especial respeto y protección, ya que las lenguas constituyen las vías naturales al conocimiento de los pueblos y son, al mismo tiempo, los puentes para el diálogo de todos los españoles». Mientras Felipe VI decía esto, la lengua catalana era descuartizada en los Países Catalanes, miles de alumnos veían impedido su derecho a estudiar en catalán en las escuelas del País Valenciano, desde Madrid se trabajaba para romper el modelo educativo de las escuelas del Principado y las Islas, quedaba desmantelada la televisión valenciana, se imponía la españolización de la televisión balear, persistía la prohibición de ver IB3 en Cataluña y TV3 en las Islas, se confirmaba el ataque a TV3 conminándole al cierre de dos canales y ordenaba la expoliación de la mitad de los beneficios del puerto de Barcelona para ahogar aún más la economía catalana.

Como vemos, todo un ejercicio de mentiras, de cinismo y de burla a Cataluña que, por suerte, no provocó nada más que bostezos y sonrisas pícaras entre los catalanes. Y es que, independientemente de los políticos que ahora intentan promover una contraconsulta sobre monarquía o república españolas para enredar y neutralizar la consulta del 9-N, la mayoría de la sociedad catalana tiene en mente un horizonte infinitamente más inteligente, más digno y más desacomplejado. Es el horizonte de un pueblo que, a pesar de haber tardado trescientos años en despertarse de una pesadilla, ha tomado una determinación que cambiará su vida para siempre. Cataluña está a un paso de la independencia, y la figura de un Felipe VI, autoproclamado rey de los catalanes en pleno siglo XXI, resulta grotesca y altamente esperpéntica. Fue grotesca y esperpéntica la ceremonia de proclamación, fue grotesca y esperpéntica su retórica y fue grotesca y esperpéntica la posterior exhibición testosterónica en forma de desfile militar. La vida, como veremos pronto, siempre sonríe con ironía: fue con el Borbón Felipe V cuando nos fueron arrebatadas las libertades nacionales y será con el Borbón Felipe VI cuando las recuperaremos. Felipe VI, el Borbón del adiós.

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