Eurorregión atlántica sin Navarra

Editorial

La CAV y Aquitania constituyen un nuevo ente de influencia política y económica en la UE, pero UPN mantiene su decisión de excluir a Navarra de un proyecto del que fue fundadora en 1991 y que perjudica a ciudadanos y empresas

La CAV y Aquitania cerraron ayer en Vitoria-Gasteiz el ciclo para crear una nueva Eurorregión de la UE que iniciaron en 199l, acto en el que no estuvo presente Navarra, la tercera comunidad fundadora del proyecto. La autoexclusión de Navarra fue una decisión del Gobierno de UPN en 2000, cuando Sanz rompió el Protocolo de Colaboración que tenía su origen en la Declaración de Ainhoa que firmaron las tres comunidades, con Alli como presidente y con UPN en el Gobierno, en esta localidad en 1993. En aquel año 2000, Sanz aceptó sumiso las presiones del Gobierno del PP para desvincular a Navarra de un proyecto del que había sido fundadora como un paso más en el proceso de acoso político y agitación mediática que impulsó el aznarismo en la CAV y Navarra. El aznarismo se saldó con un estrepitoso fracaso, pero Navarra perdió un enlace fundamental con las nuevas vías de desarrollo y cooperación que estaba impulsando la UE, en este caso la conformación de un eje atlántico. Once años después, Alain Rousset y el lehendakari socialista Patxi López -con el apoyo del PP- firman el convenio final de constitución de la Eurorregión con el objetivo de ampliar su capacidad de presencia e influencia en la Europa que viene. Posiblemente, Sanz apostaría ahora por la reintegración de Navarra en ese proyecto, pero UPN ha optado por seguir en la senda del reduccionismo institucional y la autarquía política, mientras el PSN, que siempre defendió esa vía de cooperación interregional, guarda silencio político. Es cierto que Navarra forma parte de la Comunidad de los Pirineos -Barcina es ahora su presidenta de turno-, pero las posibilidades de colaboración en una eurorregión van mucho más allá. De hecho, durante los pocos años que Navarra colaboró con Aquitania y la CAV, las tres comunidades invirtieron 3.000 millones de las pesetas de entonces en proyectos de mejora de las comunicaciones, empleo, desarrollo socioeconómico, investigación, universidad y cultura. Parece que las viejas actitudes ideológicas extremistas de UPN siguen pesando más que los intereses generales de sus ciudadanos y empresas en una sociedad del siglo XXI. En este nuevo contexto de crisis, la apuesta por una eurorregión con peso político es un instrumento de futuro. Cabe preguntarse si la mayoría del Parlamento de Navarra tiene la misma opinión sobre las potencialidades para el interés general de esa vía de cooperación que UPN se empeña en cerrar.

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