Estado de desastre, no nos falle la pasma

Pasma, madera, bofia… Antes más, grises o txakurras para los que íbamos de borrokas… En cualquier caso, para una mayoría de tirios y troyanos (sobre todo en el fuero interno) odiados, despreciados, siempre evitados como impuros.

De entre sus funciones varias, velar por el orden, que dirían los miembros de la plutocracia, los socios vitalicios de la gobernanza y en general todas las cofradías, uniformadas, sacras o laicas, de beneficiarios del “statu quo” y  monaguillos adláteres….

Para los de a pie y en general, para quienes llevamos asignados la marca de plebeyos, destacamos entre sus funciones  más expertas y talentosas, el uso de la porra, la bocacha, el guantazo, el improperio, la denuncia con o sin causa, la tortura, la impunidad…

Pero donde su celo y competencia supera los límites humanos, es en la defensa de los privilegios, abusos, arbitrariedades de políticos, banqueros, capitalistas y barandas de parecida ralea… Que son los verdaderos artífices de la España en “negro” a quienes tan ardientemente protegen y salvaguardan…

Esta idea sobre la crueldad y ferocidad de las policías,  que  oficiosamente siempre ha circulado sotto voce, hoy ya se publicita  con menos rubor y con más osadía. Siempre, eso sí,   no como un análisis  desembarazado o franca interpelación, sino con  suma caución  por temor a las consabidas secuelas…

Por eso, entre otras cosas, tratar de cambiar un sistema socio-político que podamos calificarlo de perverso, deplorable, criminal etc… resulta desesperadamente épico.

Por una parte tenemos esa gran masa social, necia, acrítica, displicentemente amodorrada y gregaria. Y por si fuera poco, además de intentar iluminar un pelín a toda esta jarcia, la gente comprometida, sin la cual jamás avanzó la sociedad un mínimo paso, ha de enfrentarse a estos –alguien les define como energúmenos o enajenados- defensores del “desorden establecido”.

Estos elementos o terrorífica –porque producen auténtico terror- madera –mossos, ertzainas, nacionales, tricornios o incluso impresentables munipas: misma camada-, que –y esto es lo más grave-, viven de los impuestos de los ciudadanos: parados, mal pagados, desahuciados etc. ¿O es que todavía no se han apercibido de donde proceden los sueldos  con los que mantienen a sus hijos, esposas, su hogar en general?

Y se supone que esa notable partida se detrae, como no, de los presupuestos del dinero blanco, que del que mamamos todo hijo de madre de los de a pie…

Pues bien, gracias a este cuerpo de hijos de no se que Dios y de “hermanas de la caridad”, el ciudadano ha de enmudecer  o temblar o inhibirse… Es decir que coartan la libre expresión ciudadana. Sin ninguna cortapisa, porque quien debiera ponerles coto, “osease”, los jueces, como que se conchaban con los desaguisados de estos servidores de la ley con excesiva reiteración…

Que dicen que nuestros jueces, son exageradamente lábiles a la hora de intervenir en apoyo de los desheredados y bla, bla, bla…

Todo este cabreado verbo, podrá parecer tamaño rollo demagógico  y quizás lo sea. Pero bueno, es lo que hay o al menos lo que se oye por plazas y cenáculos cabreados…

Que la gran mayoría sabemos que se les paga para que protejan al ciudadano y sus bienes, públicos y privados… Nunca ¡vaya estado de derecho!, para impedir que el grito de los ciudadanos y sus propuestas lleguen al palacio o a la “guarida” del gobernante. Y aún menos,  para adueñarse de las calles- que son del contribuyente-, para impedir que la ciudadanía haga sus reflexiones –que con frecuencia sólo nos permiten las calles para estudiar el cotarro- y organice sus propuestas… ¿No es eso democracia participativa…? Tan sana y urgente ella…

Y es que si el ciudadano tuviera libre acceso a los medios, sin guiones y requisitos legales… O aún más, si los propios medios fueran imparciales, no esclavizados por sus líneas editoriales, abiertos a la voluntad y al sentir ciudadanos, sin mentiras ni manipulaciones etc… Pero como de momento tal imparcialidad, no pasa de la pura utopía… Pues eso…

Muchos se habrán hecho esta pregunta: ¿si a un número x de las fuerzas represivas, perdón de las fuerzas del orden, le obligan a reprimir “ipso facto” a un ciudadano que se manifiesta educadamente por un futuro más humano y menos penoso para sus hijos, como reaccionará?

Supongamos que se está luchando por evitar las privatizaciones salvajes y a favor de una sanidad y educación dignas, ¿descargará su porra con esa brutal insania a las que tan frecuentemente nos tienen acostumbrados? Y si es una persona medianamente íntegra, ¿cuál será su grado de autoestima? ¡Vaya dilema! ¿no…? Y en caso de que ni si quiera sus mentes accedan a tales dilemas, ¡vaya especímenes de bestia! ¿no?

Y nuestra reflexión como ciudadanos: Hermanos,  ¿a quienes alimentamos y a merced de que peligrosos elementos queda la ciudadanía?

Efectivamente, tal como son las cosas hay que tener entrañas y una conciencia –o inconsciencia en muchos casos- especial para trabajar en estos cuerpos… Por supuesto, que el hambre da más cornadas… Y quien es uno para juzgar. Eso sí, ¡líbrenos Dios de semejantes prójimos, que mientras de mi dependa ya me libraré yo!

Pero un servidor, nunca ha dudado, de que los auténticos culpables de sus desafueros y brutalidades, son quienes con esas selváticas formas y maneras,  los lanzan contra una ciudanía, cuando esta se manifiesta –en el pleno ejercicio de sus derechos ciudadanos, muy por encima de las habituales triquiñuelas de los políticos- crítica, madura y exigiendo la justa gobernanza y el cumplimiento obligatorio de los derechos humanos….

Su labor, y no otra, es defender imparcialmente a la sociedad, de todas las injusticias y acciones criminales y velar por la seguridad y el bienestar de la ciudadanía.

Pero los señores políticos olvidan, que no les pagamos para que actúen como sus ayudas de cámara, o como los esbirros que ocultan sus fechorías o como sus  mesnadas contra la “vox populi”… ¡Que desfachatez, so traidores!

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua