El PSOE de Cataluña, un partido reaccionario

Uno de los efectos más interesantes que está teniendo la llamada transición nacional para que Cataluña se constituya en un Estado independiente es la volatilización de ciertas máscaras. Este efecto ya comenzó a raíz de las consultas por la independencia, cuando el PSOE de Cataluña se desnudó en el sentido más literal del término en la mayoría de municipios boicoteándolas tanto como pudo. En ese momento, habiendo recorrido el país como portavoz de una de las más cercanas a Barcelona, ya denuncié que buena parte de los socialistas, que en el otoño del franquismo habían reivindicado «¡libertad de expresión!» en los recitales de Llach y Raimon, eran los mismos que en 2009 y 2010 hacían lo imposible para impedir que la gente se expresara en las urnas. Pues bien, estamos en el 2013 y, como ven que vamos en serio y están nerviosos, se han sacado dos disfraces de una vez: el democrático y el de izquierdas. El disfraz democrático es el que dice que están a favor de la consulta siempre que lo apruebe el Congreso español. Y como ellos y el PP, en el Congreso español, tienen mayoría absoluta permanente y están en contra, la consulta no se puede hacer. Es decir, que están en contra del principio democrático más elemental. Y el disfraz de izquierdas también se les ha caído, ya que no hay nada más reaccionario que criminalizar las urnas y formar equipo con el ultranacionalismo español de PP, Ciudadanos y Plataforma por Cataluña.

 

En este sentido, la alianza reaccionaria que intentan crear los cuatro partidos mencionados en contra de los derechos nacionales de Cataluña culmina con el abrazo de los socialistas a este gran tótem de la izquierda que es Duran y con las alabanzas a este faro de la democracia de Occidente que es Mariano Rajoy. Al respecto, tanto Pere Navarro como su número dos, Maurici Lucena, se han expresado claramente. Navarro quiere que el PSOE de Cataluña haga piña con Unió, y Lucena no para de decir que coincide plenamente con Mariano Rajoy. Rajoy y Lucena, por lo tanto, tachan a Cataluña de pigmea diciéndole que «hay que ser grande porque los países pequeños no cuentan, no cuentan nada».

 

Este es el nivel intelectual del Partido Socialista y del PP, capaces de decir tales barbaridades sin el más mínimo sentido del ridículo y con el mapa europeo desacreditándolos espectacularmente. Se ve que según estos señores, Luxemburgo, Irlanda, Dinamarca, Noruega o Finlandia, países con menos población que Cataluña, o Austria, Suecia y Bélgica, bastante parecidos, no son absolutamente nadie. España, en cambio, sí cuenta, ¿verdad? En realidad, es todo lo contrario. Es España quien cuenta con estos países a la hora de poner la mano y es gracias a ellos como la Unión Europea tiene peso específico. De hecho, la respuesta que les ha dado el presidente Mas ha sido magnífica: «¿Qué es mejor, ser un país grande como España, con un 27% de paro, o ser como Austria, con un 4%?».

 

Tiene gracia, por otra parte, que la supuesta grandeza de España sea fruto de la aportación europea y de la expoliación de Cataluña. Mira por dónde, un país «pequeño» como Cataluña sostiene a un país «grande» como España. Lo demuestra el hecho de que sólo en el periodo 2006-2010, la aportación de Europa a España fue de 27.000 millones de euros mientras que la de Cataluña alcanzó los 81.000 M €. Y si añadimos que la Unión Europea tiene quinientos millones de habitantes y Cataluña sólo siete y medio nos haremos una idea de la magnitud de la expoliación que sufrimos y entenderemos el interés de los partidos reaccionarios, nacionalistas españoles y herederos del franquismo, como PP, Ciudadanos, PxC y PSOE de Cataluña, en mantener el sometimiento de nuestro país en España.

 

Cada oveja con su pareja, dice la sabiduría popular, y eso es lo que está pasando, que Navarro, Duran, Rivera, Lucena, Rajoy, Camacho y Anglada se juntan en el ámbito político por las mismas razones que también lo hacen José Manuel Lara Bosch y Javier de Godó en el ámbito económico: impedir la libertad de Cataluña.

 

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