El filósofo español José Ortega y Gasset será recordado por muchas cosas pero, en Cataluña, siempre se le asociará al término «conllevancia». Suyo es el concepto, adoptado durante los años treinta del siglo XX, que el encaje de Cataluña dentro de España no se puede acabar de completar y los problemas que origina deben tratar de saberse llevar. Con toda humildad, consciente de no tener la talla intelectual del personaje, creo que no acertó. El habría acertado si hubiese señalado que esta situación tenía fecha de caducidad.
La «conllevancia» terminó bajando por el camino del pedregal con la transición. Los poderes resultantes del régimen franquista diseñaron un Estado español que no resolvió el encaje de Cataluña -quizás porque la historia lo hace imposible- y perpetuó el «problema catalán» como un arma arrojadiza utilizada indistintamente por derechas e izquierdas españolas a la hora de ganar votos, imposibilitando la «conllevancia» porque un día u otro esto tenía que reventar. Ni el PP ni el PSOE son capaces de explicar a su electorado que deben reformar el Estado para encajar de una vez a Cataluña. Y tanto Ciudadanos como Podemos están demostrando que tampoco lo podrán hacer.
Ningún político español que opte a ser el inquilino de la Moncloa puede ir a Aragón y decirles que eso del corredor central no se puede hacer. Ni puede anunciar en los territorios del sur del Estado que se quedarán sin «peonadas» porque hay que invertir en economía productiva. Ni puede ir al norte y explicar que el AVE se debe dejar a medias. Ni, por supuesto, puede facilitar una consulta como hizo David Cameron.
En Cataluña, fruto de las elecciones municipales, hay un aura de pesimismo entre el público independentista a raíz, sobre todo, del triunfo del indeterminismo de ‘Barcelona en Común’. Y los partidos, especialmente CDC y ERC, han intensificado la batalla por liderar el soberanismo. Es difícil aclarar si la lista unitaria y la visibilización de un líder sería la apuesta más segura, o si la diversidad de opciones independentistas puede sumar más apoyos. Sea como sea, intentemos no hacernos daño y ser serios. Está bien ir al grano y es comprensible tener prisa pero, tranquilos, que si desde 1714 no lo han podido arreglar, tampoco lo harán en dos días.
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