El fin del comienzo

Winston Churchill, dejando de lado la simpatía que pueda tener o no por sus ideas, es aclamado en todo el mundo por haber hecho algunos de los mejores discursos de la historia. Uno de los que siempre he leído con mucha atención fue la respuesta a la victoria aliada en la segunda batalla de El-Alamein. Había una excitación enorme, pero Churchill supo encontrar el tono necesario, moderado al tiempo que incitador y emotivo: ‘Esto no es el fin de nada, ni siquiera el comienzo del fin, pero esta batalla marca el fin del principio’.

La batalla que hemos vivido estos meses, muchos de nosotros con una profunda estupefacción, era también el fin del comienzo. Si no hubiera habido acuerdo seguramente nos habríamos quedado paralizados durante muchos meses, posiblemente años, y los dos partidos principales del independentismo se habrían devorado entre ellos, haciendo inútil cualquier paso adelante que nadie habría intentado.

Y, sin embargo, la bola del acuerdo ha rodado descontrolada, como dije anteayer que pasaría. De repente, nos hemos encontrado en una nueva fase del proceso, aún sin haber tenido tiempo ni de digerirlo. Malheridos todavía y algo aturdidos. Pero de pie y con la mirada limpia y despejada.

CiU y ERC nos han hecho sufrir mucho, sí. Pero ayer supimos que, durante las semanas más oscuras, dirigentes de todos los partidos soberanistas, no sólo de estos dos, fueron capaces de mantener reuniones para dibujar esta hoja de ruta que nos anuncian. La rabia legítima que muchos hemos oído a raíz del clima de violencia partidista que se había creado debe tener en cuenta, para ser justa, también la contrapartida que hemos sabido ahora. Y las cosas se ven de una manera muy diferente a sabiendas de que aun cuando los Tweets eran más asesinos no dejaron de hablar y de intentar el acuerdo. Este es, ciertamente, el camino.

En el proceso hasta ahora ha habido demasiado emotividad. Seguramente era imposible el evitarlo, pero espero que unos y otros hayan aprendido que no nos interesa nada si se quieren o no se quieren, sino si nos sirven o no para alcanzar la independencia. En este sentido, el nuevo pacto basado en crear leyes, hacer decretos y forjar estructuras es un pacto más creíble. De hoy a septiembre, Convergencia y Esquerra (y estoy cierto que la CUP también) tendrán mucho trabajo. Tenemos un parlamento donde son mayoría, tenemos una ruta que comparten, tenemos la seguridad de que al final de este período, en el que no pueden hacer nada sino trabajar codo con codo, será la cita electoral definitiva. Que será cuando votaremos si queremos la independencia, sabiendo cómo la haremos.

La batalla ganada ayer no es el fin de este combate, ni el comienzo del fin del combate. Pero marca el fin de las vacilaciones y de las frivolidades y proclama que ahora es la hora de la política de verdad. Ayer Mas y Junqueras, con la ayuda de la sociedad civil, vieron cómo el precipicio se abría bajo sus pies y reaccionaron como lo hacen los políticos de verdad: impidieron el desastre, negociando, cediendo, encontrando los puntos de acuerdo que se pensaba que no había. Bienvenido sea, pues, este cambio porque quiere decir que en ocho meses, si no repetimos los errores, podemos estar en condiciones de ganar no unas elecciones, sino la independencia. Y eso es una buena perspectiva cuando, hace tan solo veinticuatro horas, muchos, aquí y allá, simplemente consideraban el proceso enterrado.

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