El euskera estorba

LOS fascistas decían que el diablo dijo agur por no decir adiós. En mis años de trabajo tuve que aguantar burlas y desprecios hacia nuestra lengua, aun cuando yo no la dominé, a cargo de clientes, personas anónimas y algunos exaltados que se pasaban todas las metas admisibles, desde la más supina ignorancia hasta el odio mal contenido.

Muchos de aquellos personajes siguen sin modificar su actitud; ni que fueran contemporáneos de Elio Antonio de Nebrija (1444/1522), humanista español quien desde su Gramática -primera de la lengua española- soltaba perlas del más acérrimo nacionalismo, integrado en el Imperio donde no se ponía el sol: «…después que vuestra Alteza metiese debajo de su yugo a muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas; y una vez vencidos, aquellos tenían la necesidad de recibir las leyes que el vencedor pone al vencido, y con ellas nuestra lengua», añadiendo que «no solamente los enemigos de nuestra fe tienen la necesidad de saber el lenguaje castellano, mas los vizcaínos, navarros, franceses, italianos y todos los otros que tienen trato con España». Cito solamente otros dos contenidos de la citada Gramática: «…siempre la lengua fue compañera del Imperio» y terminar regodeándose con que «…después de que los enemigos fueran vencidos por la guerra y por la fuerza de las armas, no queda ya otra cosa sino que florezcan las artes de la paz. Entre las primeras, aquella que nos enseña la lengua».

Coincidiendo en el tiempo acaban de suceder dos hechos que resucitan, una vez más, la vieja batalla española. La autorización del Senado, para que sus miembros puedan expresarse en sus lenguas autonómicas -euskera incluido- y la perorata de Patxi López, en la que se le ha escapado decir que «el terrorismo ha condicionado también el idioma». Por lo visto el franquismo lo impulsó, la derecha española lo enamoró, el socialismo lo defendió a muerte…; ¡Patxi, para el carro, que descarrilas!

Todas las excusas y desmentidos están de sobra. Nuestro pueblo sabe de siempre que el euskera les rompe todo el discurso centralista. Nuestras seculares raíces no concuerdan en absoluto con su sagrada unidad de España, lo que les pone frenéticos, al no encontrar un solo argumento sólido que llevarse a la boca. «España es una unidad de destino en lo universal. Toda conspiración contra esa unidad es repulsiva. Todo separatismo es un crimen que no perdonaremos» (los XXVI principios del Movimiento).

 

Publicado por Noticias de Alava-k argitaratua