El acuerdo de la hoja de ruta, pendiente de la incorporación segura de la CUP y de Unión, cierra una etapa del camino hacia la independencia que ha durado demasiado. Al día siguiente del 9-N (qué poco sabemos de rentabilizar las victorias …) se abrió un periodo de pelea política entre los partidarios de la independencia que ha sembrado dudas sobre el sentido de Estado de nuestros dirigentes políticos. Y, lo que es peor, esta pelea de gallos –propiciada por los intereses partidistas de algunos– ha impedido el atraer a los que tenían pendiente de decidir el sentido de su voto. De hecho, les ha alejados más que nunca. El grueso de indecisos que se ha definido estos últimos meses se ha decantado mayoritariamente en favor de España porque prefirió un malo conocido que un loco por descubrir. Por más que queramos creer lo contrario, lo que hará decantar a los que todavía no se han pronunciado en favor de la independencia no serán los argumentos y las listas de agravios, sino la confianza en la capacidad de este país de un paso de gigante sin que se produzca el caos.
Esta idea de ir a convencer indecisos, aparte de ser paternalista, es un error colosal. De entrada, habría que poner en duda la categoría ‘indecisos’, que es como un cajón de sastre poco serio. A continuación, hay que ponerse en la piel de aquel que, después de todas las agresiones y las discriminaciones de España contra los catalanes, aunque no se atreve a votar por la independencia. ¿Está seguro de que necesita más argumentos? ¿Desea decir que no los sabe todos, a estas alturas? ¿Seguro que los convencidos somos unos seres superiores que vamos a explicar la palabra de Dios a los descreídos? Recordemos que, después de haber hecho todos los milagros inimaginables, el mensaje definitivo de Jesús fue el propio sacrificio y la resurrección.
¿Qué quiero decir? Que el mejor mensaje es el ejemplo. La independencia pedirá algunos sacrificios a corto plazo a cambio de obtener beneficios inmensos a plazo medio y largo. ¿Y cómo pueden pedir algunos políticos que la gente se sacrifique si ellos demuestran que no tienen intención de hacerlo? ¿Cómo hemos de querer obligar a hacer renuncias a los ciudadanos si vemos que los máximos dirigentes no están dispuestos a hacer pasar el país ante los partidos? La independencia no será el resultado de un proceso evangelizador y los independentistas no saldremos haciendo de testigos de Jehová que llaman a los pisos de los pobres infieles. La independencia será posible si los que deben asumir la máxima responsabilidad política en la construcción del nuevo Estado son capaces de generar confianza y seguridad. Todo el mundo está dispuesto a sacrificar el presente si sabe que el futuro será mejor. ¿Quién no quiere sacrificarse por sus hijos? ‘
‘Si quieres construir un barco, no empieces cortando la madera y distribuyendo el trabajo. Primero transmite a tus hombres el anhelo del mar libre y abierto’. Antoine de Saint-Exupéry lo expresaba de esta manera tan bonita. Y es importante hacer notar que decía ‘transmite’ y no ‘cuenta’. Hay que transmitir confianza. Y esto no se hace con reproches ni pendencias constantes entre los partidos que se han comprometido a construir la libertad. El mensaje de los políticos debe ser: ‘Somos diferentes. Tenemos ideas diferentes. Nuestras formas de hacer política son diferentes. Venimos de tradiciones diferentes. Pero estamos dispuestos a darnos la mano y trabajar como un solo equipo para conseguir un objetivo que es bueno para todos: la independencia. Haremos los sacrificios que haga falta y aplazaremos nuestros intereses particulares legítimos. Cuando seamos un Estado, estaremos en trincheras diferentes, pero ahora vamos juntos porque eso nos hace más fuertes. Ganaremos’.
El día en que CDC, ERC, CUP, Unió y todos los que se quieran añadir envíen este mensaje conjunto, ese día comenzará el verdadero camino hacia la independencia. Mientras tanto, quien quiera convertirse pobres infieles, cargado de magníficos argumentos, se estrellará contra el muro de la desconfianza. O nuestros partidos dan un paso adelante todos juntos y envían este mensaje al mundo, o no lo lograremos. La fe ciega no existe, ni nos conviene. Necesitamos liderazgo con ejemplo. Necesitamos generosidad. Necesitamos confianza y unidad. El 27-S conviene que a la hora de votar los amarillos, los verdes, los rojos o los azules, todos los catalanes sepan que, en el fondo, votan el arco iris de la independencia.
VILAWEB








