El encercamiento

Las elecciones municipales y los pactos de gobierno posteriores no han ayudado nada a avanzar por la vía hacia la independencia. Las interpretaciones de los resultados que decían que el soberanismo avanzaba han sido entre cándidas y malintencionadas. Al contrario, las municipales han acentuado la complejidad del proceso y han mostrado con crudeza sus trampas, sus ingenuidades y sus límites. Si alguien contaba que después de las municipales el camino quedaría desbrozado, ya se puede olvidar: se ha terminado de cercar.

El obstáculo principal ya se había puesto en evidencia el pasado otoño. Tenemos unos partidos -Viejos y nuevos- pensados para un modelo autonómico y les es muy difícil comprometerse por la independencia sin asumir el riesgo de una radical transformación, por no decir de su desaparición. Por lo tanto, la mayor parte de resistencias lo son de mera supervivencia. Para los unionistas, combatir la independencia es la razón de ser. Pero para los ‘derecho-a-decidistas’ también es un estorbo. No cuestionan nunca la soberanía de España, y cualquier futura ruptura interna la condicionan a procesos constituyentes que deberían pasar por una hipotética y muy lejana reforma de la Constitución española. La declaración unilateral de independencia, según Gemma Ubasart, secretaria de «plurinacionalidad» -un término más apolillado que la monarquía- de Podemos, es «un callejón sin salida». Vamos, que «no se puede». Y ahora se ha añadido Arcadi Oliveres de Proceso Constituyente: todo sea por la confluencia electoral de dicha izquierda rupturista. He aquí, pues, la tercera vía en la que fracasaron Duran y el Puente Aéreo, ahora de izquierdas.

En realidad, la independencia de Cataluña es un obstáculo para los objetivos políticos más inmediatos de esta izquierda, que son las elecciones del 27-S y, sobre todo, las generales españolas. El combate por la justicia y los derechos sociales queda circunscrito al ámbito español. Y Ada Colau se ofrece generosamente a ir de la mano con Artur Mas para reclamar las deudas fiscales a Madrid. Estupendo: ahora, sí que el gobierno del PP les hará caso… Como se suele decir, «ara ve, que vol dir moro!» (*). En definitiva, que retrocedemos diez o doce pantallas, hasta el 2003, como si no hubiéramos aprendido nada del fallido proceso de reforma estatutaria.

Lo que más sorprende de todo es la ingenuidad de los que piensan, desde el independentismo de izquierdas, que podrán reconducir esta corriente política, ahora eufórica, hacia el soberanismo. Como twitteaba Domingo Ramón Masramon, citando a Karl Popper, «una de las tareas más difíciles a las que se enfrenta cada generación es aprender de los errores de las que la han precedido», incluso para los historiadores. Con todo, adelante con los faroles: los que confíen en los procesos de conversión exprés, que lo prueben. Pero, después de todo el camino hecho, encuentro naíf y decepcionante esta condescendencia con la tercera vía, sólo por el hecho de que ahora es de izquierdas. Y me puedo equivocar, pero lo más probable es que ocurra todo lo contrario: que sea el soberanismo de izquierdas el que derive hacia propuestas para aplazar la independencia -incluido el 27-S-, dejándolo en ‘standby’, a la espera de los grandes cambios que han de llegar a España. Lo hace sospechar este rápido cambio de ‘frame’ que está sustituyendo la Cataluña independiente por la República Catalana -lo analizaba muy bien Lluís Bou en El Singular-, un espacio de ambigüedad más cómodo para soberanistas y no soberanistas.

Al final, sin embargo, lo más espectacular sería que el 28-S nos encontráramos con que los únicos que han quedado verdaderamente chamuscados por la apuesta independentista, manteniéndola hasta el final con coherencia -y ahora que la UDC y Duran se van a descolgar-, fueran Convergencia y particularmente el presidente Mas. ¡Quién nos lo iba a decir!

 

(*) Nota del traductor.

Juego de palabras en catalán. «ara ve, que vol dir moro!» o «árabe, que vol dir moro!». «¡Ahora viene (árabe), que quiere decir moro». Supongo que semejante al «para este viaje no hacían falta alforjas» en español.

ARA