El ejercicio democrático en los estados canallas

Jacques Derrida califica como estados canallas a aquellos en los que la razón del más fuerte -el estado-, es por una parte el motor de la gobernanza y por otra, el que regula tanto la soberanía, como las iniciativas ciudadanas.

Esta situación suele conllevar que las sagradas funciones del  estado “democrático” se concreten garantizándose con  la  función policial, con una anuencia tan desmedida como escandalosa.

S. Tomás, el Padre Mariana y los más prestigiosos juristas de la Escuela de Salamanca del s.VI., ya nos hablaban de la legalidad del tiranicidio.

Pero tan pernicioso o más que un tirano, pude ser un gobierno cuya política conduce al ciudadano por un mar tan proceloso como caótico. Caos, donde la economía,  la justicia y el bienestar social, la cultura… y en general todos los aspectos relativos a los derechos humanos, presentan un preocupante estado de descomposición.

¿Estaría obligado moralmente un ciudadano, en tal contingencia, a derrocar  a un estado semejante, como si se tratara de un vulgar tirano? Sin duda, y en este sentido habrá que entender, cuando no apoyar, a movimientos soberanistas, al 25 M, el 25 S y tantos otros que se enfrentan a este “statu quo” tan corrompido.

Y existe otra pregunta: como vasco, o catalán, ¿en tales circunstancias, no sería justo y legítimo como pueblos que luchan por sobrevivir,  escapar de semejante naufragio?

Sobre todo, cuando España, históricamente, ha resultado ser un mejunje oscurantista, político-religioso… que social y culturalmente ni avanza, ni permite avanzar.

Ya hay quien se pregunta si realmente fue alguna vez un estado nación.

Ilán Semo  escribe :“¿Cómo explicarse en pleno s.XXI,  en un régimen que se ufana como sello de origen de su carácter democrático, que una mayoría parlamentaria ponga a una sociedad (la catalana) entera, en la ilegalidad completa, al desautorizar como inconstitucional, cualquier intento  de referéndum para sufragar si se queda o no en España? No es historicismo; es simplemente paranoia”.

Sería de rigor, que los españoles analizaran las causas de la voluntad segregacionista  de vascos y catalanes.

Porque no son exclusivamente –con ser mucho- razones históricas  y los profundos conflictos culturales y de identidad…

Es que España, se empeña en mantener –y esto ya resulta atosigante- su secular trayectoria de atraso y descomposición. Y en esta trayectoria, nos involucra fatídicamente a los pueblos, involuntaria o violentamente, incardinados en el estado.

Y esta, si es una razón bien urgente, para ante la negrura de un porvenir hispánico, decidir  soberana y democráticamente nuestro destino.

Hoy somos testigos de que aquellas, tan cacareadas, bondades de la transición, no pasaron de ser puro espejismo.

España parecía haber descubierto el camino de Europa. Encontraba la receta para abjurar de tanto retraso y precariedad…

Todo resultó pura patraña. No se había producido la más mínima transformación, porque probablemente nunca se había intentado sinceramente.

La profunda debacle del tejido social, una burocracia vieja y zafia, instituciones decimonónicas, un sistema financiero basado en la picaresca o en su caso en el chanchullo, una Iglesia cerril y obsoleta, cuando no inquisitorial…

Eh ahí los ingredientes  que generaron semejante atraso. Justamente el que nos ubicó y  aún hoy día, nos sitúa, en este desfase, sobre todo económico, democrático y cultural,  con Europa

Y es que los argumentos que están tejiendo contra la proyectada consulta catalana son abominables. Mas que pobre,  deplorable, resulta la dialéctica oficial. La de los políticos, tan endémicamente carpetovetónicos, y la de los “intelectuales” del nacionalcatolicismo.

En definitiva, estamos contemplando  el auténtico rostro del franquismo, llámese Gallardón, Wert, “tea party” español o caverna mediática, el Mundo, la Razón, Intereconomía y sus inagotables epígonos…

Franquismo o si se quiere neo-franquismo, en estrecha colaboración –aunque vayan de funambulistas, se les ve el plumero- con el PSE y otros partidos unionistas, saben que cualquier razonamiento contra el derecho a consultar a un pueblo, no resiste la más mínima controversia.

Tratan en todo momento de disfrazar su visceral oposición a todo lo que suene a referendum o consulta, con arteras artimañas legales o constitucionales… (constituciones que cuando les interesa se las pasan por el arco de sus vergüenzas).    En realidad, son plenamente conscientes de que el único argumento que les queda para oponerse a algo tan democrático –tan humano- como escuchar la voluntad de un pueblo, es el recurso a la violencia…

Lo intentarán, pero claro, todo apunta a que hoy no estamos en el 1936… Aunque pensando en ciertos bestias, nunca se sabe…

En general –existen sus más y sus menos y honrosas excepciones-, el análisis de los estados modernos, nos lleva a la conclusión de que buena parte de estos estados, olvidan su cometido para el que fueron elegidos. Muchos de ellos  acaban convirtiéndose en una fuerza especial orientada a la represión de las clases oprimidas.

Se trata pues de los estados canallas. Los que habitualmente olvidan el dicho de que quien sembró tiranías recogió violencias. Y sobre todo –al fin siempre nos queda una mínima esperanza-, que las masas laboriosas a lo largo de la historia, en el momento más insospechado, han sido capaces de cambiar sus  goznes,  caminando hacia  otros horizontes más justos y humanos.

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua