Disonancias lejanas: aquellas que nunca encontraron una navidad armónica, porque nunca se terminó el grito unas veces silencioso, otras veces a duras penas contenido, pero siempre desgarrador, de las entrañas de muchos holocaustos.
La asociación de Republicanos de Cárcar, denuncia la insensibilidad del PSN –de UPN, no cabía esperar otra cosa aferrado al guión fascista “fundacional”-, renegando de la memoria de sus antepasados, víctimas del franquismo, “nora doa halako txingote? Pues, bien cercana tienen la tragedia que vivieron muchos de sus compaisanos, alguno incluso próximos antepasados.
O son ciegos o redomados sinvergüenzas. Se lo que son muchos de ellos, pero me lo callo por aquello de no herir sensibilidades.
Algo debieran saber de las frías o vergonzosas navidades de la posguerra, en la gélida casa de muchos de sus convecinos.
¿Frías? A la buena y sufriente señora Eulalia, el capataz del rico del pueblo, le prohibió entrar a una viña a recoger sarmientos. No quería manchar aquellas tierras con la huella de la viuda de un rojeras. ¿Se intoxicaría el vino? Y tampoco es que su marido hubiera sido un rojo por acudir, una o dos veces y casi por inercia, a una reunión de la UGT. Que trabajaba de sol a sol y no le quedaba tiempo para politiqueos. Pero claro, los chivatos del cura apuntaban todo. Y un buen día, en la plena efervescencia del treinta y seis, se lo llevaron para un asuntillo sin importancia y se lo cargaron. Y allí quedó la viuda, con cuatro hijos, el mayor de siete años, más rota y desasistida que un polluelo perdido -son sus palabras-, en el secano.
Así, que me contó, que en aquellas crudas navidades, ella no estaba ni para adestes fideles, ni villancicos y que ir a la iglesia era su mayor tormento, que si no acudías te echaban del púlpito y vete a saber…
Allí en la última fila, envuelta en una toquilla a puros zurcidos, el rostro velado por una mantilla bien negra e intensa, para ocultar la rojez de sus vergüenzas…
Pasaba por eso, como había pasado por el afeitado de la cabeza y las purgas que te dejaban el intestino estrujado y otras muchas injurias, pero por lo que no pasaba, era por que en una noche de navidad, justamente le llegara para dar a sus hijos un escaso plato de patatas con berza….
Cierto que siempre había algunas almas caritativas –al infierno lo de caritativas, honestas-, que así, como con miedo y suma discreción, le pasaban alguna cosilla. Una de ellas por cierto, la mujer del cabrero. Siempre había una jarrita de leche, por lo menos con leche, se hacía más tragable el pan duro…
Los tiempos cambiaron y pudo ver a sus hijos bien situados. Murió la señora Eulalia, pero nunca olvidó, nunca le vi una sonrisa abierta, nunca sabré si por fin, dejó de sentirse acogotada por tan lacerantes vergüenzas, nunca sabré si perdonó.
Pero algo que quedó meridianamente patente, es que nunca nadie le pidió perdón. Y conste, que los que ejecutaron a su marido, tenían nombre, apellidos y toda la insolencia e impudicia del mundo para vivir como dignos ciudadanos, cuando no orgullosos de sus crímenes.
¿Hay que hablar de las víctimas?, pues hablemos, pero de todas.
Y cómo de mi buena Eulalia, de tantos otros miles de holocaustos en Euskalherría.
Y ahora podríamos glosar algunas de las muchas disonancias actuales, para quienes tantas cutres y sinsorgas armonías navideñas, son como latigazos en el rostro.
Hoy, la “santa-madre-iglesia”, la romana esa -que en mi modesta opinión, ni es madre, ni santa, ni iglesia, sino mafia-, en la actual contingencia, debiera transmutar la feria navideña, en semana de Pasión.
Y concretamente en nuestra tierra, en lugar de andar enmierdada y ofuscada en el ladronicio de las inmatriculaciones, dedicarse a condenar, profetizar, anatematizar a políticos y banqueros y por supuesto, entregar sus enormes posesiones a sus respectivos dueños, el pueblo. Y no andar robando por ahí con bastantes peores mañas que los vulgares chorizos.
Porque claro, pedir a la mayoría de los políticos –con sus intocables monarquías-, fabricados con la misma madera que los delincuentes bancarios, que ejerzan la justicia y los auténticos derechos democráticos con sus ciudadanos, como que hoy por hoy resulta vano e improcedente.
Que aunque teóricamente se les vota para que nos aseguren el trabajo, el pan, médicos, docentes, cultura, menos aparatos represivos, no están por la labor.
En estas las navidades que nos ofertan, por muchos adestes fideles y discursos de su alteza que nos endilguen, de Belén nos vendrá una burra guiando reatas inacabable de acémilas colmadas de recortes, privatizaciones, paros, hipotecas sangrantes…
Así que por humanidad, que no nos atiborren con tanta disonancia. Hoy, suenan tristes, dolientes, sarcásticas, estremecedoras…
No se si otro Dios volverá a nacer, pero de hacerlo que se de prisa. No solo porque la humanidad sufre con dolores de parto, sino porque el redoble de los tambores de guerra del FMI, BM, banco central Europeo… etc…etc… anuncian debacles y catástrofes.
Y la humanidad urge algún tipo de Dios que detenga esta sinrazón, a no ser que los pueblos, uno a uno, recobren su perdida dignidad, crean en si mismos y de una vez por todas, se emancipen de políticos y delincuentes financieros…
Pues eso, que no son tiempos ni de adestes fideles, ni de noches de paz, ni de burras bethlemitas…









