El último libro de Víctor Alexandre habla sobre la abolición de las corridas en Cataluña. Los valencianos llamamos ‘corridas de toros’, pero en esta ocasión, decirlo haría pensar que se han abolido también los encierros, y no es así. Por otra parte, llamar ‘corrida’ parece que hace más justicia al origen y la esencia de la Fiesta Nacional.
Se trata de una novela en clave irónica , que retrata la sociedad catalana desde la óptica de los toros. No sólo los intereses humanos que justifican este fenómeno de la tortura de animales como espectáculo público, sino desde la sorprendente perspectiva de unos personajes que -a pesar de los cuernos- son sorprendentemente humanos.
Víctor Alexandre escribe como piensa y piensa como vive, con una honestidad radical. Su pensamiento es un potente reductor de la ambigüedad. Y no lo es porque simplifique la realidad, que no lo hace, sino porque actúa como el filo de una navaja, que deja bien descubiertas las auténticas posiciones de cada uno. El estilo directo y la argumentación sin concesiones no dejan ningún espacio para la ambigüedad calculada en la que no pocos políticos están instalados desde hace décadas, y que ello -deberíamos reconocer- a menudo nos resulta cómodo a todos.
La abolición de las corridas de toros generó mucha polémica, y quizás aún lo hará si el sistema judicial español -haciendo gala de su proverbial espíritu democrático- llega a optar por dejar sin efecto la decisión mayoritaria del Parlamento de Cataluña. Buena parte de los argumentos de los defensores del espectáculo taurino se centraban en el carácter de reivindicación independentista que atribuían a la propuesta abolicionista. Por su parte, estos insistían en la naturaleza animalista de su reivindicación. Ambos puntos de vista quedan bien dibujados en la novela, y la solidez y la potencia de los diversos argumentos está bien representada.
A mí me gusta especialmente que esta novela nos ofrece la oportunidad de hacer múltiples paralelismos e interpretaciones respecto a quiénes son o qué representan los personajes que aparecen. Quizás algunas coincidirán con las que el autor había previsto, y de otros, no. No importa. El ejercicio es francamente divertido, y las reflexiones a que el escritor nos aboca, sin llevarnos a ellas de la mano, nos permitirán repensar estas -y algunas otras cosas- desde una óptica diferente. Como con los otros libros de este autor, el beneficio no se acaba al finalizar su lectura. La actividad neuronal que su pensamiento afilado evoca, seguirá siendo beneficiosa (para cerebros no oxidados), días, semanas y meses después.








