Constitucionalistas navarros y navarristas

La división en constitucionalistas y nacionalistas, que el corifeo de UPN y satélites hacen de los navarros, más que restrictiva, resulta torticera y cínica.

Torticero es que conscientemente se tergiverse o trafulque el ideario y el mensaje de los que no piensan como tú.

Cínico, que quienes por espíritu y trayectoria siempre rehuyeron -cuando no arruinaron sangrientamente-, normas constitucionales, se nos disfracen ahora de paladines legislativos.

Al Sr. Sanz, los nacionalistas parecen avinagrarle sus digestiones de 400 Euros. Oculta deliberadamente que si algo reclamamos y por algo nos movemos es por el derecho a decidir libremente. Y evidentemente, para que se devuelva a Navarra la soberanía que violentamente nos arrebató España. Y hará lo indecible para que el contenido de nuestro mensaje no penetre en la conciencia de los navarros.Y con él, el deseo de otra constitución, no la que «manu militari» España nos impone.

Me imagino que el Sr. Presidente sabrá que fuimos un estado plenamente soberano y que Navarra nunca renunció a él.

Es por lo que al «Visorrey» corellano le exigiría que, con un mínimo intento de honradez y equidad, se atuviera a la realidad y que, cuando de suelta a sus exabruptos, defina con justeza la situación real de Navarra.

De una vez por todas, D. Miguel, en Navarra, a pesar de tantas adversidades, las cosas son como son, no como le gustaría a su señoría. Están ustedes, los «constitucionalistas navarristas españoles» y nosotros, «los constitucionalistas navarros y euskaldunes». Y es en estos términos en los que los navarros soberanistas queremos ser definidos.

Luego esta esa masa, más o menos amorfa, que parece vegetar entre ambas opciones políticas, y cuyas dimensiones y tendencias siempre nos parecen confusas. No me atrevería a calificarlos, pero tengo la sensación de que interesa que sigan ahí, bien despistados y abúlicos…

Pero el asunto no es tan simple. A mi entender, la idea de constitucionalismo de unos, los navarros y euskaldunes y la de los de enfrente, los navarristas españoles son incompatibles. Probablemente porque en el espíritu del fuero navarro, siempre estuvieron presentes las leyes y los órganos institucionales que crea un pueblo soberano.

Para nosotros, la norma, el fuero es algo dinámico absolutamente incorporado a los avances tecnológicos y humanísticos. Nunca inmutable, sino permanentemente interpretado y transformado por la voluntad y las iniciativas de la ciudadanía.

Para los navarristas, posiblemente debido a su inexistente tradición y hábitos democráticos, el hecho constitucional no pasa de ser puro formulismo y formalismo. Nada que complique el uso, abuso y blindaje del poder caciquil y de los injustos privilegios sistemáticamente usurpados al pueblo.

Cuando se gestaba la Constitución de Cádiz, sus redactores -hecho destacado por los estudiosos de Nabarralde- ponían como modelo la organización administrativa y legislativa de las cortes de Navarra. Estamos hablando de 1812 y para entonces los navarros ya llevábamos siglos de aprendizajes democráticos.

Evidentemente, tanto el documento como el mensaje han sido pertinazmente silenciados por los españoles.

¿Qué debemos pensar los navarros, de un estado como el español, que décadas después arrasa a otro estado cuyo sistema foral había propuesto como modélico?

¿A dónde hubiera llegado la soberanía Navarra si España, con guerras y represiones no hubiera interferido en la voluntad de los navarros. Cierto que España, si acabó quebrando nuestra soberanía, no remató la labor sin los navarristas de turno. Quizás hubiera sido igual. Pero no es lo mismo.

Cuando los navarristas hablan de constitucionalismo, sin duda se están refiriendo a una situación, donde el ciudadano vota cada cuatro años, retorna a su poltrona y deja la «res publica» en manos de los empresarios políticos de turno. Porque hoy con el neoliberalismo las constituciones han devenido prostituciones.

Cierto es que el ciudadano se ha abotargado o lo han abotargado y sus derechos, su voz y sus silencios son vergonzosamente desestimados. Y es que la calidad democrática de los estados es bajísima cuando no inexistente.

Es justamente en esos parámetros, donde la actuación de los políticos resulta incontrolable, ya que ellos controlan todas las instituciones, donde se mueven como pez en el agua nuestros navarristas. Y es en este «ambiente constitucional», y sólo en este, donde no tienen ningún rubor en farolear de constitucionalistas.

Sus tejemanejes, nunca hubieran podido soportar el control ejemplar que las viejas instituciones navarras -comptos, diputación.…- ejercían sobre los políticos…

Que quede pues bien claro. Los nacionalistas, o soberanistas, o abertzales, como Vd. guste señor presidente, ante todo somos constitucionalistas. Ese y no otro es nuestro mensaje, una constitución soberana para el estado vasco de Navarra.

Su constitucionalismo, señores navarristas, sigue cojeando del mismo pie que cojeó en las de 1812, 1837, 1845, 1869, 1876 y 1931, y es que si se ponen pelín exigentes, controladoras y democráticas, les crean serios problemas a sus andanzas. Y ustedes al parecer han entrado en la democracia, pero la democracia nunca entró en ustedes… Y de momento si nos atenemos a sus modales, parece que tal identidad va para largo.