Conformismo y crítica para la vida en sociedad

Aceptar el conformismo como forma de protección y método de supervivencia ha resultado ser la mejor de las armas contra reacciones socialmente imprevistas e incontrolables. Los mecanismos sociales que cada uno de nosotros utilizamos y ponemos en funcionamiento cada día están ampliamente estudiados, investigados y teorizados. Realmente esto nada tiene de negativo si con ello aprendiéramos a ser mejores personas. Lo éticamente dudoso es que esos mismos datos sobre el comportamiento de los individuos se estén usando para obtener un mayor provecho ya sea a nivel político, económico, social o comercial. Conocer las reacciones, en un alto porcentaje probables, de las personas en determinadas circunstancias está sirviendo para adecuar planes políticos y comerciales, y no siempre en vista a esas mismas personas, a sus problemas reales, sus inquietudes, gustos y miedos. Saber el funcionamiento de la mente humana en cuanto a su condición como individuo social supone conocer cuáles son sus temores, qué es lo que le preocupa y lo que desea. De esta realidad surge una doble interpretación, la que nos ofrece un camino hacia la mitigación de esas carencias y la que conduce a los que desean obtener beneficios a cuenta de las debilidades ajenas, eso cuando no son aquellos mismos los que las crean, o al menos engrandecen, todo con tal de lograr algo a cambio. En demasiadas ocasiones tal intercambio resulta ser desigual, recibiendo uno lo que al otro desde luego no le sobra, en forma de dinero o de fidelidad comercial innecesaria.

Merecería la pena incluir en el ámbito educativo de las nuevas generaciones la capacidad de crítica y discernimiento que toda persona tiene, la posibilidad real que todos tenemos de adoptar una postura personal que nos permita ver más allá de la información que recibimos masivamente desde los diferentes medios actualmente vigentes. Capacidad para posicionarse, observar y decidir, y no que decidan por uno mismo. Saber que se puede optar por el engaño a gran escala o continuar compartiendo espacio con los demás, pero siendo consciente siempre de que todo no es como nos lo quieren vender.

Tomar esta decisión anárquica, dirán algunos, qué duda cabe que puede llegar a poner en jaque la integridad de la persona si esta decide poner en entredicho toda la información que llega hasta ella. No hay necesidad de llegar tan lejos, ni tampoco de censurar a aquellos que defiendan la organización social actual, con sus más y sus menos, como una forma de mantener el orden, de evolucionar dentro de unas pautas que evitan alteraciones importantes. Pero igual de factible a este hecho es el derecho de cada uno de  cuestionarse la realidad emitida por los medios, donde precisamente no abundan ni la imparcialidad ni la veracidad. No hace falta más que observar con ojo crítico algunos de los cientos de anuncios que es posible ver en televisión un día cualquiera de la semana para comprobar que mucha de la información emitida no es fidedigna y que en demasiadas ocasiones se recurre a lo emocional, no a lo racional, de donde probablemente obtendrán una respuesta más rápida y efectiva. Teniendo en cuenta la intensa influencia de los medios sobre determinadas capas de la sociedad, estos datos deberían tenerse en cuenta tanto en cuanto a la sociedad en general como de forma individual. Es cuestión de cada uno realizar una reflexión sobre ello, sacar sus propias conclusiones y tomar una decisión, no solo por uno mismo, sino pensando en los que están por venir. La socialización de los individuos tiene su base en el entorno familiar, proceso que se irá completando con el paso de los años dentro de otros ámbitos, como pueden ser el mundo laboral o los círculos de amistad. Lo que se transmita, de manera oral o con el ejemplo activo, en la etapa inicial es, sin embargo, lo que más va a influir  y valer a una persona en la toma de decisiones futuras. Aún sin quedar absolutamente relegada al entorno familiar la labor de transmitir a las nuevas generaciones esa capacidad de discernimiento, si que debería de aceptar aquella su parte imprescindible en la fijación de los pilares educativos de la persona. Fortalecer la autoestima, promover la inquietud, el querer saber algo más y no solo conformarse con lo que nos dan, animar a tener una mente abierta, tolerante, crítica, pero sin prejuicios, son solo algunos de los pasos positivos que podrían darse en esa primera etapa de socialización.

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua