Serapio Esparza, Leoncio Urabayen, José Aguerre –Gurbindo-. Personajes navarros en la incuria de nuestra memoria colectiva ¿Quién podría negarles su mérito como navarros demócratas, cultos, tolerantes…? Ofrecen una imagen de nuestra sociedad muy diferente a la que nos tienen acostumbrados los lugares comunes sobre nuestra realidad histórica; particularmente la que impusieron quienes declararon la guerra a todos en julio de 1936. Aquellos integran el grupo de las víctimas masacradas, arrojadas a las prisiones y marginadas hasta la inanición, porque sus perspectivas contradecían los intereses de los verdugos decididos a arrancar toda planta que clamase libertad. Como muchos otros, sobrevivieron; pero nunca dejaron de cargar con la sospecha y prevención. ¿Será obligado condenarlos, porque los verdugos los toleraron? ¡No seré yo tan valiente!
En mi infancia contemplé la finalización del Segundo Ensanche de Iruñea. Vi crecer estructuras de hormigón, cerrar vanos y cubrir fachadas sobre los espacios de tierra incultos que delimitaba el asfalto de las parcelas cuadrangulares. Al fondo, la cúpula gris de Los Caídos, por algún tiempo aislada y lejana, hasta que finalmente, surgió la plaza. Ya mayor, en una visita al ayuntamiento pude contemplar un plano de la propuesta original del Segundo Ensanche diseñado por Serapio Esparza. Me llamó la atención el gran parque previsto en el sur de la urbanización, que de manera similar al actualmente existente en la Media Luna, buscaba cerrar la cuadrícula urbana en el espacio irregular que restaba hasta el declive del terreno. Curiosamente el eje central del Ensanche -Avenida Carlos III- desembocaba en un espacio rectángulo que articulaba el conjunto del parque. ¿Cuantas veces he lamentado la sustitución de este espacio por los edificios actuales que conforman esta plaza?
A decir verdad son escasos los méritos de una arquitectura clasicista, de pretensiones imponentes y sin el equilibrio de los modelos renacentistas en que busca la inspiración. Por lo que toca al mausoleo, es un híbrido que confunde la austeridad con la carencia de gracia entre la estética del realismo socialista y soluciones barrocas fuera de lugar. Como tantos otros, me he planteado la conveniencia de su demolición, solución que abriría perspectivas a las tierras de Iruñerria -la Cuenca- y sus colores estacionales. Al margen de las ventajas urbanísticas de esta solución, los planteamientos de Esparza hacen de su ensanche una urbanización que convirtió a Pamplona en ciudad moderna. Son muchos los textos especializados de urbanismo y didácticos de geografía al sur y norte de los Pirineos, en los que se muestran perspectivas de esta parte de nuestra ciudad, siempre como modelo conseguido y real; auténtica expresión de identidad de Pamplona. La dedicación a Serapio Esparza del espacio urbano que subyace en la plaza que nos ocupa y que en alguna forma culmina el damero urbano que diseñó, constituye una decisión acertada; al margen de la corrupción urbanística del citado espacio, al haber ocupado con construcciones el terreno destinado a árboles, setos, césped y flores. Este espacio ha quedado contaminado por la acción sectaria y criminal de quienes lo convirtieron en referente monumental y visual del episodio más negro de nuestra historia colectiva. Intentar recuperarlo como memorial de quienes fueron sus víctimas, no borraría los elementos que configuran el escenario de exaltación de la fechoría que conmemoran. La descontaminación de tal escenario exige cambios más profundos, que podrían implicar la desaparición de la parte dedicada a mausoleo, espacio poco susceptible de reconversión y más condicionado en su estructura por la ideología destructiva que lo impulsó. Actuaciones de mayor envergadura pueden no ser imprescindibles.
Considero que los espacios a dedicar a las víctimas de los episodios sangrientos que nos ocupan y de la posterior opresión que han afectado a la mayor parte de nuestra sociedad, deben responder a un afán positivo que llame a reclamar los valores liberadores que cultivaron y defendieron, valores por los que fueron perseguidos. Nuestra ciudad ha generado espacios nuevos y muy logrados desde una perspectiva urbana. Amplias avenidas, parques y plazas, en ocasiones señaladas con nombres de personajes sin relación con nuestra colectividad, cuando no anodinos. En esos espacios, particularmente en los de variado colorido de árboles y plantas, que estimulan a las personas de Iruñea a su utilización, debe ser recordada la memoria de nuestras Maravillas Lamberto, mujeres y hombres, jóvenes y maduros, para que su recuerdo nos impulse a esforzarnos por la concordia de individuos libres, superadora de egoísmos e intereses particulares. En cuanto a la Libertad… ¿Cuantos crímenes se han cometido en tu nombre?, decía Madame Roland al subir a la guillotina. Los mismos nazis afirmaban Der Arbeit macht frei…, el trabajo hace libre. Los falangistas de Primo de Rivera, por su parte, protagonista importante de la masacre que denunciamos, decían que la libertad no se merece sin más, sino que debe conquistarse. La libertad no necesita calificativos, pero no es posible en quienes no reconocen el derecho de quien se encuentra junto a uno mismo.








