Del francés bonhomie. Se dice de la persona que emana sencillez en el trato, bondad en su carácter, honradez en su comportamiento…
Es un vocablo que estos días de movida de capelos y púrpuras, ha proliferado con sospechosa insistencia. Sospechosa, sin duda, ante el expeditivo consenso alcanzado en cierto sector vaticanista… Gentes estas, que al unísono, se han concitado a la hora de hacer el panegírico del nuevo hombre de la tiara.
Así pues, su santidad Francisco –en gran pirueta amnésica relativa a su proceloso historial en lo relativo a la dictadura argentina- es un ejemplo de bonhomía. Sin duda un gran preámbulo para estrenar una era… Otra cosa será, si cambiarán los odres, el espíritu o si el musgo del monolitismo y la carcundia seguirá entorpeciendo la hélice de la “barca del pescador”.
Y la verdad es, que de momento, por lo que por ahí se ventea, no parece que las campanas toquen a rebato. Aunque quien sabe, a ver si de verdad la arma la paloma…
Sea como fuere, no estaría mal proponer este valor moral de la bonhomía, como un requisito, o siquiera como un espejo, para todos estos personajes de la vida pública que organizan y administran nuestra sociedad.
Políticos, tertulianos, escribidores, vividores… y por supuesto, todos los gestores y granujas de las finanzas pululan por todos los mercados, a excepción del mercado de la ética. Históricamente, el mercado de la ética fue descaradamente básico y controlado por instituciones inapelables: el poder político, habitualmente monárquico y la iglesia. Ambas potestades, para bien o para mal, organizaban lo humano y lo divino. Fuera de estos ámbitos, los seres humanos –el ciudadano…-, topaban con un planeta inhóspito, fatídico, letal…
Hoy día, el mundo de la ética es un zoco, lóbrego e incontrolable. Una retorcida medina de cohecho, corrupción, especulación, saqueo, dietas fraudulentas, malversación, desfalco, explotación del ciudadano más débil, burla del asalariado, especulación urbanística, embustes, calumnias, medallas y condecoraciones, torturas, guerras criminales contra el terror y contra los pobres…etc…etc… y sobre todo impunidad, mucha impunidad para políticos, genocidas, buitres financieros…
Y esto será así, mientras nuestros destinos sigan en manos de esta raza de políticos a quienes sufragio tras sufragio seguimos votando. Unos que les votan por ignorancia, otros por ser igual de corruptos, –lo vemos con asiduidad- que los electos, otros por excesivamente confiados…
Temas estos que apestan de puro manidos…
Y como soñar, hacer propuestas y parir ideas, de momento es gratis, me atrevo a exponer alguna.
Creo que en los momento en que vivimos, hay que ventilar ideas por muy utópicas que parezcan. Si no circulan, difícilmente podrán ponerse en práctica.
Lo hago modestamente, que nadie se piense que me veo urgido por el parto de los montes…
Testigos pues, de que estos políticos nos llevan a la ruina y que el 90% de ellos sobra, no nos queda otra que prescindir de ellos a la hora de la gobernanza…
Sería el momento de poner en juego la bonhomía.
Si la ciudadanía fuera capaz –que lo es- de crear unas leyes por las que la transparencia y la honradez del gobernante encontraran serias dificultades para ser transgredidas… Si nos dotáramos de un cuerpo específico de funcionarios diestros en la res pública… Si contáramos con una judicatura, absolutamente autónoma, completamente blindada contra las maniobras del político… Si los ciudadanos fuéramos mas honestos, valientes y plenos de autoestima…
En tal caso, de la misma forma que para integrar ciertas organizaciones serias, se exige un carnet, al político le exigiríamos un curriculum y un ejercicio ampliamente comprobado de bonhomía…
Si así fuera, sería propuesto en listas abiertas por la ciudadanía, teniendo en cuenta que la política más que un medio de vida sería algo vocacional. Es decir, un servicio a la comunidad, dignamente retribuido, no una oportunidad de entrar a saco en el erario público…
Evidentemente, habría que suponerle al nuevo político, unos recursos humanos y culturales capaces de controlar y desarrollar los programas surgidos de la voluntad del ciudadano.
Con unos políticos comprometidos con una digna gestión, un funcionariado preparado y el ciudadano, siempre atento a participar con sus propuestas en cualquier problema o conflicto, así descrito, a grosso modo, sería suficiente.
Y la sociedad podría liberarse de esta carga mastodóntica, tan onerosa y mal oliente que compone todo este conglomerado politiquero…
Veamos en la misma Euskalherria esta sopa política de letras y la que se nos avecina… No sé que “saltsa”, saldrá de aquí, pero seguro que de independencia, “na de na…”
Que estos planteamientos quedan como muy utópicos, demasiados románticos, ingenuos… tan seráficos… Pues claro…
Ya lo he dicho… Se trata tan solo de hacer circular ideas… Seguro que Luther King, no había barruntado tan cerca un presidente yanqui negro…
Publicado por Nabarralde-k argitaratua









