Realmente, con ser tan grave, no es la asfixia económica lo más preocupante. Habría que analizar la asfixia moral, la política con una partidocracia asfixiante y probablemente la mediática y cultural, quizás la madre de todas ellas.
España es un país que no ha sabido encarar los grandes dilemas mundiales, económicos, migratorios, militares, ecológicos, quizás porque nunca han existido cauces, para que alguien se lance a pensar o a innovar.
La vida intelectual española es un desastre. No debate, no puede competir ni aportar nada. Es endémico que los más preparados en economía y en otras disciplinas científicas y técnicas hayan de emigrar.
El resultado es meridiano. Como denunciaba Ortega y Gaset, en este caso acertadamente, se funciona con la maldita selección de los peores para las altas instancias de gobierno e instituciones.
Añadamos como dice Eduardo Subirats, que la transición se hizo bajo ostensibles límites: políticos, sociales e intelectuales… porque la educación media del español, es baja y la tradición intelectual muy precaria.
Con estos parámetros, los protagonistas del “cambio” a todas luces tramposo, fueron los medios. Unos medios especialmente entrenados en elaborar basura y estupidez masiva.
La exigua prensa libre, testimonial si la comparamos con las grandes máquinas de información o mejor de intoxicación, se debate valientemente entre el ser y no ser.
En Vasconia, todavía poseemos algunos medios –no hace falta citarlos- que con algunos límites ideológicos –difícil de evitar- y económicos, nos brindan una pequeña claraboya a una atmósfera más oxigenada. ¿Serán secuestrados? Esperemos que no.
Nunca se agradecerá suficientemente, su integridad por mantener el tipo y su deontología profesional.
¿Alguien duda que el sustrato de todas estas grandes crisis sea una carencia de ética estremecedora, sobre todo en la prensa y medios de difusión?
Se ha hecho de la política un patrimonio privado.
“Los poderes legislativos, ejecutivos, judicial, partidos, y grupos económicos –comenta el periodista Marco Rascón-, unen en sagrada comunión, lo político con lo económico.”
Ahí se tejen gobiernos corruptos. Ninguno de estos elementos esta dispuesto a una reforma del estado en profundidad, para no perder privilegios.
Todo ello agravado por unas izquierdas de caricatura. Sargentos del oportunismo, cuyo único fin, es vegetar en la pomada política.
Esta situación tan ventajosa para unos pocos, tan caótica para el pueblo, seguramente no sería posible sin la procaz connivencia de los medios. Porque están pringados hasta la última entretela.
El recientemente fallecido, profesor de comunicación argentino Daniel E. Jones, explica como los medios comunicación, dependen cada vez más de la licencia de los gobiernos (sobre todo telecomunicaciones y comercio electrónico). Por eso, los propietarios de estos medios, cada vez son más dóciles con el poder económico. Están más atentos a sus negocios que a hacer una crítica activa y sistemática del poder político.
Primar los derechos a la libertad de información del ciudadano por encima de los intereses de la empresa o del estado. La objetividad, supone un gran riesgo para el periodista, para una línea editorial y para la propia empresa.
No se protege la libertad de expresión como un bien individual, frente a los poderes públicos. No se financia la cultura o la información imparcial extraoficial o alternativa. Mientras se engorda la oficial, la anticultura, la intoxicación….
Son demasiados los periodistas que mueren en el mundo o son encarcelados – aquí mismo, que no hace falta ir tan lejos- por informar con veracidad. Periódicos y revistas, como en nuestra Euskalherría, se cierran impune y alevosamente, si en sus páginas se clarifican las cloacas del estado y la corrupción de sus estamentos.
La gran concentración mediática y cultural, tras la absorción de las empresas más importantes de la periferia, tiene sede en Madrid (a bastante distancia de Barcelona, siendo el principal mercado mediático y cultural). El propio estado, Prisa –quizás el más potente-, Telefónica contenidos, Vocento, Antena tres, Sogecable… Añádase, la intromisión en estos grandes trusts, de empresas europeas como Bertelsman, Mediaset, Vivendi universal, Kirch… Incluyamos, a corporaciones americanas y japonesas, cada vez con más incidencia y más capacidad para imponer modelos mediáticos, gestados en el exterior del estado.
Esto conlleva la propagación de modelos y escritores (pesebreros), acordes con los intereses del estado y en definitiva del gran capital. En consecuencia, los modelos democráticos quedan ocultos o drásticamente tergiversados.
Entre Madrid y Barcelona acaparan los dos tercios de la producción mediático-cultural del estado.
Este estado de cosas, hace absolutamente inviable una información libre y desinteresada al servicio de los ciudadanos.
Las grandes corporaciones colaborarán con un estado corrupto, mientras éste no interfiera ni en la calidad de los productos que venden, ni en sus chanchullos financieros.
A eso se llama globalización de la información. Su verdadero nombre es evidente. No es otra cosa que la globalización de la intoxicación, de la basura, de la manipulación o del aborregamiento social….
Ante todo esto, la ciudadanía que puede ser crítica, aparece profundamente debilitada y desunida, eso es, sin ir más lejos lo que estamos viviendo en Euskalherria.
Hoy día, viendo sus recursos –los de una ciudadanía concienciada y crítica-, se ve incapaz de organizar fuerzas políticas que compitan con el actual sistema de partidos. No se encuentran los cauces apropiados –que han de existir- para vehiculizar una respuesta social contundente.
Se habla de la vía internet. Nadie va a negar sus potencialidades, de hecho esta propiciando unos niveles de libertad de expresión e información, inalcanzables en los medios convencionales. Sin embargo, no parece la más adecuada teniendo en cuenta la facilidad con que puede ser mediatizada por las trasnacionales de la información y por los propios agentes del estado. Pero ahí está. Todavía no se han explotado todas sus virtualidades.
La coordinación de movimientos para una insurgencia democrática, precisa urgentemente de vínculos más que virtuales, de contacto real, físicamente localizados entre los ciudadanos de un entorno político.
La concienciación, el debate, la formación moral e intelectual, sigue ateniéndose al guión tradicional.
Es por lo que ya se está hablando de un cuarto poder, este sí, independiente, intransferible e innegociable y sobre todo incorruptible. Un cuarto poder que integre a todos aquellos conscientes de la degradación del sistema y de los medios.
No es una tarea fácil dado el asentamiento de estas fábricas de cultura cutre y arrabalera, de información deformadora y alienante en la raíz del sistema. Pero es factible si aprovechamos el lento pero inexorable resquebrajamiento de este statu quo tan pestilente.
La historia da muchas vueltas mientras contempla el desmoronamiento de los grandes colosos. Hay mucha gente esperando este momento. Y mucha esperanza en torno a ciudadanos honestos y coherentes, quizás más de los que suponemos, que no cesan en su empeño por derrocar el sistema.








