Recientemente, Gorka Maneiro, parlamentario de la Nabarra Occidental por UPD, pidió al gobierno autonómico vascongado que desistiera de su afán por sostener económicamente políticas favorables a la lengua nabarra al norte los Pirineos. Prácticamente al unísono, Javier de Andrés, candidato a Diputado General alavés por el Partido Popular, protestaba porque el equipo de gobierno de ese pequeño reino de Taifas llamado Álava legislaba a favor del Nafarroa Oinez, fiesta de las ikastolas de la Nabarra reducida. Dos hechos diferenciados por su alcance jurídico-político, pero equivalentes en el fondo.
El Partido Popular y UPyD son formaciones españolas que han encontrado su acomodo en la vertiente hispana de la Nabarra colonizada. Una perfecta avanzadilla en territorio comanche, que diría Arturo Pérez Reverte, sin otro fin que la aniquilación de nuestra milenaria joya. Las políticas agresivas de la era Mayor Oreja – San Gil, otrora efectivas, carecen de sentido en el momento político que vivimos. Por eso, tan callandito, de refilón y sibilinamente, se han adaptado a los tiempos que corren y, sin armar estruendo, son capaces de llevar a muchos ciudadanos de buena voluntad a preguntarse si invertir dividendos a favor del euskara no será un auténtico despropósito.
La lucha a favor de la lengua minorizada apenas concede treguas. Que se lo pregunten, si no, a esas legiones de abnegados estudiantes que siguen llenando las aulas de los euskaltegis, comprometiendo parte de su salario en una buena causa, como es recuperar la lengua de su patria. Por eso muchos sienten como propio ese llamado, ese Haika mutil, jeiki hadi, o ese Aitaren etxea defendatuko det.
El señor Maneiro y el señor De Andrés se escandalizan por nuestro auzolan. La noble costumbre de velar por la propiedad privada (Aitaren etxea) al tiempo que se cuida la propiedad comunal me recuerda a ese siempre noble Uno para todos y todos para uno de D´Artagnan y los Tres Mosqueteros, de Alexandre Dumas. Quizá no sea tan casual que el celebérrimo espadachín creado por el genial literato francés tuviera origen nabarro.
Entérense, señores políticos. Si el euskara es atacado en la Nabarra reducida, entonces la Nabarra Occidental contribuirá a su defensa. Y si la lingua navarrorum es asediada al Norte de los Pirineos, quienes al Sur viven saldrán en su socorro. Las únicas fronteras que ustedes entienden son las que artificialmente han creado durante siglos para mejor someternos. Límites territoriales de artificio para sumirnos en nuestras patéticas guerras de banderizos. Antaño oñacinos y gamboinos, hoy separación entre diputaciones forales. Otrora, espadas, lanzas y armaduras; hoy en día, diversas disposiciones legales y diferentes tipos impositivos.
Sencillamente, alguien debe defender, siquiera de modo subsidiario, lo nuestro. Si a alguno no le queda claro, se lo explicaré con una parábola. Imaginen por un momento que unos okupas entran por la fuerza en su casa (algo improbable, eso sí, ya que los okupas tienen por costumbre entrar en casas vacías). Pero piénsenlo por un momento; e imaginen, por un momento, que destrozan por completo su salón. ¿Se imaginan,a continuación, que ustedes tratan de restaurarlo y sus vecinos les echan una mano en el empeño?¿Y si los okupas fueran capaces de oponerse a que ustedes lo restauraran?
Sería algo de locos, ¿no les parece? Eso es exactamente lo que lleva ocurriendo desde hace décadas en nuestra tierra. Tratamos de recuperar lo que por justicia nos pertenece, pero se nos fustiga como a unos vulgares ladronzuelos caprichosos que destinan el dinero público a causas innobles. Si Sanz no lo hace en la Nabarra reducida lo hará la Korrika, o cualquier político con un mínimo sentimiento euskaltzale. Y podría seguir con otros ejemplos, pero no deseo ser exhaustivo.
Poco me importa quien porte la bandera en la batalla. Sencillamente, alguien debe hacerlo. Y punto pelota.









