Un partido no lo hacen sus siglas. Bien es cierto que deberían guardar alguna relación con su programa o su ideario; pero, de ser así, bastaría con bautizar un partido como «El mejor de todos» para ganar las elecciones. No por llamarse socialista hemos de presuponer que es tal cosa. Y es que el Partido Socialista es como cualquiera de tantos pueblos que se llaman Villanueva, que sí, que lo fueron, pero hace más de cien años. No les pillará por sorpresa el entendimiento entre UPN y PP, supongo que al menos se darían cuenta de que coincidían en el color, en la gomina o en ese aura que rodea a los malos malísimos de las telenovelas. Y podían imaginar que el PSN pactaría o apoyaría un gobierno de UPN, pues lo hicieron y lo harán mientras alguien les vote.
No hace falta pues, ser un iluminado para saber que votar al PSN es votar a la derecha rancia que en su día no dudó en fusilarles, pero siempre será más sensato que tender la mano a quienes son más afines a sus zurdos ideales y dicen, al menos, repudiar todas las violencias. Todo sea por la unidad de España: un país grande, soleado y arruinado.
Sabrán ustedes por qué, si se consideran socialistas, aúpan a la derecha, a su enemigo ideológico, con la única contrapartida de pertenecer a un país que les invadió hace 500 años, les lleva maltratando y desnaturalizando desde entonces y que hoy les lleva de la mano hacia la más maravillosa de las bancarrotas. Censúrenme si quieren, es más, pueden llamarme terrorista, asesino, e incluso, feo. Pero ustedes han traicionado a sus raíces, a su cultura y a sus propias convicciones por viajar en un tren que va directo contra una muralla. Y en alta velocidad, que no quede.









