Dos jabalíes eran la imagen de los estandartes de las legiones romanas en Euskal Herria .
» Urde deo» es una inscripción en latín a la divinidad «Urde» jabalí. Escrita en un ara de Muzqui, Navarra. ( J. Velaza, 2012 )
«Bas» fue un formante utilizado en ibero y seguro en vasco-aquitano. Urde se comparó con una inscripción rupestre ibera Urdal – Urdal- urdal.
El jabalí fue un animal venerado por vascones, Aquitanos e iberos. Come la bellota del arbol sagrado de los iberos vinculado con la Diosa madre tierra. Es un animal que remueve la tierra buscando raíces, gusanos y otros manjares (trufas). La encina (Artehe deo) estuvo vinculada con este animal. Pero urde deo fué una divinidad menor.
El termino se halla en «ILURRI» la Luna en Mari Urrika la dama de Anboto, ambos símbolos la estrella de Venus y la Luna son símbolos de Astarte, curiosamente otros de sus símbolos es la espiga de trigo.
La Cohorte Primera Gálica de la Tarraconense tenía su base y su Tribuno en Iruña-Veleia, sin embargo, sabemos que también se ocupaba de la defensa de Baiona (Lapurdum), es decir, la zona de la retaguardia vascona al mar.
La Tarraconense tenía una única cohorte romana de vigilancia (una cohorte suponía 600 hombres, y 10 cohortes formaban una legión), un Cónsul y tres Legados, que pertenecería a la prefectura de las Galias. Las ciudades más importantes de la Tarraconense eran Zaragoza (Caesaraugusta) y Tarragona (Tarraco), después estaba Veleia en Iruña de Oka. “Notitia Dignitatum”, de la primera mitad del siglo V, es la única fuente para conocer algo de la organización militar romana, por la cual sabemos que en la fortaleza de Baiona (Lapurdum) había una cohorte (600 hombres) y un tribuno, por el norte el siguiente destacamento era ya en la frontera con los “bárbaros” germánicos en las Galias del norte sobre el río Rhin. El tribuno de la cohorte Primera Gálica de la Tarraconense residía en Veleia (Iruña de Oka) en la parte karistia de la Llanada Alabesa, es decir, la cohorte Primera Gálica y no Hispánica («Guía para la historia del País Vasco hasta el siglo IX», Alberto Pérez de Laborda).
Recientes investigaciones han revelado que ídolo «MIKELDI» encontrado en Durango representa un jabalí sobre el sol y la luna.
El jabalí y el cerdo fueron animales esenciales en la cultura vasca, en su imaginario y su mitología. Su uso como protector ha quedado en las costumbres del norte de la península con el uso de colmillos de jabalí para protección de males de ojo a los recién nacidos, por ejemplo, lo cual permite comprender que la escultura Mikeldi tiene un rico significado oculto.
El jabalí es un animal fuerte, feroz y valiente capaz de luchar hasta la muerte, muy peligroso en su ataque y veloz en la huida. Estas características explican que fuera un símbolo del guerrero en la antigüedad.
Su refugio en las zonas más apartadas y sombrías del bosque se asociaba míticamente a su procedencia del otro Mundo. Esta idea que reforzaba su simbolismo de destrucción y muerte, se instrumentaliza convirtiéndolo en un enviado del Más Allá.
Además, su gran vigor sexual se asociaba a las divinidades de la fecundidad. Su voracidad es expresión de su vitalidad y su fuerza, también eran símbolo de la gula y el desenfreno. Se mitificó como símbolo de animal destinado al sacrificio, lo que denota su interés como alimento ritual consumido por dioses y hombres. Es difícil encontrar otro animal con una simbología tan amplia y variada como la del jabalí.
En este amplio grupo de significados destaca su capacidad de lucha, lo cual ha contribuido a que en la mitología fuera considerado símbolo del mal, de la noche y de la muerte. Su comportamiento agreste le ha supuesto ser un heraldo de las divinidades y protector de los guerreros. Entre los íberos, el jabalí simbolizaba la caza y la guerra, pero también era símbolo del festín y del banquete de hospitalidad, donde la habilidad y arrojo que requiere su caza, hace que esta destreza fuera un ejercicio casi equivalente a la guerra. Se usa como preparación para la misma, por lo que es propia de las élites guerreras, adquiriendo carácter heroico, sirviendo incluso para ritos iniciáticos de paso a un estatus superior entre los guerreros.
La mitología que le acompaña debe considerarse de origen indoeuropeo, pues refleja elementos compartidos con la cultura celta que probablemente se remontan al III milenio a.C. Los escasos rastros reconocibles pueden estar relacionados con la llegada del vaso campaniforme a Euskal Herria, asociado a profundos cambios sociales y rituales.
En el siglo I d. C. parece ser que el norte de la península gozaba de cierta tranquilidad. Aunque el asentamiento militar romano de Iruña-Veleia se hizo entre finales del siglo I d. C y mediados del II d. C., todavía hay dudas que fuese la Cohorte I Gallica Equitata la que hizo el asentamiento militar por su presencia en otras zonas del noroeste de Iberia en esa época. Como hipótesis puede ser que la Cohorte I Gallica Equitata, una vez de imponer el asentamiento romano en Iruña-Veleia, partiese a otras zonas por ser un componente auxiliar de gran movilidad para las legiones.
De todas formas, la Cohorte Gallica Equitata estaba formada por 480 hombres de infantería y 129 de caballería. Y su objetivo era controlar la zona del noroeste de Iberia por sus minas de Asturias, León y otras zonas del norte. La cohorte estuvo activa durante IV siglos, aproximadamente hasta el siglo V d. C.








