Con Cataluña o contra

Algunos, en Cataluña, piensan que en 1714 está demasiado lejos para ser referencia válida de futuro para el país, y otros, en España, sienten que no está lo suficientemente lejos, ni ha sido lo suficientemente enterrado para que no suponga una amenaza. No es lo mismo taparse los ojos que estar ciego, pero el resultado final es el mismo; negar la realidad, los hechos y argumentos que hacen que los catalanes tengan al menos la misma legitimidad y el mismo derecho a tener un Estado propio que las demás naciones. Lo de la legitimidad y el derecho no vale nada en un contexto totalitario, como el que ha dominado España desde su origen en el siglo XVIII y todavía tutela a su joven democracia. Pero si presumes de respetar el derecho internacional hasta el punto de incorporarlo a tu Constitución, no puedes aceptar que tu universo empezara en 1978. No puedes asumir un ‘statu quo’ basado en el derecho de conquista ejercido hace 300 años sobre Cataluña y los demás reinos catalanes ignorando la legitimidad de un derecho previo (1283-1714). No puedes hacer ver que Cataluña no es un pueblo, una nación milenaria, que en plena edad media hizo del modelo pactista la punta de lanza del parlamentarismo y el estado de derecho modernos, y que iba por el mundo abriendo rutas comerciales y firmando tratados internacionales; es justamente eso lo que conmemoramos y reivindicamos en el Día Nacional de Cataluña, nuestro derecho, nuestra historia, a pesar de quienes han querido esconderlo o reescribirlo para imponernos la suya. Y, por último, tampoco puedes negarte a ver que lo que España ha hecho y todavía hace con Cataluña y los reinos catalanes es lo que ha hecho con el resto de sus colonias: someter por la fuerza, explotar su riqueza, negar su historia y enterrar su lengua y cultura. Estamos en el siglo XXI y todo el mundo puede pensar y decidir lo que quiera, pero la realidad es que no hay diferencia conceptual entre las bombas de 1714 y las porras y sentencias de 2017. El objetivo era y es perpetuar la España borbónica, absoluta, unitaria, y su corte de privilegiados. La cuestión es con qué lado de la historia se identifica cada uno.

EL PUNT-AVUI