No odian la estelada, odian a Cataluña

No es la estelada, lo que más odian. La estelada los repugna, sí; es el símbolo que les recuerda su impotencia para someter al pueblo catalán. Pero lo que verdaderamente odian es todo un país, es Cataluña. La catalanofobia es un rasgo identitario español ancestral. La historia es testigo, y Francesc Ferrer i Gironès lo recogió espléndidamente en su libro ‘Catalanofobia. El pensamiento anticatalán a través de la historia’ (Ediciones 62, 2000). Mucho más próximo, en 2016, en ‘El Mundo TV’, Arturo Pérez-Reverte y Joaquín Sabina, decían sin tapujos que España, en el siglo XVIII, desaprovechó la ocasión de hacer un genocidio para acabar con el “conflicto catalán”. Opinaban que si nos hubieran guillotinado a todos, hoy, de la nación catalana, no se diría ni pío, y se lamentaban de que «ahora ya no tiene solución». 

El pasado 23 de agosto, minutos antes del partido entre el Elche y el Barça, la policía española desató su violencia histórica contra Cataluña requisando las esteladas que llevaban los seguidores catalanes. Decían que las requisaban porque, pese a ser una bandera perfectamente legal, la estelada «fomenta el odio». Y es que para el totalitario, para el fascista, el odio lo fomenta todo lo que le cuestiona. En el fondo, toda esa rabia, toda esa violencia española contra Cataluña, esconde un profundo complejo de inferioridad que nunca se lo quitarán de encima. Lo disfrazan todo lo que pueden, pero siempre flota porque es superior a ellos. La impotencia de los españoles para asimilarnos les genera, lógicamente, mucha frustración, y la frustración genera rabia, y la rabia, violencia. Una violencia que en el siglo XVIII podía ejercerse libremente haciendo rodar cabezas, pero que hoy, en el siglo XXI, necesita un pretexto para expresarse. Y el pretexto, en este caso, es la estelada. El Primero de Octubre, el pretexto fue el referendo. Si no votas lo que ellos quieren que votes o no llevas la bandera que ellos quieren que lleves, fomentas el odio.

El Barça hizo muy bien al suspender el homenaje a sus jugadores ganadores del Mundial, y de sustituirlo por una exaltación de la estelada. El público, además, respondió maravillosamente. Pero quiero añadir que este homenaje, de haberse hecho, habría sido una aberración en sí mismo. Habría tenido sentido si el Mundial lo hubiera ganado la selección catalana, pero aquellos jugadores habían dado el triunfo a La Roja, precisamente la selección que impide la participación de Cataluña en competiciones internacionales. Por tanto, como decía la ANC, “ningún homenaje a la selección de los opresores”. No podemos picar el anzuelo español, que precisamente se sirve de los jugadores catalanes para hacernos creer que La Roja es la selección catalana. ¡Un poco de dignidad, por favor!

Las imágenes que muestran la furia con la que la policía española vapulea a un chico menor de edad en la puerta del estadio del Elche, así como el golpe que recibe en la cara cuando lo tienen inmovilizado y boca abajo, son un diáfano testigo gráfico del odio que lleva esta gente en el cuerpo. Se diría que la catalanofobia da sentido a su vida y los hermana. Tenemos una prueba en la respuesta que ha dado el Sindicato Unificado de Policía (SUP). En vez de pedir disculpas –aunque no hay nada que disculpe la violencia gratuita–, han optado por eso tan español de hacer el chulo y recurrir a la falsedad para criminalizar a la víctima. Amantes de las armas como son, y bajo el lema la mejor defensa es un buen ataque, convierten a la víctima en agresor y afirman que el chico habría “incitado al odio” empleando la estelada “de manera hostil” y “dando patadas” en la detención, cosa que las imágenes desmienten ya que lo agarran entre un grupo de policías y lo manejan como un muñeco hasta que lo tiran al suelo. Incluso lo justifican diciendo que la gente les insultaba y escupía cuando les requisaban la estelada. ¿Qué debían hacer, ante aquella exhibición de fascismo y de odio a Cataluña por parte de una policía rabiosa que les requisaba una bandera que tenían todo el derecho de llevar? Pero, bueno, no se puede pedir nivel intelectual a alguien que ha decidido ganarse la vida apaleando cobardemente a gente indefensa.

El verdadero delito de odio es la policía española en sí misma. Y no sólo por la actuación de Elche. Una policía que agrede a la gente que pacíficamente hace cola en la puerta de los colegios electorales o que asiste cívicamente con su bandera a un partido de fútbol, ​​no es una policía, es un enemigo de la sociedad. Cuatro días después, el 28 de agosto, el ministro de Interior español, Fernando Grande-Marlaska, en referencia a los ataques contra los inmigrantes de Ceuta, decía esto: “Hago un llamamiento para que acabe todo tipo de violencia”. Muy bien dicho. Pero, ¿por qué no empieza por su casa, ministro? ¿Por qué no empieza por acabar con la violencia de su policía contra Cataluña? Usted es un nacionalista español, ya lo sabemos. Pero por su cargo debería disimular un poco, ¿no? Un ministro de Interior que apoya el delito de odio cometido por su policía –quien calla, consiente– cuando ésta, saltándose la legalidad, requisa un símbolo político legítimo por completo y viola la integridad física de las personas que lo enarbolan, no solo es parte del delito. Es el máximo responsable.

¿Por qué será que ni Pedro Sánchez, ni el PSOE, ni el Ministerio de Inclusión, ni el Observatorio Español del Racismo reconocen la catalanofobia como delito de odio? Reconocen el racismo, el antisemitismo, la homofobia, la islamofobia… pero no la catalanofobia. En este sentido, es sabido que se han detenido partidos de fútbol –lo que está muy bien– por insultos racistas a Iñaki Williams, a Nico Williams, a Omar El Hilali, a Marcos Acuña, oa Maroan Sannadi. Pero nunca se ha detenido un partido por los gritos sistemáticos de “Puta Cataluña” que se oyen en los estadios españoles donde juega el Barça. Son unos gritos que las televisiones españolas siempre esconden. Exactamente, al igual que la manipuladora retransmisión que DAZN, en connivencia con La Liga, hizo del partido Barça-Atlético de Bilbao, escondiendo que el Camp Nou estaba lleno de esteladas. Esa retransmisión no fue periodismo, el periodismo debe ser veraz y mostrar lo que ocurre. El periodismo que esconde la realidad y que hace juegos malabares para que la cámara sólo capte las imágenes que complacen a la ideología del poder y de los organismos oficiales, no es periodismo, es falsedad, es engaño, es ocultación.

Ocultar las imágenes del Camp Nou lleno de esteladas fue la forma en que DAZN y La Liga se posicionaron en contra de la legalidad y junto al agresor; es decir, de la policía española y de la violencia que desató por puro odio étnico contra los seguidores catalanes. ¿Y por qué, ese posicionamiento? ¿Por qué, ese celo televisivo para esconder la realidad de Cataluña y las agresiones que se cometen contra los catalanes por el mero hecho de ser catalanes? Pues porque la catalanofobia es una institución en España, y conceptuarla como un delito equivaldría a renegar de un rasgo identitario nacional. Si España tiene una ‘Fiesta Nacional’, ¿por qué no debe tener una ‘Fobia Nacional’? ¿Significa esto que todos los españoles son catalanofóbicos? No, está claro que no. Tampoco todos los españoles son amantes de las corridas de toros. Pero no por eso las corridas de toros dejan de ser la ‘Fiesta Nacional’ y la catalanofobia deja de ser la ‘Fobia Nacional’. No, no odian la estelada. La estelada es el pretexto. Odian Cataluña.

EL MÓN