Hubo un tiempo en el que a otras razones históricas, lingüísticas, culturales, en resumen, nacionales, el independentismo catalán añadía la ética económica y social. Cataluña era una prueba del capitalismo ahorrador, austero, responsable y honrado. El modelo calvinista, adoptado por Benjamin Franklin (“el tiempo es oro”), alentado por Guizot, ministro de Hacienda de Francia (“enriqueceos por el trabajo y el esfuerzo”), teorizado por Max Weber en ‘La ética protestante y el espíritu del capitalismo’, adoptado por los bolcheviques de derecha estilo Bujarin y Xiaoping en China (“hacerse rico es glorioso”).
Enfrente, el capitalismo español, burocrático, parasitario, retardatario, derrochador y corrupto. Una rémora. Por eso hubo revolución industrial en Cataluña, pero no en España. La historia daba la razón a Cataluña. Pero hace ya más de veinte años que se le han quitado. El capitalismo catalán es hoy tan corrupto o más que el español. No la pequeña empresa, no los autónomos que, como en España, se ven explotados por una clase política arbitrista que amenaza a los de arriba, pero castiga a los de abajo.
En cuanto a España, a la larga serie de escándalos del PP (una “organización para delinquir”, según los jueces), se une lo que puede ser la escena final de ‘Zabriskie Point’ del régimen en su conjunto. El PSOE también arrastra muchas corrupciones, pero resiste bastante mejor. El acoso a Sánchez ‘tous azimuts’ (por todos los frentes) parece obra de un frente amplio de policías delincuentes, jueces prevaricadores, periodistas mercenarios y políticos corruptos. Un intento de sustituir la legalidad por las ‘fake news’.
El panorama es el mismo en Cataluña. A la corrupción que el país absorbe de España, se añaden el fracaso de los tripartitos, los pactos neocomunistas con Valls y el PP, la nepotista alcaldía de Colau, la presunta malversación de la copa de América, Ábacus, el expolio de las clases medias con el confiscatorio impuesto de sucesiones, la DGAIA, príncipe azul, donde se mezclan desfalcos, malversaciones y pedofilia, presuntamente, por supuesto. Y dónde acaba de director el que dirigió el desastre anterior. Adiós, Calvino, Franklin, Guizot, Weber, Bujarin y Deng Xiaoping.
Se añade la decadencia del orden público a cuenta de una inmigración descontrolada, opaca a la opinión pública, con la que las izquierdas ‘woke’ hacen negocio y se enriquecen (siempre presuntamente, ¿no?) mientras hablan de ONG sin ánimo de lucro y del tercer sector, alma impoluta del “bien común”. Los recursos públicos, debiendo ir a escuelas, hospitales, viviendas, servicios sociales, tercera edad, etc., irán a inmigrantes incluso ilegales, que no cotizan, porque son muy vulnerables. Olvidan decir que es una vulnerabilidad inducida por el famoso efecto llamada, que funciona siempre.
El secretario general, del PSC, un gris burócrata que no está por encima de toda sospecha, encabeza un gobierno en el que la corrupción (DGAIA) y la incompetencia (plazas escolares) van del brazo, como ocurría con el anterior de ERC. No se quedan atrás los partidos «soberanistas» e «independentistas». Los Comunes y la CUP, que saquean el erario para sus delirantes políticas del “queremos acoger”. La CUP, organización anticapitalista formada por capitalistas, disfruta de su ocio destrozando tenderetes de AC y vapuleando a sus militantes como prueba de su valeroso antifascismo. Juden Raus (1)!
ER ya no da tanto la murga con la invención de los ochenta años sin un caso de corrupción, al presumir de que en ella o a su amparo se han visto episodios de latrocinio, pedofilia, machismo, provocaciones y corrupción. Y por todo lo alto. Dos mil millones no son calderilla. Esto no impide que el responsable se presente, no para remediarlo, ya que no le parece que se haya hecho nada mal, sino para perpetuarlo.
Juntos, herederos del 3% de Convergència, añade formas de corrupción menos escandalosas, pero más simbólicas. Parte del vergonzoso linchamiento de Laura Borràs es atribuible al silencio cómplice de sus «compañeros». Pero el punto más destructivo sobre el que existe un velo de ocultación es la colaboración del partido con el socialismo en las administraciones locales, singularmente las diputaciones, especialmente la DIBA. Son centros poderosos donde se administran intereses personales y de partidos que nada tienen que ver con la independencia, administraciones coloniales de reparto de prebendas.
Para ser independiente, es necesario ser independiente.
(1) https://www.gov.il/es/pages/el-atroz-juego-de-mesa-infantil-judios-fuera-de-la-alemania-nazi
EL PUNT-AVUI
2 agosto 2025










