La ralentización del camino hacia la independencia de Cataluña ha supuesto una merma muy significativa de los grandes acontecimientos que iban marcando los logros alcanzados. Esto ha provocado percepciones y estados de ánimo de todo tipo. Para unos, el alejamiento de objetivos precisos, e incluso su inexistencia, ha sido visto como una señal de retroceso y causa de desánimo. En otros casos, la necesidad de inventar toda costa ha centrado la atención en nimiedades que, sobreinterpretades, fácilmente se convierten en señales confirmatorias de los propios deseos. Al independentismo, hace tiempo, le faltan hechos y le sobran especulaciones.
Esta lógica es la que ahora mismo acompaña a la puesta en marcha de una mesa de diálogo entre el gobierno español y el catalán. El establecimiento de la fecha, la decisión sobre quién formará parte y, aún más, de los que se hablará han provocado un montón de expectativas -a favor y en contra- absolutamente desproporcionadas en relación con los hechos materiales sobre los que se podrían sustentar. Nadie puede saber de qué servirá esta tabla, por otra parte, tan condicionada por factores externos a lo que efectivamente se trate. Pero sin que todavía se haya reunido, ya se han facilitado todo tipo de interpretaciones que anticipaban éxitos y fracasos, y han invitado a hacer ese tipo de juicios de intenciones que refuerzan las tomas de posición partidista.
¿Quién se sentará a un lado y al otro de la mesa de diálogo?
Por mi parte, me resisto a vaticinar ningún resultado sobre si la mesa de diálogo podrá resolver un conflicto político que, llegados donde estamos, difícilmente tiene otra vía que la de un referéndum. Pero más que aventurar nada, prefiero seguir el criterio del psicólogo social Toshio Yamagishi (1948-2018) sobre la «asimetría informacional» que hay entre el confiar y el desconfiar. Según Yamagishi, se aprende más confiando que desconfiando por la simple razón de que quien confía en algo, finalmente, puede contrastar el acierto o no de haberlo hecho. En cambio, quien desconfía cierra la puerta a poder comprobar el acierto o no de su apuesta. Huelga decir que, como sugería Yamagishi, los costes de la confianza son superiores a los de la desconfianza que los primeros, en caso de error, son constatables, mientras que los segundos, al no tener la oportunidad de contrastar su resultado, quedan ocultos para siempre. En cualquier caso, sus investigaciones demostraron las ventajas de aprender a ser confiado, por lo que la confianza no sería sólo una calidad moral, sino un comportamiento inteligente.
Aplicado al caso que nos ocupa, facilitar la mesa de diálogo que se pondrá en marcha este miércoles proporcionará más evidencias sobre la necesidad y las posibilidades de la independencia que si a priori se impide su funcionamiento. Se entienden, claro, todas las reservas derivadas de la larga experiencia de relaciones frustradas con España. Pero, en este caso, es bueno aplicar, por decirlo así, una confianza instrumental, que no significa una esperanza ingenua. Y, al menos, mientras se esperan las decisiones judiciales europeas o las próximas elecciones catalanas, y a falta de cualquier otro plan de acción, la mesa de diálogo acabará poniendo en evidencia las verdaderas intenciones y capacidades de cada una de las cuatro partes que se sientan.
Por esta misma razón, la de partir de una confianza instrumental y no ingenua, sería muy conveniente la presencia de una mediación independiente que hiciera más difícil la manipulación informativa del contenido del diálogo que se produzca. También sería necesario un compromiso temporal para que el diálogo no se convirtiera en un pretexto, uno más para ‘ir tirando’, a la espera de que el conflicto se pudra. Y, lógicamente, se debe determinar un temario para que quede claro que se tratará el conflicto territorial y la superación del marco represivo actual, y no las cuestiones que ya tienen sus propias vías de negociación.
El riesgo de un fracaso de la mesa de diálogo es el precio que ahora hay que pagar para cargarse de más razones en el camino hacia la independencia.
ARA








