Carta abierta a Pedro Sánchez

Soy plenamente consciente de que lo que yo diga en este escrito no provocará en usted el más mínimo cambio de actitud. Ni siquiera medio segundo de reflexión. No lo necesita, lo sé, porque difícilmente se debe poder imaginar nada más humillante que rebajarse a responder a un aborigen de las colonias. A las colonias se las somete, y a los aborígenes díscolos, ya sean jóvenes, viejos o niños, se les coge por los cabellos, se tira al suelo y se les abre la cabeza a golpes de porra. Sin embargo, como sé que hay algo que usted, a pesar de tener la porra por el mango, no soporta, que es que los aborígenes insumisos de las colonias nos expresamos y pongamos en evidencia la dictadura española, yo lo hago hoy aquí.

Hace falta mucha maldad, francamente, para decir las barbaridades que dice usted sobre Cataluña cada vez que tiene un micrófono delante. Pero todo encaja cuando se hace patente que se disputa el electorado con una formación de ultraderecha como Ciudadanos. Y es que usted y su partido, el PSOE, también son ultraderecha en Cataluña. Por ello, más allá de matices verbales -ustedes son más hipócritas-, no tienen ninguna diferencia ideológica con Vox, PP y Ciudadanos con respecto a mi país. Ninguna. De hecho, si no fuera porque el marco de la Unión Europea les viene estrecho y les tensa al máximo, ya habría habido detenciones masivas y asaltos de la Guardia Civil a punta de metralleta a los hogares familiares, Y ahora mismo las cárceles españolas estarían rellenas de cientos o miles de catalanes. Ya se lo dicen a la cara las Naciones Unidas y el Consejo de Europa: ustedes se han saltado todos los principios democráticos, son un Estado violador de los derechos humanos y están al nivel de Turquía.

El Estado español, señor Sánchez, es la dictadura del sur de Europa, una dictadura donde se persigue a una nación llamada Cataluña, a la que se intenta aniquilar su lengua, donde se criminalizan sus legítimas ansias de libertad y de querer romper las cadenas que le impiden realizarse por sí misma, donde se estigmatiza el independentismo por ser una ideología desafecta al Régimen, donde toda persona, por el solo hecho de tener en casa una botella de lejía, amoníaco o material para hacer soldaduras puede ser acusada de terrorismo, privada de asistencia letrada, incomunicada varios días con ocultación de sus derechos y sometida a todo tipo de vejaciones y amenazas. “Què volen aquesta gent que truca de matinada?” («¿Qué quiere esta gente que llama de madrugada?»), se pregunta el poema de Lluís Serrahima que cantaba María del Mar Bonet. Cantaba y canta todavía, porque la canción fue compuesta en 1968 como grito de denuncia internacional contra el fascismo, y usted, al frente de la plataforma de ultraderecha PSOE-Vox-PP-Ciudadanos -los cuatro contra la libertad de Cataluña-, han vuelto a hacer necesario que suene en todo tipo de recitales, no sólo en la voz de María del Mar Bonet sino en versiones de otros músicos. Cuando hay que recurrir a los viejos himnos antifascistas para luchar contra un Estado opresor, es que el fascismo sigue ocupando el poder. Y usted y su PSOE representan hoy este poder.

Hace ya mucho tiempo que usted se dedica a difamar al presidente de mi país. Son difamaciones, falsedades y descalificaciones que forman parte del proyecto español de criminalización del independentismo. La falta de argumentos les obliga a utilizar las cloacas del Estado para ‘fabricar’ pruebas que se ajusten a un relato que, según ustedes, les permitiría declarar una especie de estado de sitio en Cataluña. El envío de hombres armados hasta los dientes al grito de «A por ellos» dos años después del Uno de Octubre es uno de los puntos del plan. Qué mentalidad más patética y totalitaria la suya, señor Sánchez. Es esta: «Si los catalanes tienen urnas, España tiene porras». ¿Y qué más? Y Guardia Civil, y grises con camisa ‘azul’, y fusiles, y metralletas, y leyes fascistas, y odio, mucho odio contra un pueblo pacífico y de un civismo admirable que el único crimen que ha cometido ha sido querer votar. ¡Votar!

Debería tener más sentido del ridículo intentando vincular a los presidentes Torra y Puigdemont con el terrorismo. ¿Tan desesperados están ustedes, tan desarmados intelectualmente, que deben recurrir a tal barbaridad? Daría risa, si no fuera tan grave. Ya han visto, sin embargo, que Europa no les compra barbaridades tan bajas. ¿Usted pretende acusarnos de terrorismo? ¿Usted? ¿Precisamente usted, que lidera el partido de la cal viva, el partido que gobernaba el Estado cuyas cloacas crearon una banda terrorista destinada a matar personas? Aquel partido es el suyo, señor Sánchez. Y si tuviera un ápice de dignidad democrática y humanística no militaria en él. Usted, sin embargo, no sólo milita, también ha glosado al siniestro personaje que comandaba el partido y el gobierno español por entonces, también conocido como el hombre ‘X’. Son crímenes de su Estado contra la humanidad.

Con toda la maldad, dice usted: «Que los independentistas dejen de engañar a la gente; sólo han traído dolor interno y externo, han fracturado la sociedad y han reducido la actividad económica de Cataluña», y acusa al president Torra de incitar a la violencia. ¿De qué violencia nos habla, señor Sánchez? ¿De cuál? Porque hasta ahora, la única violencia que ha habido y hay en Cataluña la practican ustedes. Nos han apaleado por votar y se dedican a amenazarnos con la ocupación de nuestras instituciones y restringir aún más nuestras libertades individuales y colectivas. La violencia es usted, señor Sánchez. Es usted quien causa dolor a gente completamente inocente. Suelte las garras de mi pueblo y póngase en contacto con David Cameron, un político que a su lado parece de extrema izquierda, para que le dé lecciones de democracia y de respeto por el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

El día 3 de octubre, desde Badajoz, usted hizo unas declaraciones fascistas. Netamente fascistas. Dijo: «Quien aplica el 155 es el independentismo catalán. Son ellos los que tienen la responsabilidad de no obligar al Estado a tener que aplicarlo». ¡Qué nivel, Dios mío! ¿Cómo se puede ser tan miserable y tan cínico? Todos los fascismos han usado este argumento. Lo utiliza Erdogan para triturar la disidencia, y lo utilizaban Franco, Pinochet, Videla, etc.: la culpa sería de quien pide libertad, porque obliga al Estado a estrangularlo todavía más. ¡Cuánta maldad! Es el mismo argumento de todos los maltratadores de mujeres: «Es ella, la culpable de que yo le pegue. Si fuera sumisa y me obedeciera no le pasaría nada».

No es tampoco el independentismo el que estrangula la economía de Cataluña, es España quien, expoliándola, estrangula la economía catalana. Creen que ahogándonos económicamente ahogarán la conciencia de nuestra identidad. Gran error. Ni usted, ni Vox, ni PP, ni Ciudadanos nos harán retroceder un milímetro, señor Sánchez. Y tampoco lo harán sus porras. Sabemos que tienen miles de porras -reales y metafóricas- en sus almacenes preparadas para abatirse sobre nosotros, pero son las porras de la derrota. El impotente no es quien recibe, sino el que pega. Y cuanto más pegan, cuanto más amenazan con la Ley de Seguridad Nacional y el 155, más diáfana es su derrota. Pegan, amenazan, ocupan, persiguen, mienten y encarcelan porque no pueden hacer nada más. Nada más. Es la vieja praxis del fascismo.

Somos una nación terca, ¿lo sabe, señor Sánchez? Una nación que es irreductible en su voluntad de ser. Somos la nación que tuvo el primer Parlamento de Europa, tenemos una cultura democrática ancestral y una actitud ante la vida que no debe condenar ninguna violencia por orden de nadie, y menos de España, porque es con nuestra radicalidad democrática y con nuestra cívica forma de ser como se hace patente qué somos, cómo somos y cómo pensamos. Contra las porras para oprimir, nosotros oponemos urnas para decidir. Las urnas que usted y su Estado quieren destruir.

EL MÓN