UPN vuelve a “invadir” la historia de Navarra

(PARA AMANTES DE LA HISTORIA)

De entrada, creo que es necesario aclarar una cuestión: el programa educativo al que Enrique Maya hace alusión en el artículo adjunto ha sido elaborado por la empresa que resultó adjudicataria tras un proceso de licitación en la que no participó este alcalde. Y este alcalde no ha tenido ningún control sobre ello. Y lo digo porque, tras leer lo que el concejal de UPN dice al respecto, nos puede quedar muy claro cómo funcionaba UPN cuando gobernaba, y qué tipo de control ejercían sobre los contenidos de sus publicaciones. Es decir que, queriendo denunciar al resto, se retratan a sí mismos.

También es reseñable, a otro nivel, que DIARIO DE NAVARRA, que el 18 de diciembre último “olvidó” informar sobre la rueda de prensa en la que se presentó el último libro de historia escrito por quien les habla, venga hoy a informar puntualmente (y con gran aparato además), de una rueda de prensa dada por UPN para criticar un libro con el que se me vincula, de forma arbitraria, a pesar de que ni soy autor de dicha obra, ni he participado en modo alguno en su redacción, ni lo he corregido ni supervisado ni nada por el estilo.

Cosas del código deontológico, sin duda…

Y, entrando ya en el contenido de la rueda de prensa, y toda vez que se hacen algunas consideraciones de tipo histórico absolutamente erróneas, les diré que lo realmente sorprendente es la ignorancia supina que UPN, por boca de los concejales Maya y García-Barberena, demuestra en algunas cuestiones esenciales de nuestra historia, como por ejemplo:

Que el pueblo vasco/vascón (del que participa Navarra y la propia Pamplona como ciudad principal), que efectivamente ha sufrido numerosas invasiones a lo largo de los siglos, se resistió frecuentemente a ellas, y fue consiguientemente combatido y oprimido. Dudar de ello a estas alturas es, como poco, pintoresco.

Que una de las invasiones sufridas fue, precisamente, la perpetrada por las legiones de Roma, que según todos los manuales de historia invadieron la Península Ibérica en 218 a.n.e., llegando con el tiempo a territorio vascón. Que se critique el hecho de que la entrada de sus legiones se califique como “invasora”, da una idea del nivel de despiste (o de pasión política) alcanzado.

Que aquellos vascos primitivos hablaban una forma primitiva de euskara, llamada por los lingüistas “protoeuskara”, y que tiene una linealidad clara con el idioma actual. Hay numerosos y muy interesantes estudios al respecto, que desde aquí no puedo sino recomendar (por ejemplo, los de Koldo Mitxelena).

Que afirmar que no hay constancia de que el euskara fuera la lengua de los primitivos vascos, en base a la carencia de documentos escritos en dicha lengua, es una simpleza, toda vez que es conocido que las primeras expresiones escritas realizadas íntegramente en euskara son muy posteriores. Las razones por las que las primeras expresiones escritas son en latín, y por las que posteriormente el latín fue sustituido por el romance en la administración y en los registros cultos, han sido ya suficientemente estudiadas y explicadas por numerosos especialistas. Sin duda alguna la concejala García-Barberena, puesta a ser audaz, podría haber afirmado, con el mismo nivel de rigor, que no está demostrado que los vascos hablasen entre sí antes de la llegada de los romanos.

Que al calificar la Guerra de la Navarrería de 1276 como un simple “conflicto de vecindad”, obvia de manera clara la jurisdicción a la que se adscribía cada uno de los burgos, particularmente los intereses del obispo en la Navarrería, y del rey en los burgos. Porque hoy en día está acreditado que dicha guerra era en realidad la expresión de la voluntad de una dinastía francesa (la de los Capétiens o Capetos) que quería gobernar en Navarra sin respetar los usos ni costumbres locales. De hecho, es preocupante que García-Barberena ignore y/o desconozca que el final de la guerra de la Navarrería se produjo por intervención directa del rey, que envió al gobernador Eustache de Beaumarchais con un ejército francés para apoyar a los burgos y en contra de la Navarrería. ¿Cómo justifica García-Barberena la presencia en Navarra durante aquellos días de tropas castellanas, aragonesas y francesas, en base a un “conflicto de vecindad”? Insisto, presentar la guerra de la Navarrería de 1276 como un mero conflicto de vecinos es de una simpleza realmente preocupante.

Que UPN y García-Barberena minimicen el papel de la monarquía española en la conquista de Navarra (1512-1530), con el argumento de que España no existía entonces como tal, es exculpatorio en la misma medida que tendencioso. De hecho, García-Barberena debería saber que, tras la muerte de Fernando el Católico en 1516, todo el resto del proceso de conquista (incluyendo la represión del alzamiento de 1516, la batalla de Noain en 1521 y la toma del castillo de Amaiur en 1522) fue llevado a cabo por su sucesor Carlos I, a quien estamos persuadidos de que García-Barberena e incluso Enrique Maya se habrán referido en más de una ocasión como Carlos I de ESPAÑA y V de Alemania. Por no citar las numerosas referencias de los tiempos de la propia conquista, como el libro del cronista Luis de Correa (soldado castellano a las órdenes del duque de Alba), que dice expresamente que los conquistadores daban vivas a España durante la guerra (en el asedio de Pamplona en 1512. Cfr. “Historia de la conquista del reino de Navarra por el duque de Alba”, Salamanca 1513).

Para terminar diré que, a estas alturas de la película, a uno ya no le extraña que Enrique Maya demuestre semejante ignorancia de la historia de Pamplona, ciudad de la que en su momento fue alcalde. Y en el caso de la concejala de UPN García-Barberena sorprende menos si se recuerda su vinculación personal con la empresa que llevó a cabo el expolio arqueológico de la plaza del Castillo, a iniciativa de UPN y antes de convertirse en concejala del propio UPN.